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Gloria Fuertes y su profesora de inglés: una historia de amor en dos idiomas
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Gloria Fuertes y su profesora de inglés: una historia de amor en dos idiomas

La escritora se ha convertido en un icono lésbico gracias a su amor por Phyllis Turnbull, su profesora, amiga y confidente durante quince años

Foto: Gloria Fuertes en un fotomontaje de Vanitatis.
Gloria Fuertes en un fotomontaje de Vanitatis.

Madrid, 1955. Una Gloria Fuertes de 38 años acude a la sede madrileña del Instituto Internacional. Como cada mañana, lleva aprendidos al dedillo sus ejercicios de inglés y biblioteconomía. En el ir y venir por los pasillos de la sede, se cruza una mujer desgarbada y extranjera. Su nombre es Phyllis Turnbull y su profesión, hispanista y profesora. Es ella la que va a dar clase a la joven a partir de ese día.

Como muchos antes que ella (de Washington Irving a Prosper Mérimée), Turnbull se ha enamorado de la cultura española e investiga con ojo clínico todo lo que tiene que ver con nuestro país. Gloria es una de sus alumnas más aplicadas. Entre profesora y discípula surge una sintonía que va más allá de cuadernos y verbos irregulares. Con el paso de los días, la joven escritora se acaba convirtiendo para Phyllis en ese pasaporte hacia las luces, las sombras y los significados de aquella España. Comienza entonces el primero (y el único conocido por los medios) amor de la escritora por otra mujer.

placeholder La poetisa Gloria Fuertes. (CC/Fundación Gloria Fuertes)
La poetisa Gloria Fuertes. (CC/Fundación Gloria Fuertes)

Mucho han cambiado las cosas desde que muriese Gloria Fuertes, un 27 de noviembre de hace veinte años. La celebración de su centenario en 2017 la reivindicó como un icono literario que iba mucho más allá de sus apariciones televisivas o las sobadas parodias de Martes y 13. Con el tiempo, también ha pasado a ser un icono lésbico gracias al descubrimiento mediático de ese amor por Phyllis Turnbull, profesora, amiga y confidente de Fuertes durante quince años. Aunque nunca reconoció en público su lesbianismo y sí que habló de algún novio (como aquel Manolo que se fue a la guerra al que le dedicó unos versos en su 'Carta de la eme'), sus amigos más cercanos conocían de sobra su amor por otra mujer.

Aquellos que han sabido leer entre líneas su obra han conocido la fuerza de aquella pasión. “Me nombraron patrona de los amores prohibidos”, escribió en uno de sus poemas. Phyllis significó para ella un soplo de aire fresco en un momento en el que era poco habitual ver a mujeres amantes en la España de Franco. Paradójicamente, el amor entre dos señoras era algo tan anodino para el régimen que hizo que estas pudiesen vivirlo con relativa facilidad en comparación con los gais. A nadie le extrañaba ver paseando a Gloria y a Phyllis de la mano, trabajar juntas o pasar largas temporadas la una con la otra.

placeholder Gloria Fuertes en una imagen de archivo. (EFE)
Gloria Fuertes en una imagen de archivo. (EFE)

Las dos eran, tal y como se decía en Hollywood, dos miembros más de ese 'club de la costura' con el que se definió a las amistades entre mujeres que llegaron a más; a aquellos amores prohibidos que pasaron desapercibidos para una sociedad ingenua y puritana. Gloria y Philys fundaron una biblioteca ambulante en un pueblo castellano y compartieron afición por la literatura infantil. Cada mañana, la escritora cogía su Vespa y entregaba un libro en manos de todo aquel que lo hubiese solicitado.

Pero la literatura ambulante no fue lo único que desarrollaron juntas. Gracias a Phyllis, Gloria Fuertes también descubrió la beca Fulbright, que la llevó a mudarse a Estados Unidos durante tres años. La experiencia en el extranjero fue, probablemente, la más feliz de su vida de ambas. A finales de los 60, Gloria volvió a la casa que ambas compartían en Soto del Real y a una España que cambiaba tímidamente.

Con el regreso a la patria también se produjo una ruptura. Sin embargo, Gloria y Phyllis nunca dejaron de estar en contacto. El tiempo que les quedaba juntas era bastante escueto, ya que la norteamericana falleció en 1971 a causa de un cáncer. El obituario del International Institute de Madrid todavía emociona tantos años después. “Era una profesora exigente que pedía a sus alumnas lo máximo. Y aún así, todas ellas sin excepción, tanto las bien preparadas como las que no, conservadoras o radicales, dotadas o torpes, la quisieron y la respetaron pues de manera inmediata se daban cuenta de que en ella no había un ápice de falsedad, arrogancia o vanidad”, aseguraban al hablar de Phyllis.

Si hubo alguien que sintió aquella muerte fue la propia Gloria Fuertes. Los que la conocieron aseguran que nunca se recuperó del todo de aquel golpe y que solo encontró consuelo en su contacto con los más pequeños. El día que le comunicaron la muerte de Phyllis fue aquel en el que, probablemente, aprendió la mejor lección de todas: “La vida es como una mierda de vaca de la que tenemos que hacer un pastel de manzana”.

Madrid, 1955. Una Gloria Fuertes de 38 años acude a la sede madrileña del Instituto Internacional. Como cada mañana, lleva aprendidos al dedillo sus ejercicios de inglés y biblioteconomía. En el ir y venir por los pasillos de la sede, se cruza una mujer desgarbada y extranjera. Su nombre es Phyllis Turnbull y su profesión, hispanista y profesora. Es ella la que va a dar clase a la joven a partir de ese día.

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