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¿Hay futuro para la moda española? La odisea de ser joven diseñador aquí

Vivir por amor al arte. Esa es la premisa que siguen los diseñadores cuando comienzan. El arte da muchas alegrías. Hasta que llega la hora de hacer las cuentas.

Foto: ¿Hay futuro para la moda española? La odisea de ser joven diseñador aquí

Vivir por amor al arte. Esa es la premisa que siguen todos los jóvenes diseñadores cuando comienzan su andadura. El arte da muchas alegrías y satisfacciones. Los diseñadores crean sus colecciones, las suben a la pasarela y la gente las admira. "¡Qué innovador! ¡Qué transgresor! ¡Este artista ha venido a aportar algo nuevo!". Todo es perfecto… hasta que llega la hora de hacer las cuentas. Los diseñadores (tanto los júnior como los sénior) tienen la mala costumbre de comer, tener una casa y pagar facturas. También tienen la manía de perseguir sus sueños. Unos sueños que no son, precisamente, baratos. Tejidos, patronistas, talleres, mano de obra, tiempo; todo vale dinero. Un dinero que a veces tarda en llegar. O no llega.

Los sénior juegan con ventaja: tienen un nombre, una firma reconocida que atrae y da confianza al público. ¿Y los jóvenes? Conocemos sus colecciones. A algunos les hemos visto en los stands de Samsung Ego, la pasarela de jóvenes creadores de Mercedes-Benz Fashion Week. De otros hemos oído hablar en los medios. Pero ¿realmente sabemos cómo viven? ¿Funciona la industria de la moda? ¿Les da dinero? ¿Venden lo suficiente como para poder vivir de su firma?

La realidad es que casi ninguno vive de su trabajo. El éxito en la moda, en muchas ocasiones, no va acompañado de ingresos económicos. Si no, que se lo digan a David Catalán, el joven diseñador que se alzó esta edición con el premio al mejor diseño emergente en la Pasarela EGO.

Coverless, su colección, entusiasmó al jurado. Una colección que ha costado dinero. Bastante dinero. ¿De dónde lo ha sacado? "Tras dos años con la firma, hemos crecido, pero no a nivel empresa", asegura. Pero el joven riojano tiene suerte. "Mami y papi" -en sus palabras- le están ayudando. "El comienzo, como todo, es prestado, de la familia", añade. Sus diseños no le dan de comer: no vende en boutiques ni tiene tienda online, aunque la está preparando. "Espero vivir de ello en un futuro. Yo lo veo viable", detalla.  

La situación de Paula Boadas y Jessica Raya, las diseñadoras de SSIC AND PAUL, no es muy diferente. "Crear una colección cuesta mucho dinero, pero se saca de donde se puede", aseguran. A ellas no les ayuda nadie económicamente. Y, a pesar de que cada vez tienen más puntos de venta en España, su firma no les da para vivir, de momento, pero "sí para seguir invirtiendo"

Y es que, aunque el diseño y el patronaje lo hacen ellas, tienen que pagar a un agente comercial, a una modista, un taller... Algo que sabe muy bien Antonio Posadas. Después de tres años y medio con su firma, va tirando gracias a los encargos a medida. "Sastrería y trajes de novia. Funcionamos mucho por encargo", confiesa el diseñador, que arrancó su negocio gracias a sus ahorros y a lo prestado por su familia.

Ahora, dedica todo lo que gana a reinvertir en el negocio. Y, aunque es optimista, reconoce que es complicado llegar a ser reconocido en el mundo de la moda. "En España, aunque tengas un producto muy bien hecho, las tiendas no llegan a arriesgar. No están muy dispuestas a apoyar a los jóvenes diseñadores. No se fían. En cambio, el público nos brinda una acogida bastante buena: se implica contigo y en tu crecimiento”, apunta.

Un crecimiento del que pueden dar fe Imma Serra y Xènia Semis, las creadoras de RitaRow. Con presencia en 18 puntos de venta multimarca en España y con su tienda online, van sacando el negocio adelante. Las diseñadoras, que empezaron pidiéndole dinero al banco, tienen las cosas claras a nivel empresarial: trabajan por muestrario según venta; así no arriesgan y tienen el tiro asegurado. Y, de momento, no les ha ido nada mal.

"Primero tienes que tener muy claro qué quieres hacer: ¿vender o desfilar y que todo sea una pantomima? Nosotras tuvimos muy claro desde el principio que esto era una empresa y que lo que sostiene una empresa de moda son las ventas. Desde el primer día hemos estado enfocadas en tiendas, tiendas, tiendas… Lo primero es poder tener la economía para sostenerte; lo de desfilar y eso, bueno, ya se verá si viene", añaden.

Sobre desfiles e ingresos puede hablar largo y tendido Beatriz Peñalver. Aunque empezó con el dinero de "su amigo el banco", gracias a sus creaciones, la diseñadora es una de las jóvenes promesas del mundo de la moda. Algo que, en este caso, además va acompañado de ingresos. “Nos da para vivir. Tenemos ocho puntos de venta en España y la tienda online, que funciona muy bien", cuenta orgullosa Peñalver, que habla también en nombre de su equipo. ¿Su secreto? Aparte de sus atrevidos diseños, se mueven mucho en redes sociales, televisiones y eventos.

¿Su próximo paso? Participar en la siguiente MBFW y la internacionalización de su marca. Un sueño que coincide con el de Brianda Fitz-James Stuart, Ana Rodríguez García e Isabel Fernández de Castro, las jóvenes que hay detrás de Planet Palmer Project. Comenzaron gracias a sus ahorros e "inversión propia" y tienen tienda online. "En un futuro tenemos pensado vender a tiendas multimarca, pero estamos esperando a tener dinero para irnos a París", confiesa Brianda, que reconoce que su firma no les da para vivir, pero no han perdido dinero, "que eso ya es algo".

Al menos ellas son tres socias y se pueden ayudar mutuamente. Ángela Bang, que empezó con su firma hace cuatro años, intenta sacar adelante su negocio ella sola. Aunque vende en un punto físico en Barcelona y en su página web, a veces no le queda más remedio que "acudir a otra empresa" a hacer trabajos extra, pues "es imposible" que ahora mismo tenga beneficios. "Pérdidas sí que tenemos, y más en un negocio nuevo", añade. Y aunque reconoce que es complicado, tiene la "total confianza de poder vivir de ello algún día".

"Posible es, pero tienes que sacrificar muchas cosas, a veces es vida personal por trabajar", apunta Maite Grande, la diseñadora de Ifeelnut, que comenzó con "ahorros propios". A pesar de que tiene beneficios -que dedica a reinvertir-, de momento su firma no le da para vivir. 

"La gente, acostumbrada a Zara y a toda esta basura, se asusta cuando le dices que una prenda cuesta 80 euros. Es así de triste. Todavía queda camino para que se sepa apreciar algo hecho a mano y de una tirada muy corta", afirma Ibone Álvarez, una de las tres integrantes de Killing Couture, cuya firma tampoco les reporta suficientes ingresos para vivir de ello.

La moda es un arte, pero también un negocio. Muy pocos diseñadores llegan a tener éxito. De hecho, de las nueve firmas que incluye el reportaje, solo Beatriz Peñalver -que, curiosamente, estudió Finanzas y trabajaba en un banco antes de fundar su firma- asegura tener suficientes beneficios como para vivir de ello holgadamente. España reconoce el talento de las nuevas firmas, pero ¿está realmente preparada para invertir en ellas? ¿Es posible llegar a vivir de la Moda? ¿Hay futuro para los jóvenes diseñadores? Se dice que la ilusión mueve montañas, pero, lamentablemente, a veces eso solo no es suficiente.

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