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se blindó la iglesia

Francis y María Suelves, la segunda boda exclusiva que vendieron los Franco

Los novios se casaron en 1981 en la iglesia de Altafulla (Tarragona), blindada para que ningún profesional ajeno rompiera la exclusiva pactada previamente por el novio

Foto:  Los novios, en la boda celebrada en 1981.
Los novios, en la boda celebrada en 1981.

Francis Franco y María Suelves se casaron el 18 de diciembre de 1981 en la iglesia de Altafulla (Tarragona), blindada para que ningún profesional ajeno rompiera la exclusiva pactada previamente por el novio. Hubo dos razones para elegir este escenario.

El primero, de tipo afectivo ya que María, hija de los marqueses de Tamarit, veraneaba desde pequeña en esta localidad. Estas vacaciones catalanas las alternaba la familia Suelves con estancias en Biarritz, donde también tenían casa. Altafulla era el lugar perfecto para la gran boda que estuvo presidida por la abuela del novio, Carmen Polo, y el duque de Cádiz, ya separado de Carmen Martínez-Bordiú, que fue el caballero acompañante de la condesa de Romanones, tía de la novia. El otro motivo era menos sentimental: la fortaleza resultaba inexpugnable para los paparazzi. Una vez que los cuatrocientos cincuenta invitados entraban en el castillo, la intimidad estaba asegurada.

 Los novios, llegando al altar con sus respectivos padrino y madrina.
Los novios, llegando al altar con sus respectivos padrino y madrina.

Se trataba de la segunda boda que los Martínez-Bordiú Franco ofertaban a cambio de una importantísima remuneración económica. La cifra que se publicó, y nunca desmintieron los protagonistas, rondaba los 18 millones de pesetas de la época (108.000 euros). Una cantidad mucho más alta que la que recibieron Jimmy Giménez-Arnau y Merry cuando se casaron en agosto de 1977 en el pazo de Meirás. El abuelo ya había muerto y por lo tanto ya no había razón para guardar las apariencias y gestionar las exclusivas familiares.

 Imágenes de la ceremonia celebrada en 1981.
Imágenes de la ceremonia celebrada en 1981.

Giménez-Arnau lo relató en su libro de memorias y más tarde en programas de televisión. El periodista y escritor fue también el introductor de embajadores para rentabilizar la vida privada a la que rápidamente se apuntó Francis Franco. Muchos años después se unió a este negocio su hermana Carmen, aunque con una notable diferencia. La primogénita nunca ha tenido mala relación con la prensa y ha concedido muchas entrevistas gratis.

 Carmen Martínez-Bordiú, con su hermano Jaime.
Carmen Martínez-Bordiú, con su hermano Jaime.

Discreta y desconocida

La boda se convirtió en el acontecimiento de ese invierno. María, de veintitrés años, era una chica tímida, muy guapa, desconocida para el gran público y muy discreta, igual que su familia. Los marqueses de Tamarit no supieron hasta mucho tiempo después que la boda tenía su precio. La noche anterior, la novia se tomó un valium para poder dormir. Su habitación la decoró su madre con gladiolos y claveles blancos. Eligió para el diseño de su vestido nupcial al modisto de moda, Jorge Gonsalves. Francis vistió de uniforme.

Hubo muchas anécdotas en esta boda 'casi real'. María Suelves lució una tiara de brillantes y perlas prestada por su cuñada, Mariola Martínez-Bordiú, que a su vez la había recibido de su madre, la marquesa de Villaverde, cuando se casó con Rafael Ardid. De hecho, María y Francis se conocieron en esa boda.

 La marquesa de Tamarit, con su hijo.
La marquesa de Tamarit, con su hijo.

Massiel, invitada por parte del novio, acudió en solitario sin Carlos Zayas, que en aquel momento era su pareja. La cantante se quejó por la discriminación. La razón era que no estaba casada con el abogado y padre de su hijo. Lo llamativo de aquel día fue que Carmen Martínez-Bordiú solo se quedó a la misa porque su novio, Jean-Marie Rossi, que la esperaba en el hotel Ritz de Barcelona, tampoco estaba convocado. La abuela, Carmen Polo, no sabía que su hija convivía con el anticuario. Pensaba que su nieta predilecta estaba en París siguiendo unos cursos de literatura y desconocía que se había separado del duque de Cádiz.

El convite se celebró bajo una carpa que costó seiscientas mil pesetas (3.600 euros) y en la cena no se sirvió ni marisco ni champán francés. El nuevo matrimonio abrió el baile con el vals 'Fascinación'.

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