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Isabel Preysler: "Mi hermano era drogadicto, pero no es cierto que muriera en prisión"

Isabel Preysler ha querido salir al paso de las informaciones que se han publicado estos días en relación a la muerte de su hermano Carlos, que

Foto: Isabel Preysler: Mi hermano era drogadicto, pero no es cierto que muriera en prisión
Isabel Preysler: "Mi hermano era drogadicto, pero no es cierto que muriera en prisión"

Isabel Preysler ha querido salir al paso de las informaciones que se han publicado estos días en relación a la muerte de su hermano Carlos, que se produjo en Filipinas el pasado 15 de abril a consecuencia de un cáncer, después de haber pasado varios años en prisión acusado de un delito de estafa. La reina de corazones ha querido aclarar, en unas declaraciones a Vanitatis, todos los aspectos de este trágico suceso, que ha sido “adulterado en la prensa”, según sus palabras, hecho que la ha sumido en una profunda tristeza.

Vanitatis: ¿Murió su hermano Carlos en prisión?

Isabel Preysler: Para nada. Se ha dicho que mi hermano pasó gran parte de su vida en la cárcel, pero es algo radicalmente falso. Mi hermano murió en su casa, rodeado de los suyos, de su mujer e hijas, que le querían a pesar del daño que les había hecho.

V: Sin embargo, su hermano sí estuvo en la cárcel…

IP: Sí, eso es cierto. Estuvo en prisión entre cuatro años y medio y cinco, de 1999 a 2004, pero no toda su vida.

V: ¿De qué se le acusaba?

IP: Esto es algo que me interesa aclarar particularmente. Mi hermano fue condenado por estafa, pero bajo ningún caso también por violación o atraco a mano armada, como he leído.

V: Pero hay una nota en el archivo del National Bureau of Investigation de Manila en la que se apunta a estas cuestiones.

IP: No me consta. Lo que tengo claro es que él jamás violó a nadie ni tuvo un arma en sus manos. Se rodeó, eso sí, de muy malas compañías.

V: ¿Podría explicarse mejor?

IP: Mi hermano estaba enganchado a las drogas. Algunos desalmados las vendían a la puerta de los colegios de Filipinas. Hay una generación perdida en aquel país por esta cuestión. Yo por suerte me libré, porque me casé a los 20 años y me fui. Mi hermano Carlos, sin embargo, que era menor, cayó. Mis padres se percataron cuando tenía 16 años de que estaba metido hasta las cejas. No llevaba mucho tiempo en ese mundo, pero ya era demasiado tarde.

V: ¿Por eso no tenía usted una buena relación con él?

IP: No es cierto. Hace tan sólo unos meses que le visité por última vez en Manila. Lo que ocurre es que yo le trataba como lo que era, un enfermo, que necesitaba cuidarse. Tuvo suerte de casarse con la neuróloga que participó en su rehabilitación, pero aún así ha hecho mucho daño a su familia. Y a pesar de todo su mujer e hijas estaban destrozadas cuando falleció.

V: ¿Y por qué entonces usted no viajó para presenciar su entierro?

IP: No nos dio apenas tiempo. Nos llamaron en abril para darnos una mala noticia: le habían encontrado un tumor del tamaño de una naranja en el hígado. No se podía hacer nada. Le dieron tres meses de vida y mi madre, Betty, se empeñó en ir a verlo. Mientras organizábamos un posible viaje con una de mis tías, que es embajadora en Roma, nos llegó la triste noticia de su fallecimiento. Fue un fallo de diagnóstico; los tres meses de vida que le dieron en un primer momento se quedaron reducidos a cinco días.

V: ¿Por qué no viajaron ustedes entonces de urgencia?

IP: Nos fue radicalmente imposible. Mi madre tiene 90 años, eso hay que tenerlo muy en cuenta. Además tenía gripe y los médicos desaconsejaban que viajara. Y yo, además de cuidar de ella, lo cual era una prioridad, tengo que hacerlo también de mi marido [Miguel Boyer], que sufrió recientemente un ictus. No era una situación personal fácil para mí, por eso creo que se me ha tratado injustamente con este tema.

V: ¿Se avergüenza de su hermano?

IP: Para nada. No hay derecho a que dijeran que me importaba un comino. Era un enfermo, pero yo le iba a visitar siempre que podía. Yo no me puedo avergonzar de sus actos, porque no soy responsable. Sólo lo soy de los míos, de los de mi marido y de los de mis hijos. Además, le quería. Y mucho.

V: ¿Por qué entonces nunca ha hablado usted en público de él?

IP: ¿Por qué debía hacerlo? ¿La gente va contando por ahí que tiene un hermano drogadicto? Yo en mis entrevistas públicas no hablo de mis penas, esas las guardo para mí. No es una historia agradable.

V: ¿Su entorno más cercano sabía de esta historia?

IP: Sí. Todas mis amigas, toda la gente que me conoce sabía que mi hermano estuvo en prisión y era drogadicto. Nunca pretendí ocultarlo.

V: ¿Es cierto que otro hermano tuyo, Enrique, murió por culpa de la heroína a los 25 años?

IP: No, no es cierto. Ricky fue hallado muerto en un hotel de Hong Kong. Inhaló monóxido de carbono accidentalmente, por la mala combustión de una estufa. Jamás bebió alcohol. De hecho, sus amigos le conocían como “Tomato”, porque era esta su bebida favorita. Y, por supuesto, jamás consumió drogas. Además, esto ocurrió hace 40 años. ¿Por qué sacarlo ahora? ¿Para hacerme daño? Me llevaba estupendamente con él, por eso sé que no se drogaba. Y me llevo maravillosamente bien con su hija Joanna, a la que llamo casi a diario, aunque algunos aseguren lo contario.

V: Por lo que cuenta, se podría decir que ha tenido usted una vida familiar difícil…

IP: Así es. Por eso es injusto que alguna periodista haya afirmado en televisión que cuando murió mi hermano Carlos yo estaba en una fiesta. Es mentira, pero fundamentalmente es injusto.

V: ¿Es cierto que llamó usted a Antonio Montero, uno de los periodistas que firmaba la noticia de la muerte de su hermano en El Mundo, entre sollozos?

IP: Es totalmente cierto. Le llamé un día después de que lo publicara. Lo hice muy molesta, indignada por las afirmaciones que se hacían en el texto. Le conté la verdad de todo y él me comprendió. Le dije que rectificara los errores de su información y lo hizo. Eso le honra. Es mi obligación proteger la memoria de mi familia, por eso he dado orden a mi abogada, Teresa Bueyes, de que demande a todos los que la calumnien. Mis hermanos no se pueden defender; es mi obligación hacerlo, porque ellos no eligieron ser famosos.

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