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ASÚMELO: HA LLEGADO EL OTOÑO

Cambio de armario: cómo guardar tu ropa de temporada sin condenarla al desastre

¡Haz limpieza de otoño! Los trucos para ordenar y actualizar tu armario

Foto: Cambio de armario: cómo guardar tu ropa de temporada sin condenarla al desastre

Como si la expresión 'pillarte en bragas' se hubiese hecho realidad, el tiempo ha cambiado de la noche a la mañana y te estás enfrentando a la ciclogénesis explosiva en shorts y chanclas de playa. Ha llegado el momento de asumirlo: el otoño ya está aquí y tienes que despedirte de tus trapitos veraniegos. Toca sacar la ropa de invierno y guardar la que tan bien has lucido durante estos meses. El terrible y tedioso cambio de armario.  

Empiezas a sacar bolsas con abrigos, botas, jerséis, medias... Y además de un bajón total o la alegría máxima -dependiendo de lo friolero o caluroso que sea uno-, te das cuenta de que todo está hecho polvo. Arrugado, descolorido, medio sucio, lleno de bolas y con un olor a cerrado que ni el sótano de Posesión infernal. Vamos, que un año más te preguntas: "¿Qué es lo que he hecho mal?". Y aún más: "¿Por qué sigue aquí aquel vestido de lentejuelas de talla infantil que nunca te has puesto ni te pondrás y guardas una temporada tras otra?". 

Si no quieres entrar en un loop vital sin fin en el que guardas la ropa de una temporada y te encuentras con gurruños procedentes de la otra, deberías empezar a tomar algunas medidas para conservar tus prendas en perfecto estado. Tus modelitos preferidos, tu tiempo y tu autoestima te lo agradecerán si sigues estos sencillos consejos para guardarlo todo adecuadamente. 

1. LA SELECCIÓN: ¿te quiero (o no) en mi equiponbsp;

No pierdas los nervios: has empezado a descolgar de las perchas todas tus prendas veraniegas y quieres perderlas de vista cuanto antes. Ya, en la calle hace frescor, pero a lo largo del invierno no te va a sobrar todo. Hay algunas que puedes usar durante todo el año, como camisas, chaquetas de entretiempo o la mayoría de los pantalones, así que mejor no empaquetes a lo loco. 

Sí, amigos. El cambio de armario es el momento ideal para descartar aquellas prendas que no te has puesto en toda la temporada -que, al tercer verano, ya deberías asumir que jamás usarás- y deshacerte de las que están deterioradas, pasadas de moda, las que no te entrarían ni quitándote de comer dos años o todos esos complementos que no sabes con qué combinarlos, porque, ¡eh!, ¡son extremadamente feos!   

Aquí hay varias opciones. La mejor, regalar o donar todas las que estén en buen estado para que alguien pueda aprovecharlas, y si te he visto no me acuerdo. Eso sí, cuidado con el concepto 'disfraz'. No te preocupes, lo hacemos o lo hemos hecho todos: guardar una prenda infame que jamás te ha sentado bien pensando que quizás te sirva para un carnaval. En serio, ¿qué te hace pensar que llegado el momento de vestirte de chimpancé con ébola te va a venir bien esa horrorosa chaqueta con pelillo marrón?  

2. SEAMOS LIMPIOS: lavar antes de guardar 

Se lo has escuchado a tu madre una y otra vez, pero siempre pasas de su consejo. Pues muy mal. Estas señoras suelen llevar razón y es cierto que es mucho mejor guardar las prendas limpias. No solo el edredón nórdico o los abrigos de paño (que de hecho deberías llevar antes a la tintorería para un buen lavado en seco), los bañadores, camisetas y pantalones de lino se conservarán más tiempo si los almacenas sin ninguna mancha o residuo del último día que los llevaste.

Sin lugar a dudas, este paso es primordial para asegurarte que estarán en perfecto estado para usarlas de nuevo el próximo verano. Di adiós a las marcas de sudor, los negrones de los bajos de los pantalones, molestos hedores de bares de tapas e incluso a los invisibles al ojo humano restos de arena de playa. Conservarán su textura y color original, y dentro de seis meses no pensarás que se te coló un paño de cocina entre tus prendas preferidas.   

3. ALMACENAMIENTO: mide bien el espacio

Para poder almacenar toda la ropa de otras temporadas deberás buscar un espacio adecuado. En el mejor de los casos tendrás una buhardilla o desván. Si estás entre el resto de los mortales, busca un hueco en el altillo del armario, una cajonera o cómoda que no uses, debajo de la cama o algún rincón libre. Si puede ser un lugar seco, con poca luz solar y con una temperatura idónea, lo has petado.

© katharinemorling.co.uk
© katharinemorling.co.uk

Dependiendo de la cantidad de sitio que tengas, tendrás que escoger entre cajas de plástico -en la medida de lo posible, evita las de cartón que pueden ser un nido de humedades y plagas-, bolsas de cierre hermético o sacas industriales donde te quepa la máxima cantidad y puedas estrujarla. ¡Que no! Precisamente lo que tienes que evitar es aplastarlo todo. Aunque no te quede otra que las bolsas de plástico del Mercadona, procura que estas mantengan una forma relativamente cuadrada para que puedas ordenar todo correctamente. Un truquillo: haz una base con un trozo de cartón, así protegerás mejor las prendas de abajo y la montaña se mantendrá lo más erguida posible.   

Un último apunte: si vas a dejar algo colgado dentro del armario, usa perchas de madera o de plástico resistente porque las de alambre suelen deformarse. Si además puedes cubrir la ropa emperchada con una tela para evitar que le caiga polvo y se arrugue de más, fenomenal. 

4. DOBLAR Y PROTEGER: que no se la coman las polillas

Para que ocupe menos y se conserve mejor, es obvio que no vas a meter la ropa hecha una bola. Dóblalo todo con calma procurando que tenga los menores pliegues y arrugas posibles. Eso para faldas, shorts, camisetas o camisolas. Las prendas largas como vestidos, trajes o pantalones, es mejor protegerlas con fundas y colgarlas. Déjalas al fondo del armario.   

Las bolsas o cajas que hayas preparado ayudarán a proteger la ropa del polvo, la humedad y las temidas polillas. Sí, esos molestos insectos que, al más puro estilo Britney Spears, son auténticos destructores de moda. Así que si no quieres que tu vestido de flores aparezca con más agujeros que un colador, añade algún producto que los repela. Mejor aún si optas por un remedio casero, como introducir un saquito de lavanda, clavos de olor, cedro, naftalina, alcanfor e incluso un poco de cáscara de naranja o limón. Los productos antipolillas químicos son eficientes, desde luego, pero si no tienes cuidado, el desagradable olor que desprenden será tu nuevo 'eau de toilette verano 2016'.

5. SIGUE UN ORDEN: precauciones por si te vas al Caribe

Al almacenar la ropa procura aplicar la lógica para que después te sea más fácil localizar cualquier prenda. Es decir, los pijamas con los pijamas, las camisetas con sus hermanas de mangas cortas o largas, los vestidos quizás con las faldas, y no, los bañadores, por poco que ocupen, no los metas en mogollón dentro del cajón de la ropa interior. Al menos no lo hagas si no quieres que se estropeen y la lycra se desintegre en la piscina el verano que viene.     

Es recomendable poner etiquetas o rótulos en las cajas o bolsas para identificar el contenido de cada una por si de pronto necesitas algo puntual para un viaje o, venga va, fiesta de disfraces. Ríete, pero quien no haya sacado los camisones de raso cuando buscaba un peto vaquero que tire la primera piedra.

Por otro lado, para guardar y conservar los zapatos, es mejor que metas cada par en una caja o bolsa individual y los rellenes por dentro con algo de papel para que mantengan su forma.

6. DATE UNA RECOMPENSA: la mejor despedida  

Por último, un consejo mental: tómate el cambio de armario como una tarea que harás con paciencia. No deja de ser una labor que requiere tiempo y energía, pero merece la pena para conservar tu ropa impecable.

Cuando acabes, sonríe, autoabrázate y disfruta del momento. Puede que no vuelvas a ver tu armario así de organizado hasta el verano que viene. Eso sí, nunca te vayas de shopping para celebrarlo. No te preocupes, que la temporada otoño-invierno da para largo y seguro que caerá un nuevo proyecto de disfraz que almacenarás la próxima primavera. 

Si es que no aprendemos.   

Moda

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