Veinte años sin Antonio Asensio, el padre de las revistas 'Interviú' y 'Tiempo'
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Veinte años sin Antonio Asensio, el padre de las revistas 'Interviú' y 'Tiempo'

Han pasado veinte años y todos los que en algún momento trabajaron para él o tuvieron un contacto personal con Asensio lo siguen recordando con cariño

Foto: Antonio Asensio. (Cordon Press)
Antonio Asensio. (Cordon Press)

Antonio Asensio fallecía el 20 de abril de 2001 a los 54 años. Se quedó huérfano a los 19 años y heredó un taller de revelado de fotos y una imprenta de la que salió lo que sería el embrión del Grupo Zeta. Un conglomerado de revistas y periódicos a los que se uniría con el tiempo Antena 3. En 1976, en pleno proceso de transición de la dictadura a la democracia y con 500.000 pesetas, sacó adelante 'Interviú', el buque insignia de la empresa que llegó a vender semanalmente un millón de ejemplares. Ese primer número mágico con el desnudo en portada y fotos en el interior de Marisol. Una exclusiva que marcó el inicio de lo que sería una manera distinta de presentar un semanario donde se ofrecía información general, desnudos de grandes estrellas nacionales e internacionales, sucesos y reportajes de denuncia e investigación cuyo contenido llegó a formar parte del orden del día en el Congreso de los Diputados.

A 'Interviú' le siguieron 'Tiempo', 'El Periódico de Cataluña', 'Viajar', 'Dinero', 'Panorama', 'Conocer', 'Penthouse', revistas infantiles y la creación de Ediciones B. Esta editorial abrió la puerta a escritores noveles que sin ese soporte nunca habrían llegado a recibir muchos años después premios y reconocimientos públicos. Una diversificación de negocio siempre centrado en la comunicación.

Un hombre hecho a sí mismo, como recordaba en esta fecha de aniversario su hija Ingrid, la mayor de los tres que tuvo con Chantal Mosbah. Después llegaría una cuarta hija, a la que adoptaron en China. Una vida que se truncó cuando aún le quedaba mucho por hacer. Tuvo la inteligencia y el acierto de dejar los medios de su propiedad en manos de profesionales y no de “hombres de gris”. Supervisaba las portadas, los temas con más repercusión y nunca se dejó avasallar por el poder político y sobre todo económico que, en más de una ocasión, le pidieron la cabeza de un director.

Los periodistas que trabajaron en el grupo le recuerdan llegando a la sede de la calle Potosí en Madrid para una reunión con un maletín del que sacaba bolígrafos, lápices y una regla para medir los titulares. Si había cierre, bajaba a la redacción y junto con los maquetadores cambiaba el cuerpo de letra. Si hacía falta, se ponía con la planilla, un cuentahílos (una lupa) para ver las diapositivas en la mesa de luces.

Hay unanimidad de los empleados que durante años pasaron por algunas de las revistas de Zeta: “Era la empresa que mejor pagaba, que más libertad daba a la hora de ejecutar la información y donde se valoraba a los profesionales. Antonio Asensio dio la posibilidad a varias generaciones de periodistas de desarrollar su trabajo con todos los medios económicos disponibles”.

El recuerdo de su hija y su esposa

Con el paso de los años, y en esta fecha tan señalada, Ingrid explica cómo era el empresario en su faceta más desconocida: “Mi padre fue un visionario. Era capaz de imaginar lo que iba a funcionar y ejecutaba ese sueño. Si no hubiera fallecido, habría apostado por el mundo digital para sus medios”.

Al ser la mayor fue también la que compartía más tiempo de ocio: “Le encantaba el fútbol y el Barça era su equipo. Salvo por alguna cuestión irremplazable nunca se perdió un partido. Le acompañaba al Camp Nou y también a las carreras de galgos. Me compró mi primera moto y cuando estábamos en Llavaneras nos íbamos cada uno en la suya a desayunar y después vuelta a casa. Mi padre era muy familiar y siempre estuvo pendiente de todos. De nosotros, de la yaya, de sus hermanas, de los sobrinos. Una gran familia con un capitán que se fue muy pronto. No hay día que no me acuerde de él”.

Su mujer, Chantal, ratifica estas palabras de su hija: “Lo tengo presente a todas horas. Han pasado veinte años y sigo tan enamorada como cuando nos conocimos. Nos casamos cuando yo tenía 19 años y fui la mujer más afortunada del mundo. Mimada y cuidada durante todo el tiempo que duró nuestro matrimonio. Lo echo de menos cada día de mi vida. Fue un gran padre, un gran marido y una persona única que siempre cuidó a su familia y a la gente que trabajaba con él. Daba igual que fuera un alto directivo que el chófer”.

Unas palabras que también suscribe Ingrid, casada con Fernando, el hijo del que fuera presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, e íntimo amigo de su padre. “Estaba encantado con nuestra boda. Aún lo recuerdo emocionado cuando me llevó al altar. Aunque yo tenía 23 años no le sorprendió porque decía que éramos muy maduros para nuestra edad. La verdad es que no recuerdo que fuera un padre de regañinas y eso que los dos teníamos un carácter muy parecido. Creo que lo único que no le gustó fue cuando a los 17 años le dije que quería ser actriz. Como sabía que no era nada serio, dejó pasar el tiempo y se me quitó de la cabeza esa idea. Tontadas de adolescente”.

Uno de los recuerdos que Ingrid guarda de su padre es una cadena de oro con la letra zeta y un trozo de madera que Asensio llevaba siempre encima en forma de colgante. “Mi padre era muy supersticioso y este ‘tocamadera’ era su amuleto. No firmaba un contrato si no lo rozaba antes. Y cuando había algo que no le gustaba o que no tenía claro o estaba indeciso, lo veías tocando la maderita”.

María Antonia Rudilla, su sobrina, que trabajó durante años en el Grupo Zeta, tiene también anécdotas de su tío y destaca ante todo su faceta familiar: “En verano nos veíamos en Marbella. Él iba solo quince días en el mes de agosto y esas fechas eran sagradas. Jugaba al tenis con Manolo Santana, nos reunía en su casa a los hijos, sobrinos, a mis padres. Nos enseñó que ante las dificultades había que mirar hacia adelante. En una ocasión, estábamos en Marbella y mi hijo se rompió un brazo y él tenía el vuelo en su avión privado. Lo que hizo fue retrasar la salida hasta que todo estuvo en orden. Era muy generoso. Recuerdo que cuando salió la revista, Julio Iglesias fue el padrino y mandó unas cajas de champán. Nunca bebió alcohol, solo Pepsi-Cola para desayunar. Y dijo: 'Venga, el champán para la redacción'. Y nos lo bebimos nosotros”.

Han pasado veinte años y todos los que en algún momento trabajaron para él o tuvieron un contacto personal con Asensio le siguen recordando con cariño. Levantó un imperio a golpe de intuición, trabajo e inteligencia.

Antena 3 Marbella