Joaquín Sabina se sincera sobre sus adicciones: "Yo me quité hace ya 20 años"
Hablar de adicciones en primera persona no es sencillo. Con la distancia del tiempo, el popular cantante revisa aquella etapa sin épica ni idealización
Joaquín Sabina, en una imagen de archivo. (Europa Press)
Con el paso del tiempo, Joaquín Sabina ha ido revisando su pasado desde un lugar distinto, más sereno y menos mitificado. Lejos del personaje asociado durante años al exceso y la vida nocturna, el músico habla hoy de aquellas etapas con una mezcla de lucidez y distancia, consciente del precio que tuvo vivir siempre al límite.
En ese ejercicio de sinceridad, Sabina se refiere abiertamente a su relación con las drogas y al momento en el que decidió dejar atrás esa parte de su vida. “Yo me quité hace ya 20 años”, afirma, explicando que lo hizo sin internarse ni recurrir a los procesos habituales. Según relata, fue una experiencia distinta, que llegó cuando ese modo de vida dejó de tener sentido y se rompió de forma natural con lo que venía haciendo.
Joaquín Sabina en una actuación en el Movistar Arena. (Europa Press)
El artista no presenta aquella decisión como un gesto heroico, sino como una necesidad vital. “Hay que tener cuidado y no destruirse”, señala, dejando claro que la conciencia del riesgo fue clave. Una reflexión que nace de la experiencia propia, pero también de lo que vio a su alrededor durante décadas de carrera, giras y noches interminables.
En su relato aparece inevitablemente la ausencia de muchos compañeros de generación. Sabina habla de “demasiados amigos muertos y destruidos”, muchos de ellos, según afirma, “lo mejorcito” de su tiempo. Una constatación amarga que forma parte del balance vital de una época en la que el talento convivía de cerca con la autodestrucción.
Joaquín Sabina posa durante la presentación del documental. (EFE)
El testimonio aparece en el documental 'Sintiéndolo mucho', un proyecto que ha requerido trece años de rodaje y que ofrece un retrato poco habitual del artista. Lejos del personaje público y del mito del músico nocturno y provocador, la cámara se detiene en un Sabina más vulnerable, reflexivo y consciente del paso del tiempo. No es solo un recorrido por su carrera musical, sino por su vida en todas sus dimensiones: la artística y la cotidiana, la luminosa y la marcada por el dolor.
Dirigido por su amigo Fernando León de Aranoa, el documental permite ver al artista cuando deja de ser “Sabina” para ser simplemente Joaquín. Hay escenas de su día a día, conversaciones íntimas y reflexiones sobre lo que significa seguir creando después de décadas de carrera y tras haber atravesado momentos personales muy complejos.
Fernando León de Aranoa, posando junto a los músicos, Joaquín Sabina y Leiva. (EFE)
La música juega también un papel esencial en el relato. La banda sonora original corre a cargo de Leiva, con quien Sabina mantiene una estrecha relación personal y artística. La canción original que da título al documental actúa como hilo emocional que conecta pasado y presente, éxito y fragilidad.
Con el paso del tiempo, Joaquín Sabina ha ido revisando su pasado desde un lugar distinto, más sereno y menos mitificado. Lejos del personaje asociado durante años al exceso y la vida nocturna, el músico habla hoy de aquellas etapas con una mezcla de lucidez y distancia, consciente del precio que tuvo vivir siempre al límite.