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Yul Brynner: el soviético calvo que disfrutó del sexo y el estrellato en Hollywood

Mantuvo un romance con Marlene Dietrich y quiso seducir a Carmen Sevilla. También llegó de la URSS a la meca del cine en una época en la que era casi imposible. Este sábado habría cumplido un siglo

Foto: Yul Brynner, en 1961. (Cordon Press)
Yul Brynner, en 1961. (Cordon Press)

En una calle de la ciudad rusa de Vladivostok, al lado de una imponente mansión, la estatua de granito de un hombre calvo capta la atención de los cansados turistas. Aunque algún despistado no sabe a quién representa la figura, la mayoría saben que se trata de Yul Brynner, el calvo más famoso de la historia del cine, el hombre que hizo bailar a medio mundo gracias a 'El rey y yo' o hizo extasiar de emoción a los espectadores de 'Los siete magníficos'. Pese a la localización del monumento, no siempre se tuvo muy claro que Brynner fuese ruso. Y la culpa, principalmente, era suya.

El actor, que este sábado habría cumplido 100 años de vida, se mudó a París siendo un adolescente, tras el abandono de su padre, que prefirió escapar de él, su hermana y su madre. En la capital francesa se convirtió en acróbata y también en un miembro fijo de la comunidad gitana, con los que actuaba de local en local cantando y tocando la guitarra. En muchas de las reuniones que mantenía con ellos era fácil oírle decir que era rumano o de cualquier país que se le pasase por la cabeza en ese momento. Que supiese tocar la guitarra de siete cuerdas usando afinación rusa (o romaní) y cantase canciones rusas y gitanas era la única pista sobre sus orígenes.

Yul Brynner, en un fotograma de 'Almas de metal' (1973).
Yul Brynner, en un fotograma de 'Almas de metal' (1973).

Cuando su madre contrajo leucemia y falleció, el joven decidió emigrar a Nueva York. En el Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial se encontró con la misma tierra de oportunidades que se encontraron tantos otros. En su caso, la oportunidad laboral le llegó gracias a la representación del musical 'El rey y yo' en Broadway. Pero, sobre todo, su éxito radicó en una simple pero brillante idea: raparse la cabeza. Aunque no sufría de alopecia en aquellos años, su caracterización tuvo tanto éxito que se siguió rasurando el resto de su vida. Así fue, de hecho, como se convirtió en una gran estrella; una luminaria que llamó la atención de mujeres como Marlene Dietrich. Contaba la hija de la diva alemana que los festines sexuales de su madre con Brynner en los camerinos eran sonados. El calvo más sexy de todos también retozaba con ella en su apartamento, decorado con sedas de Siam que aludían a 'El rey y yo' y con una cama gigante que hacía más placenteros los revolcones entre ambos.

Pero antes de alcanzar la gloria y llegar a la cama de Marlene, Yul Brynner tuvo que prepararse a conciencia. Al menos, en lo que a su profesión se refiere. Sin apenas saber una palabra de inglés tuvo que acudir regularmente a las clases de interpretación del prestigioso Michael Chekhov. Entre tanto, y para ganarse unos dólares, ejerció de modelo a mediados de los 40, cuando el fotógrafo George Platt Lynes descubrió su portentoso físico. Aunque él mismo estaba acomplejado porque sus piernas eran muy cortas, su torso definido y su mirada penetrante lo convirtieron en el modelo perfecto.

En Hollywood, unos años después, encontró la fama definitiva y más sexo, más fiesta y más diversión. En 1956, el año de su consagración, nadie le perdió de vista en la versión musical de 'El rey y yo'. Tampoco en el suntuoso espectáculo que supuso 'Los diez mandamientos' de Cecil B. DeMille. Los católicos de pro debieron quedarse de piedra con una película en la que su Ramsés y el Moisés de Charlton Heston se pasaban gran parte del metraje enseñando sus cuerpos hercúleos y sudorosos.

Brynner también pasó por España en plena gloria. A nuestro país vino para sustituir a Tyrone Power, que murió de un infarto fulminante mientras rodaba en Madrid 'Salomón y la reina de Saba' a finales de los años 50. Amante de todo lo español, cuentan que participaba en las juergas gitanas de la casa de Lola Flores y el Pescaílla. También que se enamoró perdidamente de Carmen Sevilla. Por entonces, el actor ya estaba casado con su primera esposa, Virginia Gilmore.

Yul Brynner, en el estreno de 'Cleopatra' en 1963. (Cordon Press)
Yul Brynner, en el estreno de 'Cleopatra' en 1963. (Cordon Press)

Cuando volvió a pisar suelo español, una década más tarde para rodar 'Villa cabalga' en tierras almerienses, su mujer ya era otra: Doris Kleiner. Cuando esta fue seducida por otro saltimbanqui de pro, Luis Miguel Dominguín, Brynner se acabó enterando. El actor planeó cuidadosamente su venganza contra el torero y sedujo a Mariví, la prima hermana con la que Dominguín había tenido algo más que una relación familiar, según contaba el periodista Manuel Román. Aquel cruce de cuernos fue un detonante en el fin del matrimonio entre Brynner y Kleiner.

Anna Magnani fue la encargada de entregar el Oscar a Yul Brynner por 'El rey y yo'. (Cordon Press)
Anna Magnani fue la encargada de entregar el Oscar a Yul Brynner por 'El rey y yo'. (Cordon Press)

En años posteriores, el calvo más seductor de la gran pantalla aún tuvo tiempo de casarse dos veces más y de tener éxitos profesionales como 'Westworld (Almas de metal)', cinta que con los años se convertiría en la serie de televisión que todos conocemos. Sin embargo, su decadencia fue tan triste como la de otras muchas estrellas del cine. Enfermo y ajado, sufrió traumatismos en la columna que le causaban fuertes dolores en las piernas y la espalda. También tuvo que hacer frente a un derrame cerebral y a un cáncer de pulmón que le acabó robando la vida. Poco tiempo antes de marcharse grabó un vídeo sobre los perniciosos efectos del tabaco que salió a la luz cuando ya estaba muerto.

Aunque a las nuevas generaciones su nombre no les suene de nada, Brynner mostró un carisma al que es imposible escapar si se ve una de sus numerosas películas. Cantó, bailó, empuñó armas en un género tan norteamericano como el western y se encamó con algunas de las mujeres más atractivas del siglo XX. También demostró, antes que cualquier Zidane o Bruce Willis, que los calvos son sexis. En Hollywood, más de medio siglo después, aún le están agradecidos por ello.

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