Kiko Rivera y el trampantojo
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TRIBUNA

Kiko Rivera y el trampantojo

No sé si por trampa o por pantojo, pero empiezo a pensar que madre e hijo nos están haciendo ver algo que en realidad no existe

placeholder Foto: Kiko Rivera. (Mediaset)
Kiko Rivera. (Mediaset)

Hay que distanciarse. Lo dice todo el mundo ahora. Kiko y la madre que le parió parecen tenerlo claro. Han puesto kilómetros de declaraciones entre ellos y tremendos muros de reproches espinosos de por medio. No parece en el corto y medio plazo que vayan a acabar pegándose el virus. Me empiezo a conformar, como espectador atónito y sensible que me considero, con que directamente no acaben pegándose físicamente en cualquier ring de los que monta en el prime time Telecinco, pero advierto que tampoco me extrañaría.

Foto: Isabel Pantoja. (EFE)

Yo también trato de distanciarme. Sobre todo del fondo del asunto pero también de las formas. Del fondo del asunto resulta difícil huir. Es implacable en su persecución. Cualquier día es titular principal en un telediario y cuadrará el círculo de la omnipresencia mediática. O trascenderá al mundo legislativo y al debate jurídico nacional, y ahí sí que no me libro, cuando acometan en el Congreso la reforma del Titulo III del Código Civil añadiendo alguna mención expresa alusiva al tema en el capítulo primero, sección primera, artículo 662. Artículo que dice textualmente, me da la risa, “pueden heredar todos aquellos a los que la ley no se lo prohíbe expresamente” y me imagino a Pablo Iglesias justificando la inclusión de la coletilla (no es referencia taurina despectiva hacia el hijo fofisano de un torero) “excepto Kiko Rivera”. O quizá “incluido Kiko Rivera”, que no conozco la posición personal del ministro en la pelea. Veo tal preocupación popular por el tema que entendería que un Ministerio de Derechos Sociales dedicara parte de sus esfuerzos a zanjar tan social asunto. Igual Pablo, que prefiere que la gente toree policías en vez de toros, decide expropiar Cantora y muerto el perro nos entra a todos la rabia de seguir acercándonos a la plena madurez. Por Maduro me refiero.

placeholder Isabel Pantoja, visitando a Kiko Rivera en 'GH Dúo'. (Telecinco)
Isabel Pantoja, visitando a Kiko Rivera en 'GH Dúo'. (Telecinco)

No está bonito

Luego está lo de las formas. Hablarle a tu madre a través de un periodista, no es nuevo entre ellos, está feo. Los periodistas del corazón, expertos en ‘cardioantipatías’, son como los malos micrófonos: distorsionan. Luego está meter en esto a tu padre, ¡con un tuit! “hasta el final papá” parece que le ha escrito en Twitter. Está feo. Pobre padre que en paz estará descansando solo si no hay redes sociales ni Atresmedia en el cielo. También, sin pretenderlo, he visto fotos del posible heredero con variopintas indumentarias y, objetivamente, también está feo. Todo muy feo la verdad. Treinta y seis años que hace del fatídico origen del problema y el kiosko de mi barrio, menos por una revista de coches que creo que era del mes pasado, parecía íntegro un álbum de fotos de la familia Rivera-Pantoja y la pared de un baño de un colegio convertido en códice recopilatorio de frases por las que le darías un guantazo a un niño antes de preguntarle por qué le has dicho eso a tu madre.

Me distancio y trato de ver el tema con perspectiva. En España el problema de la herencia nos gusta. Digo esto después de acreditar que no nos gusta evitarlo. Apenas el 15% de la gente hace testamento en vida. Tendríamos que hacerlo todos a tiempo, resolvería gran parte de los asaltos a los que se abocan generalmente los interesados, nunca mejor definidos. Pero a los latinos medio árabes y resto de combinaciones genéticas varias que somos no nos gusta enfrentarnos a las decisiones que mezclan monedas y sentimientos. Pagar por querer o querer por cobrar, solo contados días al año y fuera de casa. Preferimos que los nuestros se maten a titulares, si eres famoso, a querellas, si tienes posibles, o a escopetazos si el problema viene de más de una generación de testadores. La pelea de tu propia familia a cuenta de tus ahorros parece un precio asequible, si lo vives desde la tumba, a cambio de no enfrentarte a escribir un ranking de cariño que pueda dejar infeliz a alguien de tu entorno.

placeholder Jorge Javier Vázquez, Isabel Pantoja y Kiko Rivera, en las Campanadas de 2011. (Telecinco)
Jorge Javier Vázquez, Isabel Pantoja y Kiko Rivera, en las Campanadas de 2011. (Telecinco)

Por trampa o por pantojo

Así que en el fondo no me sorprende la pelea. Extemporánea sí, pero esperada también. Sus hermanos llevan reclamando lo mismo muchos años, más por el valor sentimental y el sentido de la justicia que por un dinero que hoy no es tanto y que tampoco necesitan. Pero lo que sí me sorprende es el eco, el espacio, la cobertura y la preocupación de tantos medios de comunicación. Me tiene loco. Tanto que dándole distancia a la escena, alejándome un poquito, hasta me parece ver el trampantojo. No sé si por trampa o por pantojo, pero empiezo a pensar que madre e hijo nos están haciendo ver algo que en realidad no existe. Pudiera estar la pelea meditada, guionizada y pactada, y lo que parece el fin de uno de los principios básicos de la naturaleza, el amor maternal, sea en realidad un drama teatral perfectamente orquestado, sustancioso y que demuestra día tras día llenar las miniplateas de tanta casa confinada. Pudiera ser, porque ya me explicarán cómo se pasa en tres meses de rozar el complejo de Edipo en público a esto. Desde luego, si persiguen un efecto óptico jugando con la perspectiva, las sombras y otros efectos de fingimiento lo están bordando. ¿Me daría la razón una reconciliación de audiencia multitudinaria antes de Navidad? Desde luego que antes de ver, porque me temo que lo vería, qué tal interpretan los llantos, preferiría que se metiera Pablo Iglesias con lo del cambio del código civil. Igual dejaba de hacer otras cosas. De nada, autónomos.

Kiko Rivera
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