Lujo, veneno y culto: el fascinante viaje de las setas entre las tumbas de la antigüedad y las galerías de arte contemporáneo
Otro apetecible 'coffee table book' de Taschen nos recuerda la historia y las recetas de los hongos más preciados por los paladares gourmet: un anecdotario que es cocina, pero también historia y rituales con siglos de antigüedad
Las setas silvestres aparecen brevemente y, por lo general, solo una vez al año, lo que obliga a esforzarse para hacerse con ellas. (Cortesía)
‘The Gourmand’s Mushroom: A Collection of Stories and Recipes’, de la prestigiosa editorial Taschen, se incorpora a una serie que ya había dedicado dos volúmenes a alimentos tan imprescindibles como el huevo y el limón. La colección presenta ahora, en su tercera entrega, un volumen dedicado a los hongos en toda su amplitud.
El volumen arranca con una anécdota de lo más representativa situada en el Chelsea Flower Show de Londres, en 1999, organizado por la Royal Horticultural Society. En el prólogo asistimos a un pabellón con cocina, diseñado por Terence Conran —creador de las tiendas Habitat—,que exhibía hierbas, verduras y frutas en grandes recipientes metálicos. Para llegar a la cocina había que pasar junto a una caja transparente que permaneció cubierta hasta la llegada del jurado. Cuando retiraron la tapa, se vio un trozo de tierra sembrado de setas diminutas que comenzaron a crecer ante los ojos de los presentes. Aquel montaje, tan efectista como fascinante —no podía ser de otra forma—, ganó la medalla de oro de la edición.
‘The Gourmand’s Mushroom: A Collection of Stories and Recipes’. (Taschen)
A partir de ahí, el volumen nos enfrenta a dos certezas que están presentes en todas sus páginas: la brevedad y la rareza de los hongos. Ya en su prólogo nos cuenta que las variedades silvestres aparecen “brevemente” y, por lo general, “solo una vez al año”, y que cocineros y aficionados llegan a “hacer esfuerzos extraordinarios” y a gastar mucho dinero para conseguirlas. También se menciona a Antonio Carluccio, Roger Phillips y Jane Grigson entre los autores que ayudaron a popularizar el consumo de setas silvestres sin perder la cautela. En la cocina, la pauta que se propone es concreta: limpieza minuciosa, corte grueso, aceite de oliva, mantequilla, un poco de ajo, chalota, perejil y unas gotas de limón.
‘The Gourmand’s Mushroom' salta de la cocina a la historia cultural. Comprobamos que los hongos “no son ni plantas ni animales” y que han funcionado, según los casos, como alimento, medicina, veneno, sustancia psicoactiva, símbolo de estatus y motivo artístico. El recorrido empieza antes de la historia escrita, con referencias a pinturas rupestres en Australia, Tanzania y Argelia, y pasa por monumentos funerarios con forma de hongo en la región india de Kerala, fechados entre 2000 a. C. y 500 d. C.
El sencillo arte de disfrutar de una seta: limpieza minuciosa, corte grueso, aceite de oliva, mantequilla, un poco de ajo, chalota, perejil y unas gotas de limón
Después encontramos ejemplos de Mesoamérica, donde se han hallado “piedras de hongo” asociadas a rituales, y la mirada se detiene en Xochipilli, dios mexica del arte, la danza y las flores. La escultura del Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México muestra hongos ligados al ‘teonanácatl’, traducido como “carne de los dioses”. En Egipto, las setas eran consideradas “plantas de la inmortalidad” y estaban reservadas a la realeza. En Japón, el ‘matsutake’ aparece durante mucho tiempo como una seta escasa muy ligada a la nobleza y al regalo diplomático.
En la historia del arte occidental, una de las primeras apariciones del hongo se sitúa en el ‘Tríptico del carro de heno’ de El Bosco. No se afirma que el pintor consumiera alucinógenos, pero sí se señala que en los bosques próximos a su ciudad había especies comestibles, venenosas y psicoactivas, y se plantea que ese detalle pudo aludir a efectos alucinatorios y reveladores. Después llegarían las naturalezas muertas flamencas del siglo XVII, las ilustradoras micológicas del XIX, las acuarelas de Beatrix Potter y las hadas victorianas sentadas sobre sombreros de seta.
‘The Gourmand’s Mushroom: A Collection of Stories and Recipes’. (Taschen)
Las últimas páginas del volumen se mueven entre el arte del siglo XX y el bioarte del XXI. Aparecen la lata de sopa de champiñones de Warhol, los hongos de Cy Twombly, el falso documental de Dalí sobre Mongolia y las obras de arte que usan el hongo como imagen de una nube nuclear. También se citan exposiciones recientes en las que bacterias y hongos actúan como colaboradores activos.
La reflexión final de "The Gourmand's Mushroom", firmada por John Cage, el célebre compositor estadounidense de música experimental y un verdadero amante de los hongos, no requiere más explicaciones: "Es inútil pretender conocer el universo de los hongos, siempre escapará a tu erudición".
‘The Gourmand’s Mushroom: A Collection of Stories and Recipes’, de la prestigiosa editorial Taschen, se incorpora a una serie que ya había dedicado dos volúmenes a alimentos tan imprescindibles como el huevo y el limón. La colección presenta ahora, en su tercera entrega, un volumen dedicado a los hongos en toda su amplitud.