De Suárez a Aznar: así eran las vacaciones de verano públicas de los presidentes que hoy se esconden
En los años de la Transición y los primeros gobiernos democráticos, los mandatarios y sus familias compartían con naturalidad sus días de playa, posados familiares y entrevistas alejadas de la política. Hoy, la discreción es la norma
Quedan pocas semanas para que los políticos pongan punto final a sus vacaciones de verano. Para muchos de ellos, incluidos algunos miembros del Gobierno, el descanso comenzó tras la inactividad pública en el Congreso en el mes de julio. Poco o nada se ha sabido de sus periplos de ocio o de por dónde se han movido. Una manera de proteger su intimidad y de evitar los desencuentros desagradables que siempre pueden surgir al compartir espacios públicos.
Esta forma de gestionar las vacaciones por parte de los políticos actuales no siempre fue así. Tampoco lo era para los reyes eméritos y sus hijos, que disfrutaban durante todo el mes de agosto del Palacio de Marivent. Aquella convivencia familiar, en la que no existían las “vacaciones secretas”, cambió con la agenda del rey Felipe y de doña Letizia. El tiempo y las circunstancias personales han hecho que sepamos muy poco de su actividad social y de sus momentos de ocio. Pero, como decíamos, hubo un tiempo en que los protagonistas facilitaban esos instantes más personales a la prensa, mostrándose distendidos: unas veces en solitario, y las más, en familia.
En este reportaje hacemos un repaso de cómo varios presidentes y políticos de la democracia compartían con los ciudadanos sus espacios vacacionales: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González y José María Aznar.
El 13 de septiembre de 1987, la revista 'Tiempo' mostraba en su portada a Alfonso Guerra y, en un recuadro, a Adolfo Suárez en bañador durante sus minivacaciones en Lanzarote. La razón de aquel viaje, en el que mezclaba trabajo y ocio, era agradecer los votos de los isleños al CDS, que en aquellas fechas formaba gobierno. Suárez, que ya ostentaba el ducado con su nombre, estaba acompañado de su mujer, Amparo Illana, y de sus hijos. Antes de este viaje a Canarias habían disfrutado de una estancia en Cabo Roche, también con toda la familia. Al expresidente no le importaba posar en la playa a pecho descubierto, acudir a restaurantes y, si era necesario, coger un timple —el instrumento de cuerda típico de las islas— y hacerse fotos. De aquella estancia en Lanzarote hay imágenes en las revistas del corazón en las que también aparecía jugando con sus hijos pequeños a las palas. Los políticos tenían claro que la imagen ajena a las broncas del Congreso les beneficiaba.
Suárez fue el primer presidente que posó con Amparo y sus hijos en el Palacio de la Moncloa para la revista 'Hola' en una estampa familiar que le dio votos. Felipe González tampoco se escabullía de esos retratos íntimos durante varios veranos. A veces, incluso con polémica, como cuando decidió utilizar el yate Azor en 1985 para hacer un crucero entre Lisboa y Rota. Esta embarcación estaba unida históricamente a las vacaciones del dictador Franco y la decisión provocó un gran escándalo. En aquel momento se argumentó que formaba parte del patrimonio del Estado y, por tanto, pertenecía a todos los españoles. Hubo incluso un ciudadano que, acogiéndose a esa declaración, solicitó fechas para navegar en el yate.
En 1992, González posó para 'El País Semanal' contando su día a día de vacaciones en una de las terrazas de La Mareta. Ya en el verano de 1985 se había dejado entrevistar para Tiempo en la casa que había alquilado a un afiliado del PSOE en Mallorca. Lo llamativo de aquel reportaje era que no trataba con el periodista temas políticos, sino personales. Contaba que lo que más agradecía era no utilizar reloj, aunque por costumbre se levantaba a las siete de la mañana. Esperaba a las diez para desayunar con sus hijos y con Carmen Romero. Después, el día lo ocupaba en leer, navegar y estar con los amigos. Y lo principal era que podía dedicarse a uno de sus hobbies: cocinar. Mientras transcurría la entrevista, los tres hijos aparecían y desaparecían por la terraza. Otro verano eligió Túnez como destino, y también en ese caso hubo imágenes familiares.
Desde el primer momento, Leopoldo Calvo-Sotelo nunca cambió de residencia de verano. Y aunque el físico no le acompañaba, no tenía problema en posar en la playa de Ribadeo, firmar autógrafos o navegar con amigos, con alguno de sus hijos y siempre con su mujer, Paloma Ibáñez. Ella explicaba: “Seguimos haciendo lo de siempre. Paseamos por la ría, fondeamos junto a las playas de los alrededores y alguna vez remontamos el río Eo. Son las excursiones típicas de toda la vida”. Quienes conocían a la familia aseguraban en aquel reportaje de 'Tiempo' que eran de costumbres fijas.
José María Aznar fue, en 1997, el siguiente presidente que utilizó La Mareta. Este chalet, que el rey Hussein regaló a don Juan Carlos y que el monarca trasladó a Patrimonio, se convirtió con el tiempo en sede vacacional de personajes como el canciller Helmut Kohl, el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov, la canciller Angela Merkel en 2018 o el ex primer ministro británico Tony Blair. Antes de comprar la villa en la urbanización Guadalmina, en Marbella, Aznar posaba con sus hijos en Oropesa, que durante años fue su cuartel general. Esos posados, al igual que los de Suárez, lo mostraban en bañador o en ropa deportiva.
Con el tiempo, esta costumbre de mostrar la agenda familiar y privada desapareció. Ahora, la invisibilidad es el denominador común.
Quedan pocas semanas para que los políticos pongan punto final a sus vacaciones de verano. Para muchos de ellos, incluidos algunos miembros del Gobierno, el descanso comenzó tras la inactividad pública en el Congreso en el mes de julio. Poco o nada se ha sabido de sus periplos de ocio o de por dónde se han movido. Una manera de proteger su intimidad y de evitar los desencuentros desagradables que siempre pueden surgir al compartir espacios públicos.