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'lo que el viento se llevó', 'la heredera'...

Muere Olivia de Havilland, la última leyenda de Hollywood, a los 104 años

La última gran superviviente del Hollywood dorado vivía retirada en París y aún conservaba la lucidez de antaño, cuando fue una de las grandes del cine con películas como 'Lo que el viento se llevó'

Foto: Olivia de Havilland, en una imagen de estudio. (Cordon Press)
Olivia de Havilland, en una imagen de estudio. (Cordon Press)

"Pasear a su lado por la vida fue muy agradable, señora". La frase se la dijo, allá por 1941, un heroico general Custer a su esposa en 'Murieron con las botas puestas'; o lo que es lo mismo: un apolíneo Errol Flynn a su Olivia de Havilland. Aquella fue la última película de la pareja más emblemática del cine de capa y espada de los años 30. También sería un perfecto epitafio para la hoy fallecida Olivia. La actriz ha muerto a los 104 años mientras dormía en su casa en París.

Tras las muertes de Doris Day y Kirk Douglas, las vacantes de la Edad Dorada eran mayores que nunca. Si nos ponemos a contar, son muy pocas las grandes estrellas de aquel cine irreal y lleno de luminarias que siguen en este mundo. La principal era, sin duda, la buena de Olivia.

Olivia de Havilland, en una imagen de 1938. (Cordon Press)
Olivia de Havilland, en una imagen de 1938. (Cordon Press)

Las últimas fotografías que datan de ella aún la mostraban con vitalidad y algo de la gran belleza que un día fue. Realizadas por Agence Photo en diciembre de 2018, las instantáneas nos enseñaban por qué la Melita de la ahora polémica 'Lo que el viento se llevó' era toda una superviviente (paradójicamente, ella era el único personaje que fallecía en la cinta). También por qué tuvo la energía suficiente como para denunciar ante los tribunales que la serie 'Feud' estaba haciendo un uso malintencionado de su imagen (en aquella serie sobre la rivalidad entre Bette Davis y Joan Crawford era interpretada por Catherine Zeta-Jones).

Hace poco más de dos años, el Tribunal de Apelaciones de California dictaminó que los creadores de 'Feud: Joan contra Bette' llevaban razón: su libertad creativa prevalecía sobre la demanda que interpuso la mítica actriz al verse retratada como una “vulgar cotilla” en la ficción. El tribunal consideró, además, que la descripción que se hace de la Olivia de Havilland que encarnó Zeta-Jones en la serie no era "difamatoria”.

La demanda de la protagonista de 'La heredera' o 'Lo que el viento se llevó', que a su edad mantenía una lucidez sorprendente, surgió a raíz de ver la serie. Escandalizada ante el retrato que se hacía de ella, contando chismes de David y Crawford y llamando 'zorra' a su hermana y eterna enemiga, Joan Fontaine, decidió demandar a los productores por calumniarla y por “mala publicidad” al representarla como una cotilla que, para colmo, decía ese tipo de barbaridades sobre su propia familia.

Su famosa enemistad con Joan Fontaine

Ganadora de dos Oscar y considerada una de las mejores actrices de la historia, Olivia de Havilland también fue la comidilla de todo Hollywood por su enemistad con Fontaine. Hace tres años, se atrevió a hablar de un tema, el del supuesto odio hacia su hermana, que había esquivado durante décadas. "Una disputa implica una conducta hostil entre dos partes. No puedo pensar en un solo caso en el que iniciase un comportamiento hostil, pero puedo pensar en muchas ocasiones en las que mi reacción fue de defensa ante un comportamiento desconsiderado de ella".

Joan Fontaine y Olivia de Havilland. (Cordon Press)
Joan Fontaine y Olivia de Havilland. (Cordon Press)

Su mala relación, que forma parte de la historia del cotilleo hollywoodiense, se remonta a la ceremonia de los Oscar de 1942, cuando las dos competían por el premio a la mejor actriz. Sin embargo, Olivia confesó en la entrevista que el recelo entre ambas surgió cuando eran apenas unas niñas. "Mi comportamiento hacia ella siempre fue cariñoso, a veces distante y en los últimos años la relación se rompió". En el reportaje, a Olivia también le tocó describir la personalidad de Joan. "Era una persona brillante, con múltiples talentos, pero con astigmatismo con respecto a su percepción de la gente y los acontecimientos, lo cual la hizo reaccionar a menudo de manera injusta y prejuiciosa".

Olivia de Havilland, en una imagen de archivo.
Olivia de Havilland, en una imagen de archivo.

Nacida en Tokio en 1916, el contrato que firmó con Warner a mediados de los años 30 le permitió convertirse en uno de los rostros más conocidos de la gran pantalla gracias a la pareja que formó con Errol Flynn en cintas como 'El capitán Blood' (1935) o 'Robin de los bosques' (1938). El actor, conocido por su fama de granuja y mujeriego, le tiró los tejos a pesar de estar casado con la también actriz Lili Damita. Sin embargo, Olivia reconoció que pese a rechazarlo sí que estuvo enamorada de él.

Errol Flynn y Olivia de Havilland en 'Robin de los bosques'. (Warner)
Errol Flynn y Olivia de Havilland en 'Robin de los bosques'. (Warner)

Con el tiempo, De Havilland quiso demostrar su valía más allá del cine de aventuras y, contrariamente al deseo de Jack Warner, al que acabaría denunciando por los contratos abusivos que sufrían las estrellas por entonces, acabó consiguiendo el papel de Melania en 'Lo que el viento se llevó' (1939). Gracias a su denuncia se creó una ley llamada 'de Havilland' que los de su profesión siempre le agradecieron por acabar con el estricto control que los estudios ejercían sobre los actores. Personajes como el de 'Nido de víboras' (1948) o 'La heredera' (1949) le dieron prestigio y la convirtieron en una de las mejores actrices de la historia.

En lo personal se casó dos veces: la primera con Marcus Goodrich y la segunda con Pierre Galante, del que también se divorció en 1979 y al que, pese a sus diferencias con él, cuidó en su lecho de muerte. Desde entonces, la actriz prefirió vivir sin “complicaciones sentimentales” en su pequeña casa de París, desde donde agradeció todas las muestras de afecto que le llegaban como una de las últimas supervivientes del Hollywood dorado. La enemistad con su hermana, en la mente de todos los cinéfilos que siguieron sus carreras, también ha sobrevivido al paso del tiempo, mientras sus apariciones públicas se iban se iban espaciando.

Cuando en 2004 presentó un homenaje a los históricos premiados con un Oscar, no hubo figura pública que no moviese el culo de su asiento y se pusiese en pie para aplaudirla. Muchos dirán que es cuestión de supervivencia, pero la realidad es bien distinta. Olivia era una gran profesional y además ha sido, hasta el día de su muerte, una de las últimas pertenencias de un tipo de cine que engrandecía la vida de los que lo veían con sus épicas mentiras. Por eso es un honor que se haya mantenido entre nosotros durante tantos años.

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