La nueva vida de Elia Zaharia tras su polémico divorcio del príncipe Leka de Albania: juicios, maternidad y el relevo que ya está en marcha
La intérprete ha optado por construir una narrativa basada en lo cotidiano: imágenes con su hija, paseos, paisajes y apariciones públicas alejadas de escándalos
Se cumplen dos años desde que Elia Zaharia empezó a construir una vida propia lejos de la imagen de pareja perfecta que durante años proyectó junto al príncipe Leka. Con el anuncio de su separación su nombre comenzó a copar titulares en la prensa internacional por demandas cruzadas y por protagonizar un proceso judicial que nada tenía que ver con el comunicado que emitieron para anunciar que tomaban caminos por separado. A todo esto hay que sumarle que hace unos meses el heredero al trono de Albania reapareció públicamente con una nueva pareja y anunció compromiso.
Como decíamos, en enero de 2024, la Casa Real albanesa comunicó la decisión de poner fin a un matrimonio que había durado ocho años. En aquel escrito, Leka y Elia explicaban que la relación había dejado de funcionar y que iniciaban los trámites de divorcio de mutuo acuerdo. Eso sí, insistieron en que su hija Geraldine seguiría siendo la prioridad absoluta para ambos. Además, en el mensaje, breve y contenido, pidieron respeto por la privacidad familiar y apelaban a valores como la comprensión y la responsabilidad compartida en la nueva etapa que se abría para los tres.
Una imagen de la boda real de Leka de Albania y Elia Zaharia.
Sin embargo, ese tono conciliador duró poco. A comienzos de marzo de 2024 se filtró un vídeo grabado por el propio Leka durante una visita al domicilio de Elia para ver a su hija. Las imágenes mostraban un altercado con la presencia del padre de ella, Gjergj Zaharia, y acabaron convirtiéndose en la prueba central de una denuncia por presentada ante la policía de Tirana. El episodio marcó un antes y un después en la ruptura: derivó en órdenes de alejamiento y situó a la expareja en el centro de un proceso judicial que rompía definitivamente con la imagen de separación civilizada que habían querido transmitir solo semanas antes.
Desde que se hizo pública su separación, Zaharia ha utilizado sus redes sociales como un espacio de control del relato. No como un altavoz del conflicto. Su perfil en Instagram, que mantiene activo y cuidado, se ha alejado de cualquier referencia directa al divorcio. También de los procesos judiciales. La joven ha optado por construir una narrativa basada en lo cotidiano: imágenes con su primogénita, paseos, paisajes y apariciones públicas alejadas de escándalos. Lo que sí llama la atención es que conserve el apellido Zogu. Una decisión que ella misma ha explicado como una cuestión práctica y vinculada a su descendiente más que como un gesto a la Casa Real.
Además, en todo este tiempo ha habido un detalle que resume bien la ambigüedad de su posición actual. Aunque ya no está casada con el príncipe Leka, una parte del público y de la prensa sigue refiriéndose a Zaharia como princesa. Más por inercia que por una realidad institucional. Y no es de extrañar puesto que fue la imagen femenina más visible de la dinastía y ese lugar simbólico no se puede borrar de un día para otro. Sin embargo, esa percepción está a punto de cambiar. El anuncio del compromiso del royal con Blerta Celibashi introduce un relevo inevitable en el relato público y marca el final definitivo de una etapa.
Se cumplen dos años desde que Elia Zaharia empezó a construir una vida propia lejos de la imagen de pareja perfecta que durante años proyectó junto al príncipe Leka. Con el anuncio de su separación su nombre comenzó a copar titulares en la prensa internacional por demandas cruzadas y por protagonizar un proceso judicial que nada tenía que ver con el comunicado que emitieron para anunciar que tomaban caminos por separado. A todo esto hay que sumarle que hace unos meses el heredero al trono de Albania reapareció públicamente con una nueva pareja y anunció compromiso.