Cinco tiendas que te enamorarán

¿Qué tienen estos comercios que no tengan los demás? ¿Será el espíritu eco, su toque chic, sus juegos de ingenio, su alma daliniana o la luz natural?
Foto: Cinco tiendas que te enamorarán

Se puede ir a mirar e incluso a inspirarse. Las musas han pasado por aquí. Dicen sus propietarios que no son solo tiendas, que son mucho más. Incluso no llevan un nombre cualquiera. Pero ¿qué tienen ellas que no tengan las demás? ¿Una lámpara de salón de baile colgada de un techo alto? ¿Artículos de exposición en vitrinas igualmente de exposición? ¿Prendas ordenadas por colores? ¿La abstracción geométrica de Mondrian, la provocación fauvista (gloria al color) de Matisse, un delirio lleno de cachivaches con el sello Dalí?

En estos espacios que alardean tanto de cuerpo como de alma, en estas galerías y tiendas con pinta de atelier que están a años luz del gran almacén en cualquier plano comercial, no hay mostrador. No huele a negocio y puede que no oigas jamás el clin clin del vil metal pero juramos, y no en vano, que se puede comprar. No te sorprendas si, además, te da la bienvenida su anfitrión en plan chef. El juego es entre gourmets.

El minimalismo este que hace elogio de lo diáfano y anhela quedarse con la luz natural, la bohemia que reclama su chic en el París fuera de circuito, la valentía de amar y bailar hasta el amanecer con la más ¿fea?, o lo que es igual, adorar la maltrecha y vapuleada imperfección; el espíritu blanco y navideño de la ecología más orgánica y artesanal incluso cuando no es Navidad, y las muchas vueltas de tuerca que da el diseño más allá de un tornillo sin importar mucho adónde va, también venden. Y enamoran.

1. AUKA (EN SAN SEBASTIÁN Y BARCELONA)

Un espacio diáfano, de líneas depuradas, con techos altos y paredes blancas, y suelo de baldosa hidráulica en San Sebastián y de madera en Barcelona. Eso es Auka, un canto a lo esencial. El nombre es una declaración de intenciones (y sí, también de amor). Auka, en euskera, significa “alga marina”Arantxa Serna Uriarte montó la tienda (la de SS en 2005, la de BCN en 2009) después de trabajar para Liberto, Levi’s, Burberry y Diesel. La inspiración le vino del taller de costura de su abuela Conchita de los Mozos, de aquellos catálogos traídos casi por la cigüeña de París. Tiene todo el chic francés, luz y más luz y espíritu irrepetible, aunque luego la lana venga de Portugal.

Lo que vas a encontrar. Pañuelos, pareos, chales, fulares, echarpes y otros de la familia, de colección propia y ajena. Bolsos artesanos con pieles italianas y tejidos de tapicería, prendas con telas Liberty y la cosmética de Santa María Novella, la farmacia más antigua del mundo (1621), que está dentro de esta iglesia de Florencia y aún en funcionamiento.

Es curioso. Su lema o canción de cuna: “Never forget how to kiss”. O sea, nunca olvides cómo besar. Ni te olvides de hacerlo, añadimos.

2. LE SEPT CINQ (EN PARÍS)

Creerás que en cualquier momento puede entrar la ubicua Audrey Tautou (una de las dueñas se llama igual; la otra Lorna) en su papel de Amélie Poulain. Que te habrás cruzado entonces en “el fabuloso destino” de la protagonista de la película Amélie. La euforia bobo, burguesa y bohemia, en su paraíso y con el aromático perfume a Montmartre es así. Esta tienda que rinde culto al accesorio y tiene un coqueto salón de té hace honor al viejo París. Como estar en el salón de tu casa, con lámpara proverbial, libros, velas y ese calor impagable del hogar dulce hogar.

Lo que vas a encontrar. Desde la colección de joyas I loved you Paris, de Chic Sick Chic Paris, hasta las velas con aroma a recuerdos de Inés de la Fressange (en Giverny, Cap Ferret o Córcega), pasando por las pajaritas para el cuello de Toucan Bleu o los snoods (fulares) de Meilleur Ami.

Es curioso. Si vas como un auténtico flâneur, o sea, sin rumbo, déjate caer por aquí de cinq à sept (aunque aquí sept cinq sea el 5 de septiembre), la hora reservada a los amantes en París para después de trabajar. Y habla lo menos posible de precios: es poco chic.

3. SUKHA (EN AMSTERDAM)

Un blanco tan blanco que es casi nupcial. En este acogedor almacén en el centro de la ciudad del vicio y el tulipán, lo eco es sagrado. Todo presume, con razones, de orgánico y sostenible. Su predilección por lo hecho a mano, por lo único y lo fabricado en pequeñas cantidades -una oda a lo auténtico, casi una canción- salta a la vista. Lana, madera, algodón, se respira paz. Plástico y derivados ni por asomo. El suyo es el efecto balneario. Vende de todo: ropa, decoración, alimentación, y casi todo holandés. En Sukha siempre es Navidad (o lo parece).

Lo que vas a encontrar. Pajaritas de papel volando alto, bufandas, mantas y chaquetas de punto tejidas por mujeres de Nepal, productos de cosmética natural de la marca sueca L:A Bruket y una decoración de “magia blanca”.

Es curioso. Gerard, el padre de Irene Mertens, la propietaria, es una especie de ángel de la guarda. Y el encargado de dar una nueva vida a los muebles vintage. Ah, sukha quiere decir “alegría de viviren sánscrito, la lengua de los himnos y los mantras en los rituales hindúes.

4. WABI SABI SHOP&GALLERY (EN SEVILLA)

Ni te imaginas lo que te espera en esta tienda-galería gobernada por las manos de la artista “ecléctica y mutante” María López Vergara. Su apuesta por la avanzadilla artística, el underground creativo y la belleza de lo imperfecto te desbaratará. Tiene la talla desmedida y la hechura descompuesta de un bazar multicultural, multidisciplinar y ‘multitodo’. Un cajón de sastre en el que lo mismo cabe una pieza única que una antigüedad o antigualla, un mueble exclusivo o un diseño personalizado. Sabe de viejo y de nuevo. Hay algo cinematográfico en el ambiente, almodovariano tal vez. Y tiene un aire al mercado parisien de las Pulgas: ya nada de traperos, chamarileros, ni baratijas; aquí hay objetos de coleccionista. No hay cartel pero se vende.

Lo que vas a encontrar. Una maleta de cuero antigua, una vasija de barro de Marruecos, un quinqué de cristal ahumado original de los años cuarenta o una silla de director de madera decapada. A prueba de cazadores de tesoros.

Es curioso. Más allá de los objetos que se pueden comprar, organiza cursos, talleres, exposiciones, charlas, conciertos y hasta desfiles de moda. Wabi sabi, por cierto, es “la belleza de la imperfección” en japonés.

5. NORMANN (EN COPENHAGUE)

Aquí se desafía a las consabidas reglas del diseño, no hay prohibidos. Se dan vueltas de tuerca sin tornillo. Y cuando hay materiales tradicionales, el uso que se hace de ellos es justamente el no tradicional. La marca danesa de productos para el hogar se ha convertido, como era de esperar, en la tentación de los locos de la creación y la innovación como un dos en uno. Sus piezas están en todo el mundo, pero es en la capital donde tienen su casa de autor, una hacienda de 1.700 metros cuadrados que ya es referente internacional. Jan Andersen y Poul Madsen, rebautizados en su fe en el diseño, llevan participando en este juego de ingenio desde 1999, cuando se propusieron revolucionar la industria y abrir las puertas de la más innovadora tienda al por menor.

Lo que vas a encontrar. Colores, formas, curvas y rectas. Más de una respuesta a la pregunta de si lo bello puede ser (es) útil, o viceversa. La mítica lámpara Norm 69, que es el primer producto de la marca (2002), y otras como la Bau Pendant. Lo mejor que tiene este almacén, escenario de los eventos más imaginativos, es que puedes mirar y mirar, robar ideas, seguir mirando y no acabar (empieza por su tienda online). Prepara tus ojos.

Es curioso. Donde hoy se levanta este flagship store hubo un viejo cine. Normann no se pone barreras. Sus jefes ni siquiera se arrodillan ante la poderosa y magnética juventud. Hay diseñadores que tienen 27 años, sí, pero también los hay en el umbral de los noventa. Y cualquiera puede mandar, vía online, sus creaciones.

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