Durante años, el debate sobre qué tipo de desayuno es más saludable ha estado dividido entre quienes prefieren las opciones dulces —como tostadas con mermelada, bollería o cereales— y quienes defienden los desayunos salados con huevos, aguacate o embutidos. Sin embargo, la evidencia científica coincide en un punto clave: más allá de si es salado o dulce, lo que realmente marca la diferencia es la cantidad y calidad de proteína que se incluye en la primera comida del día.
También se pueden combinar con hidratos de carbono de calidad —pan integral, avena o frutas frescas— para obtener un desayuno equilibrado y completo. Otro beneficio del consumo de proteínas a primera hora es su papel en la preservación de la masa muscular, un aspecto especialmente importante en personas activas y en quienes buscan mantener un peso saludable.
Huevo duro en el desayuno (iStock)
Además, la saciedad que generan ayuda a reducir la ingesta de ultraprocesados y snacks poco nutritivos a lo largo del día. En este sentido, los especialistas advierten que los desayunos basados únicamente en productos azucarados, como galletas, bollería industrial o cereales refinados, provocan subidas rápidas de glucosa seguidas de caídas bruscas que dificultan la concentración y favorecen la ansiedad por comer.
La elección no pasa por si el desayuno debe ser salado o dulce, sino por asegurarse de que incluya una buena fuente de proteína de calidad. Ese es el verdadero secreto para arrancar el día con energía, mejorar la salud metabólica y mantener la saciedad hasta la siguiente comida.
Durante años, el debate sobre qué tipo de desayuno es más saludable ha estado dividido entre quienes prefieren las opciones dulces —como tostadas con mermelada, bollería o cereales— y quienes defienden los desayunos salados con huevos, aguacate o embutidos. Sin embargo, la evidencia científica coincide en un punto clave: más allá de si es salado o dulce, lo que realmente marca la diferencia es la cantidad y calidad de proteína que se incluye en la primera comida del día.