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Crítica de 'Heated Rivalry': cuando ser gay, deportista y salir del armario es una fantasía romántica
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Crítica de 'Heated Rivalry': cuando ser gay, deportista y salir del armario es una fantasía romántica

Inesperadamente tierna y reflexiva pese a su ritmo de videoclip, sus estilizadas secuencias de sexo gay y el carisma de sus protagonistas son un golpe en la mesa para aquellos retrógrados que aún niegan la diversidad en el terreno deportivo

Foto: 'Más que Rivales' y más que amantes. (Movistar Plus)
'Más que Rivales' y más que amantes. (Movistar Plus)

¿Qué ocurriría si un jugador del Real Madrid o del FC Barcelona se declarase gay públicamente? Los titulares ocuparían, seguramente, docenas de páginas, el futbolista en cuestión protagonizaría las taquicárdicas mesas políticas de la tv y se armaría un revuelo que haría palidecer la hiperbólica entrada de Cleopatra en Roma.

Pese a que estamos en 2026 y algo así tendría que ser perfectamente habitual, la noticia haría demasiado ruido en una sociedad en la que todavía tenemos que hacernos este tipo de preguntas en artículos como este...

La mejor prueba de ello es que la serie fenómeno del año, 'Heated Rivalry' (o 'Más que Rivales', insulso título castellano que no le hace justicia) ha generado conversación mediática porque habla de salir del armario en el deporte profesional (el hockey en este caso).

Un universo donde se supone que deben reinar los machotes heterosexuales de pelo en pecho que se comportan con la rudeza de un vikingo en celo.

Y porque plantea esta cuestión en clave de fantasía romántica, huyendo en parte de la realidad aunque la critique; aunque opte por un tono más agridulce de lo que puede parecer en principio. La ficción o el arte dando, una vez más, los pasos que no se atreve a dar la sociedad.

placeholder Los protagonistas de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus )
Los protagonistas de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus )

Shane Hollander (Hudson Williams) y el ruso Ilya Rozanov (Connor Storrie) son dos rivales acérrimos sobre la pista de hielo que, durante un erótico y mutuo descubrimiento de sus cuerpos en unas duchas, descubren una atracción irresistible el uno por el otro.

Estrellas absolutas en su profesión, mientras el mundo entero los considera los nuevos Góngora y Quevedo del mundo del hockey (pero con más músculos y más destreza en los mensajes de texto que sobre el papel), ellos mantienen tórridos y furtivos encuentros en lujosas habitaciones de hotel y apartamentos recónditos.

Un amor prisionero en el que incluso feminizan los nombres de contacto en sus respectivos teléfonos móviles. Nos vaya a ser que alguien los descubra y arme la de San Quintín.

placeholder Shane e Ilya, un amor prohibido. (Movistar Plus )
Shane e Ilya, un amor prohibido. (Movistar Plus )

Su química sexual, desarrollada a través de los años durante la década de 2010, es aún un tabú en un mundo lleno de testosterona y masculinidad tóxica.

Uno de los chicos se siente presionado por unos padres que lo consideran una máquina de hacer dinero, con docenas de marcas de lujo pululando a su alrededor.

El otro, heredero del estajanovismo soviético, está atrapado entre un padre que lo fuerza a la competitividad y a ganar a toda costa para llevar a Rusia a la gloria y un hermano sacacuartos que aprovecha la mínima para pedirle dinero.

placeholder El sexo, una de las partes fundamentales de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus )
El sexo, una de las partes fundamentales de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus )

Es importante resaltar las características de los dos personajes porque, por encima de las escenas sexuales, 'Más que rivales' se beneficia, precisamente, de construir a sus protagonistas más allá del cliché de sus cuerpos normativos; más allá de unos físicos apolíneos que, en esta ocasión, están justificados por la profesión de ambos.

placeholder Ilya Rozanov, sex symbol de la vieja Rusia. (Movistar Plus)
Ilya Rozanov, sex symbol de la vieja Rusia. (Movistar Plus)

Pese a la cosificación acrítica de sus físicos (algo impensable en el caso del cuerpo femenino y un melón que deberíamos abrir en algún momento) y a la abundancia de primeros planos que explotan su belleza; por encima de las volcánicas escenas de sexo, la segunda mitad de la ficción profundiza en ellos y va adquiriendo una gravedad que propicia una reflexión menos epidérmica.

Los fuegos de la cama pasan a ser los tiernos cánticos de un amor real e imposible que, gracias a la pericia de los dos actores, logra ganarse la empatía del público.

placeholder Ilyo, el ruso conquistador de la serie. (Movistar Plus)
Ilyo, el ruso conquistador de la serie. (Movistar Plus)

Formalmente, la ficción de Jacob TIerney (apunten el nombre, porque va a sonar bastante) nunca esconde su condición de videoclip. Los sobretítulos en pantalla que nos sitúan temporalmente o las dinámicas secuencias de partidos y sexo salvaje, con abundante música MTV de fondo, van dando paso a otros ritmos más calmados que huyen del camino trillado.

Por ejemplo, un tercer capítulo que se sale de la tangente y de la trama principal para contarnos una segunda historia de amor gay (entre jugador y camarero). Una subtrama que obviamente servirá de espejo a la del dúo protagonista.

placeholder Los dos jugadores en uno de sus furtivos encuentros sexuales. (Movistar Plus)
Los dos jugadores en uno de sus furtivos encuentros sexuales. (Movistar Plus)

O un último episodio que baja la temperatura y los decibelios y se convierte en un tratado romántico sobre la imposibilidad de amar en una sociedad que, en el fondo, sigue castigando todo aquello que se sale de lo normativo.

Un ramalazo bergmaniano cargado de planos de intimidad compartida que contrasta con lo que en episodios anteriores ha sido una especie de 'Queer as Folk' pasado por el filtro de los usos y costumbres del siglo XXI.

placeholder Uno de los pósters de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus)
Uno de los pósters de 'Heated Rivalry'. (Movistar Plus)

La serie creada por Russell T. Davies ha sido uno de los claros referentes a la hora de hablar de 'Más que rivales'.

Pero en aquella producción de finales de los 90 (y en su homónima adaptación norteamericana de los 2000) la reivindicación era menos sutil y el retrato mucho más coral. En este caso, centrarse en el idilio del chico tímido y cohibido con el canalla roto por dentro multiplica la sensación de aprisionamiento y de claustrofobia.

placeholder Reparto de la serie 'Queer as folk'. (Channel 4)
Reparto de la serie 'Queer as folk'. (Channel 4)

'Más que Rivales' no pasará a la historia por su originalidad formal pero sí por plantear la exposición pública de la orientación sexual en un gremio caracterizado por la heteronormatividad. Por encima de su calidad artística, es una producción tristemente necesaria.

Quizá por esta vez, la falta de sutileza no es un pecado sino una virtud que evita que la serie se acomode a los prejuicios y a la homofobia que dicta que las salidas del armario deben hacerse sin ruido.

Sus estilizadas secuencias de sexo y el carisma de sus protagonistas son un golpe en la mesa para aquellos retrógrados que aún niegan la diversidad en el terreno deportivo.

¿Qué ocurriría si un jugador del Real Madrid o del FC Barcelona se declarase gay públicamente? Los titulares ocuparían, seguramente, docenas de páginas, el futbolista en cuestión protagonizaría las taquicárdicas mesas políticas de la tv y se armaría un revuelo que haría palidecer la hiperbólica entrada de Cleopatra en Roma.

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