Bea Gimeno habla de sus miedos como madre primeriza: "Al cuarto día vino nuestra pediatra a casa y me salvó"
La joven, que dio a luz hace apenas una semana, vive su momento más feliz junto a Nacho Aragón y ha querido compartirlo en redes hablando de lactancia y posparto
Nacho Aragón y Bea Gimeno, en un desfile de Pedro del Hierro. (Gtres)
Les pidió preguntas sobre su nueva vida, la maternidad y el posparto y ha respondido una a una, sin filtros ni envoltorios. La última incorporación del clan Aragón confirma que está en un momento vital tan emocionante como exigente, de noches intensas, hormonas desbocadas y mucho aprendizaje.
En su primera confesión, Bea ha sido clara: está feliz, pero está vulnerable. "Estoy en una nube de amor constante, con muchas emociones a flor de piel", ha admitido. Se está adaptando a todo lo nuevo con ilusión, pero también reconociendo que necesita trabajar su propio autocuidado en este proceso. No por el bebé —"Pelayo me lo hace más fácil", subraya—, sino por su tendencia a exigirse demasiado.
"Quiero no machacarme a mí misma con absolutamente todo, intentar vivir con miedos que ahora han aflorado, darle lo mejor de mí y ser la madre que quiero ser, pero sabiendo que soy humana y que fallaré", escribe. Es en esos momentos nocturnos cuando la intensidad emocional se dispara: "Sobre todo me lo repito por las noches, que es cuando os dije que se me revolucionan las hormonas a tope".
Otra pregunta recurrente ha sido la lactancia. ¿Cómo lo está llevando? Bea lo define sin rodeos: al principio, regulín. "Me dolía, no se enganchaba del todo bien, y como él no se quejaba jamás de hambre, no controlaba las tomas", cuenta. Esa incertidumbre le duró cuatro días, hasta que la pediatra fue a su casa.
Ese encuentro, dice, le cambió completamente la experiencia. "Me salvó", comenta. Ahora el escenario es el contrario: "Este niño no para de comer y de crecer". Eso sí, asume que la lactancia exige estar "24/7 pendiente, sobre todo al principio". A pesar de ello, está disfrutando de ese tiempo piel con piel. Y lo afronta desde la filosofía del presente: "No sé cuánto tiempo lo haré, pero voy a ir fluyendo y viendo lo que me pide el cuerpo".
Bea Gimeno y Nacho Aragón, en una foto de archivo. (Gtres)
Incluso se ha animado a relatar su parto, con detalles muy concretos. Rompió aguas sobre las 00.30 de la noche, se duchó, dejó a su perro en casa de su madre y directa al hospital. Tras varias horas con contracciones y la epidural, pudo descansar y comenzó a dilatar muy rápido.
"A las 10:35 de la mañana llegó él", cuenta. Solo un punto interno, mínima intervención, y una recuperación que, asegura, no podría haber sido mejor. Aun así, sigue escuchando a su cuerpo: necesita descanso, días en casa, calma.
El nacimiento de Pelayo ha sido la guinda para la historia que comparte desde hace más de una década con Nacho Aragón. El bebé es el quinto nieto de Emilio Aragón y Aruca Fernández-Vega, otro capítulo feliz dentro de una de las familias más discretas —y al mismo tiempo más queridas— de nuestro panorama mediático.