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Charlène de Mónaco vuelve a vestirse de novia, pero esta vez sí sonríe

Cuando están a punto de cumplirse siete años de su enlace matrimonial, la exnadadora olímpica se ha vuelto a vestir de novia

Foto: La princesa Charlène. (Getty Images)
La princesa Charlène. (Getty Images)

La suya fue la boda más triste de la realeza. ¿Quién no recuerda a Charlène con cara compungida dándole el 'sí, quiero' al príncipe Alberto? Ahora, cuando están a punto de cumplirse siete años de su enlace matrimonial, la exnadadora olímpica se ha vuelto a vestir de novia para asistir a la ceremonia de clausura del 58º Festival de Cine de Monte Carlo. Eso sí, esta vez sonreía mucho más que el día que se convirtió en princesa de Mónaco.

Charlène se mostró encantadora durante todo el acto, regalando sonrisas a todos los presentes. Quizás se debe a que estos compromisos con grandes estrellas le encantan y se siente como pez en el agua. La esposa del príncipe Alberto estrenó un vestido al más puro estilo nupcial. De escote en V, cintura marcada y falda de vuelo, se trata de un diseño de Carolina Herrera, de la colección Icon 2016. Su precio es de 4.500 euros.

La princesa durante el acto. (Getty Images)
La princesa durante el acto. (Getty Images)

No podemos evitar comparar esta creación con la que la princesa llevó en su boda. Para aquel día tan especial, Charlène confió en Giorgio Armani con un diseño blanco roto de líneas rectas, elaborado en seda 'duquesa' y con detalle cruzado en la zona del pecho y la espalda. La parte frontal del vestido estaba embellecida con flores de piedras doradas bordadas a mano, cristales de Swarovski y madreperlas en formas de lágrimas en tonos blancos y dorados.

Charlène y Alberto el día de su boda. (Gtres)
Charlène y Alberto el día de su boda. (Gtres)

Libre y junto a Alberto

Ya han pasado casi siete años desde que Alberto de Mónaco y Charlène de Mónaco se dieron el 'sí, quiero' y casi 24 meses desde que ella es totalmente libre. Cuando la exnadadora accedió a casarse con el príncipe se vio obligada a firmar un duro contrato en el que se exigía que debía darle al menos un heredero y pasar cinco años junto a él. Este contrato venció el 1 de julio de 2016 y casi dos años después vemos que Charlène sigue al lado de su marido.

Como ya es habitual en las bodas reales, la novia se llevó todo el protagonismo, pero no por su vestido, una preciosa creación de Armani que causó sensación, sino por su cara de tristeza y su llanto desconsolado. Durante toda la ceremonia religiosa, se vio a una Charlène decaída, fría y muy distante. Ni siquiera las palabras o los mimos de su recién estrenado marido consiguieron levantarle el ánimo. La princesa fue rebautizada como 'la novia más triste de la realeza' y corrieron ríos de tinta sobre sus lágrimas por los medios de todo el mundo.

Con la llegada de sus mellizos, Jacques y Gabriella, su relación mejoró considerablemente, aunque Charlène sigue pasando largas temporadas en la isla de Córcega con sus dos pequeños. Sus apariciones en el pequeño principado son contadas, aunque ahora al menos se la ve mucho más sonriente y entregada que en el pasado.

Charlène y Alberto el día de su boda. (Gtres)
Charlène y Alberto el día de su boda. (Gtres)

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