Los invitados portugueses eclipsan a Rajoy en la boda de la hija de De Guindos
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Los invitados portugueses eclipsan a Rajoy en la boda de la hija de De Guindos

La austeridad fue la norma en la boda de Belén de Guindos y el economista portugués Gonzalo Diniz Méndez, que se celebró el sábado a las siete

La austeridad fue la norma en la boda de Belén de Guindos y el economista portugués Gonzalo Diniz Méndez, que se celebró el sábado a las siete de la tarde en la Ermita de San Ildefonso situada en la Granja de Segovia. Hubo discreción absoluta tanto a la hora de controlar la seguridad como en el convite posterior. A diferencia de otros cargos públicos, que utilizan los medios del estado como si fueran propios, en este caso no fue así. Las fuerzas de seguridad del Estado, que pagan todos los españoles, fue reducida hasta tales límites que la mayoría de los invitados no se percataron de su presencia a pesar de que entre los invitados figuraban Mariano Rajoy, que ejercía de testigo, Soraya Sáenz de Santamaría o Cristóbal Montoro. El ministro de Guindos tampoco tiró la casa por la ventana en cuanto al protocolo del enlace. Quizá lo más llamativo fueron los invitados portugueses, que se convirtieron en el verdadero reclamo de la fiesta, sobre todo entre el sector joven. Las chicas eran guapas y elegantes y los chicos educados y guapos, al más puro estilo de los protagonistas de una serie de televisión.

Belén y Gonzalo, licenciados en económicas, se conocieron en Madrid mientras ambos realizaban un máster en el instituto de empresas. Se enamoraron y acabaron saliendo juntos hasta el día de hoy. "Son los dos estupendos, buenas personas y con un perfil de normalidad absoluta. Belén nunca ha ejercido de ‘hijísima’, igual que tampoco lo ha hecho su hermano", aseguran a Vanitatis desde el entorno del ministro.

De ahí que la boda se organizara como querían los novios y aceptando que algunos de los invitados más señeros, por ejemplo los miembros del Ejecutivo, formaban parte inevitable del organigrama laboral del padre y padrino de la novia.

Una vez que termino la ceremonia religiosa los novios y familiares se trasladaron a la finca Lasmargas, donde se sirvió primero un coctel en el patio central de ese edificio del siglo XVII, y después la cena, que los invitados disfrutaron en dos salones con capacidad para cuatrocientas personas. El menú consistió en salmorejo con burrata trufada, seguido de copa de mango y maracuyá con jamón ibérico y foie. De segundo, los comensales probaron un solomillo de buey con raviolis y dos postres a elegir: tarta tatin con crema y bizcocho de chocolate con helado de vainilla. Los vinos fueron un homenaje a la nacionalidad de los novios. Con el primer plato, se sirvió un vinho verde ‘Casa vilacentinho’, con el segundo, un Marqués de Riscal Reserva magnum 2001. Para terminar le tocó el turno a un Porto Vintage 2001. La pareja prefirió eliminar los tópicos de su boda, ya que ni hubo corte de tarta ni tampoco vals nupcial.

Una vez finalizada la cena, hubo baile hasta la madrugada. Mientras la familia y los novios durmieron en el hotel Lasmargas, el resto se instaló en el parador y en las casas de veraneo de alguno de los invitados.

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