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Muere Ángela de Solís-Beaumont, duquesa de Osuna: la mujer que custodió uno de los grandes linajes de España
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UNA VIDA INTENSA

Muere Ángela de Solís-Beaumont, duquesa de Osuna: la mujer que custodió uno de los grandes linajes de España

Ángela de Solís-Beaumont, XVII duquesa de Osuna, fallece dejando atrás una vida marcada por el peso de un linaje centenario, la discreción de quien custodió una herencia histórica y la personalidad de una mujer que hizo de la libertad su forma de vivir

Foto: A la izquierda, Ángela de Solís-Beaumont, duquesa de Osuna junto a un grupo de amigas
A la izquierda, Ángela de Solís-Beaumont, duquesa de Osuna junto a un grupo de amigas

Ángela de Solís-Beaumont y Téllez-Girón nunca necesitó hacer ostentación de su linaje para recordar quién era. Había nacido en el seno de una de las familias más ilustres de la aristocracia española y, cuando el destino la situó al frente de la histórica Casa de Osuna, asumió el peso de siglos de historia con la misma discreción con la que siempre condujo su vida.

Fallecida en la madrugada de ayer, a los 76 años como ha adelantado LOC. Fue despedida en el en la más estricta intimidad en el tanatorio de San Isidro donde se instaló la capilla ardiente un final acorde con el carácter reservado de una mujer que, pese a despertar durante décadas el interés de la prensa del corazón, siempre procuró que el foco permaneciera lejos de ella. Su historia comenzó mucho antes de convertirse en duquesa.

Era hija de Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, XVI duquesa de Osuna, una de las grandes damas de la nobleza española y heredera de un patrimonio histórico que hunde sus raíces en algunos de los linajes más influyentes del país. Por vía materna convergían las casas de Osuna, Benavente, Gandía, Arcos, Béjar o Ureña; por la paterna, la de los marqueses de Valencina, a través de Pedro de Solís-Beaumont y Lasso de la Vega. Nacer en aquella familia no significaba únicamente recibir un apellido ilustre, sino convertirse en depositaria de una memoria que atraviesa varios siglos de la historia de España.

Heredera del legado

Ese legado recayó definitivamente sobre sus hombros en 2015, tras el fallecimiento de su madre. Con la sucesión se convirtió en la XVII duquesa de Osuna y pasó a encabezar una de las casas nobiliarias más importantes del país. A los pocos meses comenzaron a publicarse en el BOE las correspondientes Reales Cartas de Sucesión, mediante las que asumió títulos tan emblemáticos como el ducado de Osuna, el condado-duque de Benavente, los marquesados de Jabalquinto, Lombay, Berlanga y Toral, además de los condados de Pinto, Alcaudete y La Puebla de Montalbán, entre otros. Más que una suma de dignidades nobiliarias, aquella herencia suponía custodiar buena parte del legado histórico de una familia cuya influencia política, social y cultural marcó distintas etapas de la monarquía española.

Pero detrás de la duquesa existía también una mujer de personalidad intensa, independiente y ajena a los convencionalismos. Su vida sentimental ocupó titulares en distintas etapas. En 1973 contrajo matrimonio con Álvaro María de Ulloa y Suelves, XI marqués de Castro Serna y conde de Adanero, en uno de los enlaces más destacados de la aristocracia de la época. De aquella unión nacieron sus dos únicas hijas, Ángela María y María Cristina, llamadas a garantizar la continuidad de la Casa de Osuna.Tras la ruptura de ese matrimonio volvió a casarse con José Antonio Muñiz Beltrán. Fue una unión tan breve como comentada en los círculos sociales del momento y terminó apenas iniciada la vida en común, poco después de la luna de miel. Años más tarde encontró de nuevo estabilidad junto a Pedro Romero de Solís, con quien contrajo matrimonio en 1994 y compartió buena parte de sus últimos años.

placeholder Ángela María Téllez-Girón, madre de Ángela de Solís Beaumont y Téllez-Girón, junto a sus nietas. (Redes sociales)
Ángela María Téllez-Girón, madre de Ángela de Solís Beaumont y Téllez-Girón, junto a sus nietas. (Redes sociales)

Si algo preocupó siempre a Ángela de Solís-Beaumont fue asegurar el futuro de la Casa de Osuna. Por ello fue cediendo en vida algunos títulos a sus hijas, una práctica habitual entre las grandes familias nobiliarias. La primogénita, Ángela María de Ulloa y Solís-Beaumont, recibió parte de ese legado y se convirtió en la heredera natural de una estirpe centenaria. Su hermana, María Cristina de Ulloa y Solís-Beaumont, además de asumir distintas dignidades nobiliarias, protagonizó un hecho inédito en la historia reciente de la nobleza española al convertirse, en 2022, en la primera mujer elegida decana de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino, la máxima institución nobiliaria del país, que durante más de dos siglos había estado presidida exclusivamente por hombres.

placeholder María Cristina de Ulloa y Solís-Beaumont, hija de Ángela Ángela de Solís Beaumont junto al rey Felipe. (Europapress)
María Cristina de Ulloa y Solís-Beaumont, hija de Ángela Ángela de Solís Beaumont junto al rey Felipe. (Europapress)

Sin embargo, quienes la trataron de cerca recuerdan menos los títulos que su carácter. Era una anfitriona extraordinaria. Disfrutaba reuniendo a familiares y amigos y poseía una afición que sorprendía incluso a quienes la conocían desde hacía años: la ópera. No era extraño que, cuando las conversaciones se alargaban y el ambiente se volvía íntimo, terminara regalando a sus invitados la interpretación de alguna aria. Aquellas escenas, alejadas del protocolo y de cualquier rigidez aristocrática, revelaban a una mujer espontánea, culta y vital, capaz de convertir una velada en un recuerdo imborrable.

En los últimos años su salud se fue deteriorando hasta obligarla a instalarse en una residencia madrileña, donde pasó la última etapa de su vida rodeada del cuidado de los suyos. Con su muerte desaparece una de las últimas representantes de una generación de aristócratas que entendió la nobleza como un legado histórico más que como un escaparate social. La despedida de quienes compartieron su vida resume mejor que cualquier título quién fue realmente.

Entre los mensajes de condolencia destacó el de su gran amigo José Miguel Carrillo de Albornoz, vizconde de Torre Hidalgo, quien escribió: "Fuiste una maravillosa persona, una gran madre y una excepcional amiga a la que siempre llevaré en mi corazón. Gracias por tantos maravillosos momentos, por tanta lealtad y por tanto afecto. Ha sido un honor inmenso tenerte en mi vida. Hoy el mundo se ha vuelto un poco más oscuro sin ti. Descansa en la Paz del Señor que te abrirá las puertas del Cielo".

Ángela de Solís-Beaumont y Téllez-Girón nunca necesitó hacer ostentación de su linaje para recordar quién era. Había nacido en el seno de una de las familias más ilustres de la aristocracia española y, cuando el destino la situó al frente de la histórica Casa de Osuna, asumió el peso de siglos de historia con la misma discreción con la que siempre condujo su vida.

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