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sin voz pero con orgullo

Así se vive el Orgullo Gay desde una carroza

¿Cómo se pasan seis horas en una carroza en la que la música es digna de una 'rave' y la fiesta no tiene fin? El equipo de 'Vanitatis' es invitado a comprobarlo

Hace tan solo dos décadas, la manifestación del Orgullo Gay contaba únicamente con 500 manifestantes. La tarde del sábado eran más de un millón de personas las que se reunían en torno a las 28 carrozas presentes. El equipo de Vanitatis es invitado a la carroza 14, correspondiente a la película de temática lésbica De chica en chica, para saber cómo se vive el orgullo desde arriba. Hablamos con el equipo del largometraje, entre el que se encuentra Marina San José, hija de la cantante Ana Belén.

 

Antes de llegar a nuestra carroza, nos cruzamos con Olvido Hormigos. La exconcejal del PSOE viste de blanco y posa con el colectivo de basureros de Madrid. “Está buenísima”, nos dicen tras hacerse la foto mientras Hormigos sigue su camino. Pocos minutos después vemos a Belén Esteban pasar a toda velocidad por la calle Méndez Álvaro. Las carrozas enloquecen a su paso y la 'princesa del pueblo' saluda con una sonrisa mientras acelera el ritmo. ¿Llevará Belén ruedines en los zapatos? Querida: deberías presentarte a las Olimpiadas, porque esa velocidad es carne de carrera olímpica.

La banda sonora de la manifestación ha sido, como era de esperar, Kika Lorace, que al ritmo de Adiós Botella, bye bye PP, celebraba el cambio político que azota la capital.

Aunque en las carrozas es la fiesta lo que prima (tras dos horas de desfile, tan solo habíamos avanzado desde Atocha hasta Neptuno y todos los presentes estaban muy animados), en el mundo ajeno a las ruedas todos tenían presente que el Orgullo es mucho más que fiesta.

Vista general de los asistentes al desfile del Orgullo Gay (Vanitatis)
Vista general de los asistentes al desfile del Orgullo Gay (Vanitatis)

 

Las fuentes del Paseo del Prado estaban abarrotadas de manifestantes que no quisieron dejar de refrescarse en sus aguas. Vanitatis no perdió la oportunidad de rendir homenaje a Anita Ekberg y se metió dentro de alguna fuente. Empapados (lo sentimos, micrófono), afónicos (intentar hablar con un altavoz a medio metro es muy complicado) y orgullosos, abandonamos la manifestación con la certeza de que los asistentes no habían olvidado que aunque la fiesta prima, la lucha por los derechos ha de seguir presente.
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