Los números rojos de la inmobiliaria de los García Obregón en un año aciago
  1. Famosos
EMPRESAS

Los números rojos de la inmobiliaria de los García Obregón en un año aciago

La compañía familiar, Niesa, acaba de actualizar cuentas y declara unos resultados negativos de cerca de dos millones y medio de euros. En verano de 2019 consiguieron salir del concurso de acreedores

Foto: Celia y Ana García Obregón, en el funeral por Álex Lequio. (Cordon Press)
Celia y Ana García Obregón, en el funeral por Álex Lequio. (Cordon Press)

Aunque ahora la edad le tenga apartado de los negocios y de la vida pública, Antonio García, conocido popularmente por ser el padre de Ana García Obregón, fue uno de los promotores inmobiliarios con más éxito en la España de los 70 en adelante. Hecho a sí mismo, salió adelante en el Madrid de posguerra siendo apenas un niño. Con 13 años entró a trabajar en una tienda, barriendo, fregando y llevando la cesta de los pedidos a los clientes. Mientras, por la noche, estudiaba. "Fui el número uno de delineantes. Después ingresé en aparejadores y me hice aparejador y arquitecto técnico. Tuve también el número uno en la carrera: todo esto trabajando al mismo tiempo", explicaba en una entrevista concedida al diario 'ABC' en los 80.

Siendo veinteañero se casó con la hija única de Juan Obregón Toledo, un acaudalado empresario que puso el 50% de la financiación para fundar Jotsa, su primera inmobiliaria. Se trataba de una empresa familiar, que en poco tiempo se hizo importante en el mercado. Pero el gran pelotazo llegó con La Moraleja.

A mediados del siglo XX, La Moraleja era una finca privada de 1.150 hectáreas propiedad de José Luis de Ussía y Cubas, conde de los Gaitanes y leal amigo de don Juan de Borbón. Los terrenos habían sido en tiempos coto de caza del rey Carlos III, también a Franco le gustaba visitar la zona para cazar. "En 1969, mi amigo, el conde de los Gaitanes, que en paz esté, me concedió una opción de compra de las acciones (95%) de Niesa, propietaria de los terrenos de lo que hoy es La Moraleja. Opción que, por su elevado coste, opté por asumir en nombre de la sociedad Prosa con la compañía belga Tractebel y la española Vías y Construcciones. La operación rondó los 700 millones de pesetas (unos 4,2 millones de euros). Teníamos muy claro que era la ubicación perfecta porque el desarrollo de la capital miraría al norte", contó el constructor en la prensa.

El éxito fue absoluto, se hicieron de oro. Vendieron parcelas de 10.000, 2.500 -la mayor parte- y 1.500 metros cuadrados. "Se vendían en el momento". Antonio reservó una parcela para él y su familia, donde construyó varias casas para tener cerca a sus cinco hijos: Ana, Celia, Amalia, Javier y Juan Antonio. Hoy todos ellos siguen en el negocio familiar que, como todas las inmobiliarias, han sufrido los vaivenes de la crisis económica. En su caso, de una forma especialmente virulenta.

La sacudida se llevó por delante primero a Jotsa y luego a buena parte de las empresas familiares (también a 'Las tres hermanas en la playa', de Joaquín Sorolla, que tuvieron que subastar en 2015 por problemas económicos). Ahora el entramado empresarial de la familia se ha reducido a dos empresas cuyo ámbito de actuación es el sector inmobiliario. Ambas acaban de actualizar sus cuentas y los datos no son muy halagüeños.

Un 10% cada hermano

La primera, Promotorados SA, cuenta con un activo declarado de cerca de cinco millones y medio de euros, pero en el último ejercicio, 2019, declara pérdidas por valor de un millón de euros. A través de esta empresa tienen arrendados una serie de inmuebles, como naves industriales y plazas de garaje, en Madrid y en Baleares. La presidenta de esta empresa es Celia García Obregón, y como una empresa familiar al uso, en el consejo se sientan otros tres hermanos: Juan Antonio, Javier y Amalia. Ana García Obregón está desvinculada de la gestión de las empresas familiares, aunque tiene un 10% del accionariado, como el resto de sus hermanos. Sus padres conservan el otro 50%.

La segunda y más relevante empresa familiar es la 'vieja' conocida Niesa Nueva Inmobiliaria SA, que ha pasado por varias vicisitudes en los últimos años, incluida una suspensión de pagos voluntaria en 2016 que tuvo su final feliz el 13 de junio de 2019, cuando el Juzgado de lo Mercantil número 6 de Madrid declaró concluido el procedimiento concursal y archivó las actuaciones. La compañía logró que el 100% de sus acreedores se acogiera a su propuesta de pago: el 50% se abonaba mediante un pago único y el 50% restante, mediante quita.

Ventas

Todo este procedimiento ha lastrado las cuentas de Niesa, que si en el año 2017 declaraba unas ventas superiores a los 13 millones de euros, en los últimos datos facilitados al Registro Mercantil no declara más de 6.000 euros por el mismo concepto. La inmobiliaria pierde casi dos millones y medio de euros, pero tiene fe en que este sea la última huella de los años aciagos y en el futuro pueda levantar el vuelo.

Para generar los recursos económicos necesarios para seguir en funcionamiento, Niesa se ha deshecho de varios activos desde 2017, reduciendo su patrimonio. A modo de ejemplo, en 2018 vendieron un chalé en Madrid por 425.000 euros, y en febrero de 2019 otro de similar precio. También en 2018 vendieron once parcelas en San Agustín de Guadalix por 1.400.000 euros, pudiendo con ello cancelar un préstamo hipotecario asociado. Siguen teniendo otros intereses inmobiliarios en El Molar o Guadalix de la Sierra. A pesar de esto, en 2019 se vieron obligados a despedir a cuatro trabajadores con los que tuvieron que negociar.

Ana Obregón