Crítica de 'Respira' (T2): médicos, sanidad pública y el debut de Pablo Alborán en una serie obvia pero entretenida
Obvia en sus planteamientos y recargada de personajes y subtramas, también es un producto digno que nos hace temer los males que acechan a todo lo público y reflexiona sobre la degradación de nuestro sistema sanitario
No hay más que escuchar a Carlos Montero, la cabeza pensante tras'Respira', para intuir que esta serie es, como sus trabajos en 'Élite' o 'Física o Química', un enorme entretenimiento. Y en esa tarea, amigos lectores, esta serie de médicos, que sigue la noble tradición de 'Urgencias', cumple con creces.
La primera temporada se convirtió en un fenómeno digno de consideración. Todo el mundo la vio, pese a ponerla a parir en las conversaciones de bar. La prensa fue la que hizo más sangre, resaltando sus tramas imposibles, su crítica liviana y superficial de la privatización de la sanidad pública y su formato de telenovela coral, con multitud de personajes a los que amar u odiar.
Pocas de esas reseñas tenían en cuenta que prácticamente media España estaba integrada en el reparto de la serie. Y por algo sería. De Alfonso Bassave, como director del hospital, a Aitana Sánchez Gijón como una doctora que vive horas malas a causa de las adicciones de su hijo. De Manu Ríos, como joven amante de Blanca Suárez, a Najwa Nimri como ministra despiadada y de derechas que "vende un hospital a cambio de un tratamiento", en palabras de uno de los personajes.
Actores con peso propio que se sumaron a un reparto coral, a lo Robert Altman, para configurar un producto tan eficaz y adictivo como olvidable.
Blanca Suárez y Manu Ríos en 'Respira'. (Netflix)
Al plantel se suma, en esta nueva temporada, un Pablo Alborán que, con su Jon Balanzetegui, cirujano plástico de urgencias, debuta en el mundo de la interpretación. Para todos los que nos lean con la esperanza de saber qué tal se las apaña el malagueño ante la cámara, diremos que nada mal.
Su personaje no es el Kowalski de 'Un tranvía llamado deseo', pero su aplomo para enfrentarse a tiburones de la actuación como Aitana Sánchez-Gijón, que lo abronca durante una de las secuencias más tensas de la ficción, merece cierto reconocimiento.
Él y la privatización del hospital Joaquín Sorolla, nada más comenzar el primer episodio, son las grandes novedades de la producción, que sigue muchas de las directrices de la temporada previa.
El triángulo amoroso formado por Blanca Suárez, herida de gravedad en los primeros capítulos, Manu Ríos y Alfonso Bassave se intensifica. La enfermedad de Najwa Nimri tiene posibilidades de curación gracias a la introducción de un nuevo personaje, el de la francesa Sophie Lafont.
Esta última sirve de ejemplo perfecto de lo que es 'Respira': un personaje con casi todos los tópicos que pueda tener un personaje galo, empezando por el acento.
Como tópico es el enfrentamiento del personaje de Manu Ríos con su padre, que llega para vigilar de cerca la privatización del centro, o algunos de los diálogos. "Privatizar este nido de rojos", le dice el asistente a la ministra enferma a la que da vida la inigualable (siempre es un gusto verla en pantalla, aunque sea haciendo el pino) Nimri.
Pese a lo que pueda parecer, ese corpus de clichés no molesta, sino todo lo contrario. 'Respira' es, digámoslo así, un espacio de confort; un lugar en el que la crítica a los males de la sanidad pública y su precariedad son tan evidentes que también resultan accesibles para todo el mundo. Donde los enredos de culebrón de sus mil subtramas (algunas prescindibles, está claro) recurren a narrativas de toda la vida para mantener la atención del espectador.
Cartel promocional de 'Respira' en su segunda temporada. (Netflix)
Haciendo la gracia, diremos que, entre los botiquines de la obviedad surgen las pastillas de lo ingenioso o lo impactante: la resonancia a la que se somete Nimri ante el personaje de Borja Luna como acto de amor romántico; el primer plano de esta frente al espejo cuando empieza a raparse el pelo como símbolo de su fragilidad enmascarada.
Con esa y otras secuencias, la segunda entrega de 'Respira' reivindica la noble tarea de entretener. Y si de paso sirve para que temamos los males que acechan a lo público o la degradación de nuestro sistema sanitario solo tenemos que aplaudirla. Aunque no sea una serie profunda ni pretenda serlo.
No hay más que escuchar a Carlos Montero, la cabeza pensante tras'Respira', para intuir que esta serie es, como sus trabajos en 'Élite' o 'Física o Química', un enorme entretenimiento. Y en esa tarea, amigos lectores, esta serie de médicos, que sigue la noble tradición de 'Urgencias', cumple con creces.