Cómo saber cuál es el momento perfecto para vivir en pareja

Gestionar la convivencia y una vida en común son tareas muy complicadas. Pero se pueden paliar las desastrosas consecuencias si tienes en cuenta algunas de estas indicaciones

Foto: Os compenetráis en muchos aspectos de vuestra vida, pero ¿estáis preparados para compartir el mismo espacio? (Foto: Barqet)
Os compenetráis en muchos aspectos de vuestra vida, pero ¿estáis preparados para compartir el mismo espacio? (Foto: Barqet)

Vale, sí. Os habéis escapado algunos fines de semana y puede que incluso hayáis ido de vacaciones a algún lado durante el verano. Es posible que conozcáis a algún miembro de la familia del otro y que cada uno de vosotros tenga ya dos juegos de cepillos de dientes repartidos por el mundo. ¿Amistad? Afirmativo. ¿Sexo? A pleno rendimiento ¿Estilo de vida? Compatible. Sí, sois una pareja decididamente estable. Pero... ¿ha llegado ya el momento de que os vayáis a vivir juntos? Si os habéis planteado dar este paso este mes coincidiendo con la vuelta a la rutina pero os asusta el reto, hay cinco preguntas clave que debéis plantearos.

1. ¿Hacia dónde vamos?

Lo primero que tenéis que plantearos es si vivir en el mismo domicilio significa, además, vivir juntos. Puede parecer una perogrullada, pero no es así. En España, una de cada siete parejas estables es pareja de hecho, pero la convivencia bajo un mismo techo puede significar muchas cosas distintas. Hay muchos grados de gris entre el “ya veremos qué ocurre el mes que viene” y “esto solo es el prólogo de comer perdices hasta que la muerte nos separe”. Es importante que ambos estéis en el mismo punto de la relación antes de dar el paso. Y si esta conversación es una charla tan incómoda que no os atrevéis a tener, es que el momento no ha llegado aún.

2. ¿Qué hacemos con los detalles prácticos?

Además de la vertiente emocional del asunto, el otro gran aspecto a abordar es el económico. Vivir juntos, aún cuando en la dimensión emocional os la toméis de un modo muy relajado, comporta cambios en vuestra situación. Cantaba Serrat que “bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero”, pero desde poner la fianza para un alquiler hasta domiciliar los recibos en una cuenta conjunta, hay que pensar bien cómo va a encajar la nueva situación en vuestras respectivas economías y muy especialmente si vuestro nivel de ingresos es muy dispar.

La doctrina del Tribunal Supremo asegura que no tenéis obligaciones económicas el uno con el otro si no estáis casados o habéis firmado algún tipo de acuerdo, así que es importante sentar unas bases, y plantearse si merece la pena o no obtener algún tipo de documento legal. Igual tampoco es necesario que tengáis previsto hasta el último detalle de quién paga qué, pero si uno guarda hasta el ticket de caja mientras el otro tira de tarjetas de crédito, tenéis un problema en el horizonte. Además, si hay presiones económicas para que viváis juntos (el fin de un contrato de alquiler o una deuda económica), hay que conversar sobre qué se hace cuando vuelvan las vacas gordas.

3. ¿Qué ocurre si no funciona?

Ir a vivir juntos es un acto de fe, pero no tiene por qué ser un acto de inconsciencia. Y tampoco es el final del camino en una relación, sino que una vez juntos hay que seguir trabajando. Igual que en el mundo laboral existen baremos para medir el éxito de un proyecto, hay que ir replanteándose todas las preguntas anteriores de vez en cuando, porque las personas cambian y sus objetivos con ellas. Si la convivencia no fluye, es complicado volver a ser pareja y vivir separadamente, aunque no imposible. Es importante planificar en la medida de lo posible las primeras semanas después de la mudanza para facilitar el aterrizaje en la nueva vida y entender que un periodo de ajuste es inevitable.

4. ¿Cómo gestionamos la independencia?

Igual que ir a vivir juntos conlleva una inversión económica, también implica un reajuste en nuestra forma de ser, nuestras aspiraciones y nuestro estilo de vida. Si tenemos ideas totalmente dispares acerca de las horas de sueño, los hábitos alimentarios y la necesidad de pasar tiempo en solitario habrá que ir buscando formas de comunicar nuestras necesidades asertivamente. Aunque irse a vivir juntos nos exija atención y recursos, estamos en nuestro derecho (y nuestro deber) de seguir creciendo como personas.

5. ¿Y cómo gestionamos la dependencia?

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, escribió Ortega y Gasset. Nos guste o no, al comenzar a vivir juntos nuestra vida social se duplica de golpe, hay dos familias que os vendrán a visitar, es posible que adquiramos nuevas mascotas y esa afición aburrida de tu pareja es un evento más en tu agenda. Es importante que las reglas del juego estén claras, y en particular si uno de los dos ha ido a vivir a casa del otro, porque de lo que se trata, al fin y al cabo, es de ser más felices juntos... con todo lo que esto conlleva.

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