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El caso de Lucía Bosé y el Picasso: dos misterios, un vidente y una espantada
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TRIBUNALES

El caso de Lucía Bosé y el Picasso: dos misterios, un vidente y una espantada

El juicio contra Lucía Bosé por apropiación indebida arrojó más sombras que luces, como la presunta existencia de una segunda obra del pintor propiedad de la Tata que la familia vendió en los 60

Foto: Lucía Bosé, en la Audiencia Provincial de Madrid. (EFE)
Lucía Bosé, en la Audiencia Provincial de Madrid. (EFE)

Si de algo sirvió la vista oral celebrada ayer en la Audiencia Provincial de Madrid fue para no despejar demasiadas dudas sobre el caso de presunta apropiación indebida del que se acusa a Lucía Bosé. La actriz italiana estuvo más Bosé que nunca, irreverente, burlona, a ratos cómica, sabiéndose protagonista de una tragicomedia que nadie sabe exactamente cómo va a acabar. Si lo hace como pide la Fiscalía, con dos años de cárcel. Si como pide la defensa, con la libre absolución.

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En realidad, todo se remonta a una escena ocurrida en 1963, que Lucía Bosé ya relató en su biografía 'Lucía Bosé. Diva divina' (Planeta Singular): "Un verano fuimos desde Bilbao, donde Dominguín había sufrido una cogida, a Cannes a casa de los Picasso con los niños. Nosotros, al cabo de dos semanas, teníamos que estar en Hispanoamérica donde Dominguín toreaba de nuevo. Los niños con la Tata permanecerían allí con ellos un par de meses hasta nuestro regreso". Aquellos dos meses que pasaron los niños y Remedios, su niñera, en casa de los Picasso, propiciaron entre todos una relación entrañable. El pintor estableció con Remedios, la Tata, una relación de afecto y respeto que se plasmaría más tarde en un tierno dibujito en el que la representaba con varias piernas y dos pescados en cada mano: 'La Chumbera'.

"El día que fui a recoger a mis hijos a Cannes -explicó Lucía en la sala-, Picasso nos regaló algo a todos. A mí me dio una litografía, a la Tata aquel dibujito. A ella no le gustó nada, ni lo tocó. 'Pero Pablo, ¿de verdad me ve usted así?', le dijo. Él se reía. El dibujito tenía muchas piernas porque la Tata tenía las piernas elefantiásicas. Como no le gustó, me dijo 'quédeselo usted".

placeholder Lucía Bosé, a su llegada a la Audiencia acompañada por dos amigos. (Cordon Press)
Lucía Bosé, a su llegada a la Audiencia acompañada por dos amigos. (Cordon Press)

Aquel dibujo entró a formar parte de la colección familiar. La casa de Somosaguas, el domicilio familiar de los Dominguín Bosé, estaba llena de objetos del genial pintor malagueño, dibujos, cerámicas, grabados... Todos regalos íntimos del artista malagueño a la actriz italiana y la familia del torero Luis Miguel Dominguín. Durante un tiempo se expusieron en museos y galerías de medio mundo, pero cuando Lucia Bosé necesitó liquidez para sufragar el Museo de los Ángeles, decidió subastar el lote, de unas cuarenta piezas, en Christie's, en 2008. 'La Chumbera' alcanzó un valor de 157.250 libras esterlinas (198.607 euros).

La misma cantidad que ahora le reclaman por vía judicial dos sobrinas de Remedios a Lucía Bosé. Porque, según su versión, su tía tuvo siempre muy presente que aquel dibujo era suyo y estaba orgullosa de ello. "Lo llevaba a gala en el pueblo", explicaron en la vista. Y no solo aquella obra. Según las sobrinas de Remedios, las demandantes y herederas de la Tata, no es la única obra que Picasso le hizo a su tía. Hablan también de un cañamazo (una tela para bordar) que el genial pintor andaluz le dibujó a Reme y que se llamaba 'La Churrera'. La obra se perdió, según su versión, cuando Lucía Bosé y Luis Miguel Dominguín se separaron. "La familia pasó entonces por dificultades económicas y mi tía se lo dio para que lo vendieran y pudieran sacar algún dinero".

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Lo cierto es que la versión que dio ayer Lucía Bosé de cómo le regaló el dibujito Picasso no es la misma que hasta ahora se había deslizado desde la familia en diversos círculos. Lo contó una de las testigos, comisaria de una exposición que tuvo lugar en el Museo de Cáceres en 1998 con la colección de los Dominguín Bosé. "A mí me dijo Miguel Bosé que aquella obra se la había regalado Reme a él, a su niño, cuando era pequeño". La relación de la tata Reme con Miguel Bosé era especial. Cuando le operaron de amigdalitis, Lucía Bosé estaba rodando una película en Italia y allí estuvo la Tata. Remedios se ocupaba del día a día de los niños, de sus enfermedades, de sus actividades escolares, de llevarlos "más derechos que una vela" mientras su madre, Lucía, se ganaba la vida trabajando como actriz. Tras el divorcio de Luis Miguel Dominguín, le quedó una pensión de 30.000 pesetas (10.000 por niño) pero nada para ella. "Tenía que mantenerme a mí, a Somosaguas y a mi familia". Remedios era la madre y Lucía, el padre.

placeholder Remedios, una de las demandantes y sobrina de la Tata Reme. (EFE)
Remedios, una de las demandantes y sobrina de la Tata Reme. (EFE)

Ante la tesitura de resolver el entuerto de las dos versiones, Miguel Bosé decidió no testificar y dar la 'espantada'. Desde México, donde reside, y por videoconferencia, explicó con esa voz trémula a la que últimamente nos tiene acostumbrados que se acogía a este derecho que está previsto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal. El testigo puede negarse a declarar cuando tienen relación de parentesco en línea directa ascendente o descendente. Nos quedamos sin conocer su versión.

Las sobrinas de Remedios (una de ellas, Pilar, trabajó también para los Bosé durante diez años) relataron todas las veces que habían intentado reclamar el cuadro infructuosamente a la familia. Describieron incluso un rocambolesco encuentro que tuvo lugar en un centro comercial de Pozuelo de Alarcón y al que, siempre según ellas, Lucía Bosé se presentó con una vidente. Ninguno de los letrados quiso profundizar en ello. Hubiera sido fascinante.

La tía Leo

Como lo hubiera sido también que la presidenta del tribunal hubiera permitido a la acusación ahondar en el pintoresco mundo de la relación familiar que mantienen las sobrinas de Remedios con el resto de la familia. Algo pudo perfilar Felipe, el tercer hermano, que acudió en calidad de testigo de la defensa y que no mantiene relación "desde hace años" con sus hermanas. "Estamos muy agradecidos a los Bosé, nos han buscado trabajo, nos han ayudado familiarmente, les debemos todo".

Según su versión, cuando falleció la Tata, legó todas sus pertenencias a una de sus hermanas, también soltera y también sirvienta de toda la vida, Leocadia. "La tía Leo y la tía Reme tenían sus rencillas, Reme presumía del Picasso y Leo de otras cosas", narró el testigo. Cuando Leocadia falleció fue cuando sus bienes y los de su hermana fueron heredados por sus sobrinas, que iniciaron la reclamación que ahora nos ocupa. Un dato: en ninguno de los dos testamentos, ni en el de Reme ni en el de Leo, se hace mención a ningún dibujo de Picasso.

placeholder Miguel Bosé, en el reciente concierto por Venezuela. (EFE)
Miguel Bosé, en el reciente concierto por Venezuela. (EFE)

De todo lo escuchado a lo largo del día, sin embargo, lo que cosechó los mayores aspavientos por parte de Lucía Bosé fue la descripción de cómo era la relación de la Tata con sus sobrinas. "Íbamos muchísimo a Somosaguas, nos bañábamos en la piscina, teníamos una relación con mi tía que nos lo contábamos todo. Y a Lucía la he peinado también", dijo una de ellas, Manoli. Pilar fue algo más concreta. La despidieron "de un día para otro y Miguel ni siquiera dio la cara, fue su abogado". Para entonces, ya habían comenzado a reclamar 'La Chumbera' a la familia.

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Habrá que esperar unas semanas para conocer la decisión del tribunal y si Lucía Bosé es condenada finalmente por apropiación indebida. Ayer, la legendaria actriz italiana bramaba en su declamación final: "Aquí no se han dicho nada más que mentiras. La Tata ni tocó aquel cuadro, es injusto. ¿Soy yo ahora una ladrona? Y la familia nunca se ocupó de ella. Fue Miguel (Bosé) quien le pagó el entierro y lo organizó. Las sobrinas ni siquiera estuvieron. Son todo mentiras".

El dibujo, allá donde esté (¿sabrá su dueño actual la que está organizada al respecto de este cuadro?), sigue manteniendo en una esquina una pequeña inscripción seguida de la firma del pintor Pablo Ruiz Picasso: "Para Reme". La Fiscalía reconoció ayer que esa frasecita es la prueba documental en la que se sustenta todo el caso. Nunca una preposición fue tan importante.

Si de algo sirvió la vista oral celebrada ayer en la Audiencia Provincial de Madrid fue para no despejar demasiadas dudas sobre el caso de presunta apropiación indebida del que se acusa a Lucía Bosé. La actriz italiana estuvo más Bosé que nunca, irreverente, burlona, a ratos cómica, sabiéndose protagonista de una tragicomedia que nadie sabe exactamente cómo va a acabar. Si lo hace como pide la Fiscalía, con dos años de cárcel. Si como pide la defensa, con la libre absolución.

Miguel Bosé