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Las 'amistades peligrosas' del Rey Juan Carlos

“Verano en Mallorca es cuando ves pasar una reina y ya no sabes si girarte”. Con esta acertada máxima del escritor Matías Vallés, el periodista Marcos

Foto: Las 'amistades peligrosas' del Rey Juan Carlos
Las 'amistades peligrosas' del Rey Juan Carlos
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    “Verano en Mallorca es cuando ves pasar una reina y ya no sabes si girarte”. Con esta acertada máxima del escritor Matías Vallés, el periodista Marcos Torío ha querido bautizar el nacimiento de Veranos en Mallorca, su primer libro, que tal y como afirma Agustín Pery, prologuista del mismo, podría haber sido perfectamente “hijo putativo de Google o del Rincón del Vago”. Pero no ha sido así, ya que la primera incursión literaria de este joven escritor novel, de 31 años de edad, se ha resuelto en una crónica amena y distendida, de esas que tanto gusta leer a orillas del mar, donde predomina un tono alejado del azúcar y la pátina de las revistas del corazón. Todo sin perder un ápice de interés por los personajes de la realeza y de la beautiful people nacional e internacional que cada año se dan cita en Mallorca: centro político del Estado en julio y agosto e imagen de playa, sol y ocio de puertas hacia fuera.

    Pero la Mallorca de 1973 poco tenía que ver con la actual. Tras pasar unos días con el Generalísimo en Meirás, el entonces príncipe Juan Carlos, su esposa, sus hijos, la niñera y Laia, una lasa tibetana, llegan al aeropuerto de la ciudad, se disponen en el Seat familiar y se desplazan de inmediato a Marivent, su nueva residencia. Con Franco todavía al frente, el futuro heredero y su familia disfrutan de su primer verano en la masía, que hasta 1988 mantendría en un controvertido litigio a Patrimonio Nacional con los antiguos propietarios: la mujer y el hijo del artista griego Juan de Saridakis, que no estaban conformes con el altruismo de la Diputación en entregarle el palacete, construido en 1925, a los futuros reyes de España.

    Tal y como recuerda Marcos Torío, el Rey se sirve de sus contactos nada más llegar a la capital balear y así consigue asegurarse la cesión de Marivent gracias a la inestimable ayuda de su gran amigo Zourab Tcokotua, un aristócrata georgiano íntimo desde que ambos se conocieran en el internado de Friburgo. El aristócrata, “un embajador al estilo de Alfonso de Hohenloe en Marbella”,  utilizó su parentesco con Pedro Salas, “ex presidente de la diputación, adinerado empresario y prohombre del franquismo”- además de padre de su mujer Marieta Salas- para conseguir el principal objetivo para el futuro Rey de España: Marivent.

    El 'Clan Mallorca', círculo peligroso en torno al Rey

    Su cercana relación con el aristócrata del país euro-asiático será tan sólo la punta del iceberg de toda una red de amistades que encontraron en el Rey el centro de gravedad y que despertaron las suspicacias de los sectores más críticos e incisivos con la Monarquía. Así se bautiza como ‘Clan Mallorca’ a toda una serie de amistades peligrosas que, a la larga, terminarían viéndose las caras con la justicia  por sus presuntas actividades irregularidades. El propio Tchokotua, amigo del alma de Don Juan Carlos, se verá envuelto en un proceso, por el cual un juez solicitó su ingreso en prisión tras acusarle de estafa inmobiliaria junto sus socios constructores, Juan Oliver y Tomás Fortaleza. Tchokotua se refugia en Marruecos y cierra filas en torno al rey del país alauita. Algo que no supuso, en cambio, ninguna sorpresa para el Conde de Barcelona, que siempre mantuvo en privado su preocupación por las amistades de su hijo.

    Pero si Marivent supuso más de un dolor de cabeza para la Familia Real, Veranos en Mallorca ha puesto en evidencia que la querencia del Rey por la náutica, un deporte exclusivo para esnobs, también trastocó la aparente tranquilidad, que como un trasvase logístico más, ‘reinaba’ tanto en Zarzuela como en la bahía donde se ancla Marivent. En 1976, tres años más tarde de su llegada a la isla, algo cambia. La seguridad y la atención mediática se traducen en que la Reina ya no sale con tanta asiduidad a comprar por el Mercado de Santa Catalina y el Rey se vuelve loco por conseguir un barco, que supere en metros de eslora y nudos por minuto al Sirimiri, “un barco que los monárquicos de Bilbao habían regalado a su padre en 1947”.

    Y así, como por providencia divina, los dioses escuchan sus suplicas y, ese mismo año, corre 1976, recibe su primer yate de la mano de Fahd Bin Abdelaziz Al Saud, más conocido como el rey Fahd, cuya fortuna asciende a más de 30.000 millones de euros. Pero, de nuevo, haciendo gala de su inmensa generosidad, Fhad vuelve a regalarle otro Fortuna; el primero pasa a manos de Nicolás Cotoner, jefe de la Casa Real.

    Con el paso de los años, y atendiendo siempre al sibaritismo náutico del  Rey de España frente a las versiones oficiales, Patrimonio Nacional vende el segundo Fortuna y entre críticas por el derroche de las arcas públicas, se manda construir uno nuevo. La adjudicación a los astilleros Mefasa, con Mario Conde y Francisco Sitges, amigo personal del monarca, a la cabeza pone en evidencia de nuevo que el Rey está hecho a prueba de controversia tras controversia.

    “Esta vez no está el rey Fahd para cubrir los gastos, que se preocupa más bien de mandar a un hermano como emisario para recuperar el dinero”, afirma Torío. Tras una serie de malentendidos con su antiguo amigo, el Rey descubre que las operaciones desarrolladas en las anteriores ocasiones de su amigo Manuel Prado “habían resultado desastrosas” y acuerda con el rey de Arabia Saudí una prórroga de cinco años para devolverle los cien mil millones de dólares. En esta ocasión, los hoteleros isleños, propietarios de agencias de viajes y banqueros participaron en la colecta para el Fortuna.

    "El Rey no puede tener amigos. Su cargo no se lo permite"

    De ahí, la máxima de Miguel Arias, propietario de Flaningan, en Portals, conocido como el restaurante del Rey: “Su Majestad no tiene amigos. Su cargo no se lo permite”, se reviste de simbolismo. El Fortuna surca los mares con el Alejandra de Mario Conde, a quien el padre del Rey consideraba un hijo, o el Blue Legend de Javier de la Rosa, mientras que sus propietarios encaran los episodios más negros de sus respectivas trayectorias profesionales. El más sonado, o el que más salpicó a su Majestad, fue sin duda la condena en 2005 a de La Rosa a más de cinco años y dos meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida y otro de falsedad documental, y a uno a Manuel Prado y Colón de Carvajal, ex diplomático y tesorero privado del Rey.

    Aquel caso recordó a los más agoreros el episodio cuando en Puerto Portals, durante la visita de Giovanni Agnelli, dueño de Fiat, y Raúl Gardini, ex presidente de una empresa química que mantuvo negocios con Juan Abelló, el Rey se quedó boquiabierto con uno de sus barcos. “Sólo unos años después, tanto Gardini, como otro empresario, se vieron implicados en casos de corrupción en Italia. El primero se voló la sien en 1994 y el segundo murió posteriormente”, escribe Torío.

    Pero la peligrosidad de los amigos del Rey no trasciende tan sólo al ámbito de la Justicia sino también al sector amoroso. Mallorca ha servido desde 1973 como mentidero y hervidero de los diferentes rumores sobre el Rey: Desde la especial relación con Marta Gayá, hija de un hostelero y ex mujer del ingeniero Juan Mena; su “amistad” con Lady Di, que llegó a Marivent para escapar de la rutina palaciega que tanto la hacía sufrir, o el porqué de la invitación para navegar por Mallorca a la reina del couché: Antonia Dell’ Ate. Sin dejar atrás su polémico desnudo o también la omnipresencia de grandes amigos como Carmen Font, ama de llaves de Marivent, la fortaleza, que Marcos Torío, ha debilitado.


     

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