De amigos de veraneo a crear un imperio: la Font del Gat, nueva apuesta de La Confitería
Enric Rebordosa y Manuel Baldovinos se conocen de pequeños. Crearon un grupo 'barístico' que recupera espacios históricos. Son los responsables del mejor bar del mundo
Una perspectiva de la coctelería Monk, un local escondido tras un colmado. (Vanitatis) Confitería)
Una pareja de amigos, de esos que se forjan en los veranos, a base de caídas en bicicleta y confidencias sobre el primer amor. Y de ahí, a crear un 'imperio barístico', sin inversores detrás ni campañas de marketing millonarias.
Enric Rebordosa y Manuel (Lito) Baldovinos son los nombres tras el Grup Confitería, quienes han convertido su amistad de verano en uno de los proyectos gastronómicos más sólidos, rentables y cool de Europa.
Y lo han hecho como hacen las cosas quienes saben: con criterio, con estética y sin hacer ruido. Todo muy a la catalana. Ahora, mientras algunos aún intentan colarse por la nevera de un bar en El Born para entrar en Paradiso -nombrado mejor bar del mundo en 2022, mención digna para quienes lo han (hemos) probado-, ellos ya están a otra cosa.
Su nueva creación es otro clásico, como lo fue La Confitería que da nombre al grupo empresarial. Se trata de La Font del Gat, una joya arquitectónica de 1925 firmada por Puig i Cadafalch, situada en pleno Montjuïc. Cerrado desde 2020, el merendero más emblemático de Barcelona reabre bajo su gestión, y lo hace para recuperar el esplendor de antaño.
Visión
Algo tienen Baldovinos y Rebordosa: visión. Una visión que entiende el espíritu barcelonés, ese que desaparece a golpe de turista de crucero y de imposición ultraindependentista. Barcelona es lo emocional y lo estético, y eso también da beneficios.
En 2014 decidieron recuperar La Confitería, como decíamos, un local modernista fundado en 1912 en el Raval, que se había convertido en refugio de aquellos que solo buscan baños en los bares y no buena bebida… y ellos lo transformaron en una coctelería que respeta el pasado con actualidad y firma propia. Fue su primer paso, y también su manifiesto: esta ciudad tiene historia, y ellos vienen a restaurarla sin convertirla en un parque temático.
Más de 25 locales
Desde entonces han abierto más de 25 locales, algunos rescatados del olvido, otros creados desde cero, como Focacha, que llegó a una calle Tuset poblada de jóvenes juerguistas para devolverle ese toque que tuvo en los olvidados años de la Gauche Divine. Y por supuesto, Paradiso, el citado bar camuflado tras una nevera de pastrami que les dio fama mundial y revolucionó la coctelería.
No vienen del mundo de la restauración ni de grandes familias hosteleras. Enric Rebordosa trabajó de bartender en Londres, aprendiendo los códigos del oficio en sitios como Eclipse o Be At One. Baldovinos, más centrado en la gestión y el día a día, ha sido el arquitecto silencioso de esta expansión. No tienen socios capitalistas ni rondas de inversión. Tienen una facturación que supera los 22 millones de euros y más de 300 empleados que, según ellos, se sienten parte del proyecto.
Su filosofía es sencilla: restaurar lo que merece ser vivido y dotarlo de experiencia. Si no hay historia, la inventan. Si hay historia, la honran. Por eso no es raro que hayan sido los únicos en presentarse al concurso público para gestionar La Font del Gat. Y por eso han conseguido una concesión de diez años, prorrogable. Van donde otros no miran. Y ven oro donde otros ven ruinas.
Una pareja de amigos, de esos que se forjan en los veranos, a base de caídas en bicicleta y confidencias sobre el primer amor. Y de ahí, a crear un 'imperio barístico', sin inversores detrás ni campañas de marketing millonarias.