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BALONCESTO

Ricky Rubio, tras la muerte de su madre: meditación, altruismo, terapia y Rodhes

Hace tres años, el mundo del jugador de baloncesto y campeón de la NBA, se vino abajo. Nunca pensó que el dolor sería tan grande y necesitó ayuda

Foto: Ricky Rubio. (EFE)
Ricky Rubio. (EFE)

Hace tres años, el mundo de Ricky Rubio, campeón de la NBA, se vino abajo. Nunca pensó que el dolor sería tan grande y necesitó ayuda de especialistas para poder seguir adelante. La muerte de su madre, Tona Vives, fue un golpe que lo hundió en el dolor y que le hizo replantearse su existencia. “Quería desaparecer”, ha dicho el exitoso jugador de baloncesto. Estos días ha aparecido en prensa y redes sociales una emotiva carta que le ha escrito a su madre, un testimonio duro y claro de lo que supuso para él perder un referente tan joven.

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“Comprendí que perder un partido pasaba a ser una minucia. Vi que, más allá del dolor que te pueda generar una derrota, hay espacio para mucho más dolor. Y por eso tienes que modificar tu escala de valores. Para mí se abrió un proceso que podía haberme destrozado”. Las sinceras palabras las pronunció en una reciente entrevista publicada por el periodista Sergio Heredia en 'La Vanguardia'. “Decidí planteármelo como un reto. Pero es un reto que se toma su tiempo y que, en realidad, no termina nunca. La vida no es un guion escrito”.

Los padres de Ricky Rubio, Tona Vives  y Esteve Rubio, en Minneapolis en 2011. (EFE)
Los padres de Ricky Rubio, Tona Vives y Esteve Rubio, en Minneapolis en 2011. (EFE)

Tona Vives fue la madre de Marc, Ricky y Laia, todos jugadores de baloncesto; la esposa de Esteve Rubio; y la abuela de Max. Con estudios de enfermería, vivía entregada a sus hijos. Pasó mucho tiempo en la cancha, apoyando a uno u otro hijo, convertida en una pieza clave en los equipos en los que jugaban sus hijos. Su vida. Lo recordó, en el momento de su muerte, Juan María Gavaldá Robert, presidente de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto: “Sin ser entrenadora, sería capaz de, pasados años después de haberles entrenado, cruzarse en la calle con ellos y recibir las muestras de agradecimiento que esas jugadoras y jugadores le demostrarían por sus enseñanzas para la vida y que tanto les han servido. Sin ser entrenadora, sería capaz de ser respetada y reconocida por el colectivo de entrenadores por su actividad deportiva, educativa y formativa hacia los demás. ¡Ay, si hubiese sido entrenadora!”.

'Instrumental', de James Rhodes

A partir de la muerte de su madre, desde aquel agujero en el que Ricky se vio sepultado, pidió ayuda. Anduvo con terapia psicológica, tratado por depresión, se enfrascó en la lectura de libros espirituales que le dieron fuerza para seguir. ‘Instrumental’, del mediático James Rhodes, fue una de sus lecturas. En el libro, el pianista británico cuenta cómo sufrió abusos de pequeño, sus múltiples intentos de suicidio, la dureza de una vida infantil masacrada y solo superada gracias a la música.

Ricky Rubio, durante su participación en un acto de su fundación en Girona con menores vulnerables y discapacitados. (EFE)
Ricky Rubio, durante su participación en un acto de su fundación en Girona con menores vulnerables y discapacitados. (EFE)

Otro de los libros en los que se apoyó Rubio y que cambió su vida fue uno sobre meditación del fundador de la aplicación Headspace, Andy Puddicombe. “Me fascinó tanto que entré en ese mundo”, dice al periodista. Desde entonces, se levanta cada mañana diez minutos antes para meditar, y logra así encarar el día con más fuerza. Incluso cuenta con más sentido del humor que antes.

A punto de ser padre

Ricky Rubio y su pareja, Sara Colomé, están a punto de ser padres, una noticia que ha devuelto al deportista el duro recuerdo de la ausencia. Porque no podrá compartir con su madre uno de los momentos más importantes de su vida. “Cuando alguien que amas muere, es como si te envolviera una niebla. Así fue para mí. Me sentí desorientado -ha escrito en la citada carta-. La primera temporada después de su muerte, me despertaba y pensaba en llamarla. Me hizo querer romper mi teléfono. Pero no pude borrar su número. Incluso le envié mensajes de texto a veces. Todavía lo hago. Durante un tiempo, sentí que me estaba volviendo loco, como si estuviera hablando conmigo mismo”.

Laia, hermana de Ricky Rubio, y sus padres, Tona Vives y Esteve Rubio, en 2011 en Minnesota. (EFE)
Laia, hermana de Ricky Rubio, y sus padres, Tona Vives y Esteve Rubio, en 2011 en Minnesota. (EFE)

Otra de las salidas que encontró Rubio fue ayudar a los demás, en especial a los más pequeños, a través e la Fundación Ricky Rubio. “No voy a mentir. La sonrisa de un niño en un hospital me hace seguir adelante. Así es como me realizo. Es lo que mamá hubiera querido. Sé que eso es lo que mamá hubiera querido. Ella está ahí conmigo”, dice en la misiva.

Hundido en una profunda depresión, después de años de duros tratamientos con dolorosos efectos secundarios, Rubio entendió que la vida podía ser siempre mucho peor de lo que era. Por eso intentó, cuenta, no dejarse llevar por la tristeza. Esa mala compañera. “Comprendí que perder un partido pasaba a ser una minucia. Vi que, más allá del dolor que te pueda generar una derrota, hay espacio para mucho más dolor”, declaró a Sergio Heredia. “Y por eso tienes que modificar tu escala de valores. Para mí se abrió un proceso que podía haberme destrozado”.

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