Bill y Melinda Gates: ¿cómo repartirse la cuarta mayor fortuna del mundo?
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130.500 millones de dólares

Bill y Melinda Gates: ¿cómo repartirse la cuarta mayor fortuna del mundo?

La pareja se casó en 1994, un 'perfect timing' ya que él se convirtió en el hombre más rico de 1995 por obra y gracia de Microsoft

placeholder Foto: Bill y Melinda Gates. (CP)
Bill y Melinda Gates. (CP)

No es habitual que los principales diarios financieros incluyan en sus portadas la noticia de un divorcio, pero el inesperado comunicado de separación entre Bill y Melinda Gates tras 27 años de matrimonio bien merece un análisis sesudo y exhaustivo de su impacto económico. Seguirán compartiendo, claro, a sus tres hijos, Jennifer, Rory y Phoebe, y el que podría considerarse el 'cuarto retoño' de la pareja, la fundación filantrópica que lleva su nombre y que está a pleno rendimiento con las vacunas del covid. Pero ahora van a necesitar más que una tabla de su querido Microsoft Excel para ver cómo distribuyen una fortuna valorada en 130.500 millones de dólares (108.700 millones de euros al cambio de hoy), una residencia de 6.000 metros cuadrados en el estado de Washington, varios ranchos distribuidos por territorio estadounidense y casi 250.000 acres en tierras de cultivo que los convierten en los mayores terratenientes del país.

Foto: Bill Gates, en una imagen de archivo. (Reuters)

Bill y Melinda se casaron en 1994. Un ‘perfect timing’, ya que él se convirtió en el hombre más rico de 1995 por obra y gracia de Microsoft. Este puesto hoy es ocupado por otro gurú tecnológico, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, pero Bill puede vengarse de manera dudosa protagonizando el divorcio más caro de la historia. Jeff y McKenzie Bezos abrieron una liga completamente nueva en divorcios ‘made in Silicon Valley’ en abril de 2019. Llevaban 28 años casados y, con la ruptura, la escritora y filántropa se embolsó 39.000 millones de dólares en acciones de Amazon (que ya se han revalorizado un 75% con el boom tecnológico de la pandemia) que la catapultaron automáticamente a copar la lista de mujeres más ricas del mundo. Con ese presupuesto, no es de extrañar que rehiciera su vida en tiempo récord y en 2021 se volviera a casar con un profesor de Seattle. Pero no está tan claro cómo pueden quedar las cosas para los Gates, aunque de momento las cotizaciones de Microsoft, por mucho que Bill Gates se apeara el año pasado de la compañía (de la que todavía posee 26.000 millones de dólares en acciones), han amanecido a la baja.

placeholder Bill y Melinda, en una imagen de archivo. (Reuters)
Bill y Melinda, en una imagen de archivo. (Reuters)

No se sabe todavía si será una separación equitativa de bienes o si tenían contrato prematrimonial, pero parece que el estado de Washington, donde la pareja vivía, tiene una política de bienes gananciales en los matrimonios. Es decir: todo lo amasado/adquirido por cualquiera de los cónyuges pertenece a ambos por igual. Queda la posibilidad de un acuerdo de divorcio o de una ‘doctrina Gates’ al estilo Botín, pero si se aplica la ley y Melinda se queda con el 50% de la fortuna, Forbes estima que su patrimonio se colocaría en los 65.250 millones de dólares. Superaría así a McKenzie Scott (su nuevo nombre), cuya fortuna es ahora de 59.800 millones de dólares, después de haber donado a la caridad 6.000 millones durante la pandemia.

¿Y las propiedades?

Las miras están puestas en la mencionada casa en Medina, a orillas del lago Washington, que no solo es extensísima como para que nunca se encuentren aun si siguen compartiendo residencia, sino que tiene tantas excentricidades que fue apodada como la Xanadú 2.0, en referencia a la delirante mansión de la mítica ‘Ciudadano Kane’. En aquella película, Orson Welles parodiaba los delirios de grandeza del magnate Charles Foster Kane y no son pocos los excesos de ‘Ciudadano Gates’. Según la web inmobiliaria Realtor, su valor de mercado en 2019 era de 131 millones de dólares para una propiedad que costó 7 años y 60 millones de dólares poner en pie en los noventa. Atención a los extras: una piscina con música subacuática, paredes llenas de cableado y fibras ópticas que convierten la ‘humilde morada’ en un templo de la domótica, una biblioteca presidida por el manuscrito de Leonardo Da Vinci que Bill Gates compró por 30,8 millones de dólares y, lo que más llamó la atención en su día a los medios, una sala con camas elásticas con un techo de seis metros. Dos propiedades en Florida, una mansión en California y dos ranchos (uno en Montana y otro en California, con pista de carreras de caballos incluida, pues su hija Jennifer es amante de la hípica) se suman, entre otros, a los bienes a repartir.

La fundación

Todavía nos queda hablar de lo que no se reparte: la multimillonaria fundación creada en el año 2000 que se ha dedicado a la filantropía con el mayor presupuesto jamás concebido para este fin: casi 50.000 millones de dólares y 1.600 empleados para reducir la grieta de la desigualdad en el mundo, lo cual levanta no pocas suspicacias. Su gesta más reciente: financiar 100 millones de vacunas para el covid-19 destinadas a países de escasos recursos.

Varios millones de dólares arriba o abajo, lo que queda claro es que nada puede igualar a un divorcio tecnológico. Nunca se desvelaron los detalles de la separación del magnate de Google Sergey Brin en 2013, pero lo cierto es que, en la lista de divorcios millonarios elaborada por Forbes con motivo de la reciente noticia, por detrás de Bezos y Gates, el tercero en la lista fue ‘solo’ de 1.300 millones de dólares: el del financiero Bill Gross y su exesposa Sue. ¿Algún otro matrimonio de oro que deba poner sus barbas a remojar? La segunda fortuna del mundo está en manos de la industria textil, en concreto de Bernard Arnault, que lleva casado desde 1991 con Hélène Mercier; la tercera en manos del poliempresario Elon Musk (Tesla, Space X y un largo etcétera) que ya picó ese anzuelo tres veces pero ahora tiene una relación sin registro civil de por medio con la cantante Grimes; y la quinta está en manos de Mark Zuckerberg, que tiene un patrón más parecido a Gates y Bezos en su relación de pareja con Priscilla Chan, con la que se casó en 2012.

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