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Marianne Nilsen, musa de Antonio Flores: "La herencia que me dejó fueron personas"
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ENTREVISTA EXCLUSIVA

Marianne Nilsen, musa de Antonio Flores: "La herencia que me dejó fueron personas"

Esta entrevista descubre a Marianne Nilsen, una creadora fundamental que, lejos del relato oficial, ha sido testigo y protagonista silenciosa de una época

Foto: Marianne Nilsen en una fotografía inédita que hizo Antonio Flores con su cámara y guardó en su diario. (Cortesía)
Marianne Nilsen en una fotografía inédita que hizo Antonio Flores con su cámara y guardó en su diario. (Cortesía)

“Yo soy muy rock and roll; eso fue lo que me hizo conectar con Antonio Flores, nuestras almas rockeras”, comienza Marianne Nilsen, a quien algunos identifican como la gitana de ojos azules de Laponia o la Marifé de Noruega. Nacida en el Norte Polar Ártico, llegó a Marbella con sus padres a los dieciséis años. Ha vivido en distintos rincones del mundo, aunque siempre ha regresado a España, y allí se adentró en el flamenco, fundó su propia empresa de casting y producción, pintó y grabó durante años a su mejor amigo, sin saber que estaba creando el archivo más completo de Antonio Flores y, al mismo tiempo, un fragmento esencial de la memoria artística viva de nuestro país.

“Aprendí todos los palos del flamenco por Jimi Hendrix”

“Aprendí todos los palos del flamenco por Jimi Hendrix. En aquella época había muy poca gente en España que de verdad entendiera el rock y lo llevara por dentro”, dice Nilsen. Con tan solo doce años, fundó el primer grupo de rock femenino del norte de Noruega. “Era cantante y también tocaba el órgano. Escribíamos nuestras propias canciones… era divertido”, recuerda, sin asombro por la precoz edad a la que comenzó su trayectoria profesional.

placeholder Antonio Flores en una fotografía de la artista Marian Nilsen. (Cortesía)
Antonio Flores en una fotografía de la artista Marian Nilsen. (Cortesía)

Marianne siempre ha estado ligada al arte y, con la distancia que otorga la retrospectiva, ahora contempla parte de su vida a través de las fotografías que realizó, como la define el conocido director Fernando de France: “La reina del desenfoque”.

Hoy, como ella misma dice, vive 'off the grid' —fuera de la red— en Andalucía, y rememora su llegada a España bajo la dictadura franquista: “Había también una parte que se rebelaba; se sabía que lo que ocurría no estaba bien. Muchos no creíamos en lo que decían y transmitían los de arriba. En Noruega no hay corrupción, todo funciona con tranquilidad, aunque esa calma también limita la rebeldía. A mí me cautivó el carácter español, tan distinto de la seriedad noruega. Por eso, cuando llegué, me puse las chanclas y me sentí una más”, dice, evocando el universo que descubrió junto a Antonio Flores.

placeholder Marianne Nilsen junto a su gran amigo Antonio Flores en una tierna fotografía juntos inédita de su álbum. (Cortesía)
Marianne Nilsen junto a su gran amigo Antonio Flores en una tierna fotografía juntos inédita de su álbum. (Cortesía)

La intrahistoria de su amistad

Antes de que su amistad comenzara en un beach club de Marbella, Marianne ya los había visto desde Noruega: Antonio Flores, su madre Lola y el resto de su familia, irradiando arte y presencia en la televisión. Aquella primera impresión la dejó fascinada; la intensidad de Antonio, la fuerza de su linaje artístico, la cautivaron de inmediato. Y sin embargo, aquel magnetismo televisivo solo sería el preludio del encuentro real.

placeholder Antonio Flores en una imagen realizada por Marianne Nilsen. (Cortesía)
Antonio Flores en una imagen realizada por Marianne Nilsen. (Cortesía)

El destino quiso que su primer encuentro presencial fuera inesperado. “Hacían un jam de rock en la playa; fui con mi amigo Alejandro Vallejo Nájera, que vivía en mi casa. Me dijo: ‘Te voy a presentar a Antonio Flores’. Y él se acercó: ‘¡Si nos conocimos ayer!’”, recuerda Marianne, sonriendo ante la curiosidad de aquel cruce: la tarde anterior lo había visto en el aeropuerto con su madre y familia, ella estaba con su hija Eva, y ni siquiera llegaron a saludarse. “Fue el destino”, añade, emocionándose mientras habla de su hija y de aquel primer instante que marcaría décadas de amistad y creación compartida.

“Los retratos son el espejo del alma”

placeholder Antonio Flores junto a su hija, Alba Flores en una imagen realizada por su gran amiga y musa Marianne Nilsen. (Cortesía)
Antonio Flores junto a su hija, Alba Flores en una imagen realizada por su gran amiga y musa Marianne Nilsen. (Cortesía)

Su interés por la fotografía y el cine nació con la llegada de su hija Eva, heredera de la vena artística de Marianne y hoy directora y productora audiovisual; durante años, además, fue gran amiga de Pau Donés y testigo directo de la historia de Jarabe de Palo, participando como actriz en prácticamente todos sus videoclips. “Cuando nació Eva no había móviles ni nada; quería grabar y conservar la belleza de mi pequeña. Empecé a filmarla, y poco a poco descubrí la fotografía. Me gustó tanto que construí en mi casa un cuarto oscuro para revelar las fotos. Comencé a hacer muchos retratos. Los retratos se convirtieron en el eje principal de mi expresión artística, tanto en pintura como en fotografía. Siempre he sentido que un rostro dice mucho de una persona, son un reflejo del alma”, explica Marianne, evocando también la pasión de Antonio Flores por la fotografía y la manera en que la mirada artística atravesaba cada instante de su vida.

placeholder Eva Nilsen, hija de Marianne Nilsen junto a Pau Donés en el videoclip 'Agua'
Eva Nilsen, hija de Marianne Nilsen junto a Pau Donés en el videoclip 'Agua'

“Desde el día que conocí a Antonio, no deje de grabarlo hasta el final”

“Era tan activo… cualquier disciplina artística le atraía. Era muy bueno con el objetivo. Nos metíamos en el cuarto oscuro, revelábamos las fotos… Siempre estaba creando, escribiendo, componiendo… Desde el primer día que lo conocí, no dejé de grabarlo ni fotografiarlo hasta el último momento”, dice, visiblemente emocionada, sin detenerse en el dolor de la pérdida.

Marianne confiesa que durante casi treinta años no pudo ordenar su archivo; enfrentarse a aquellos vídeos y recuerdos era demasiado. Hasta que llegó su hija, Alba, y con ella la posibilidad de revisitar aquel baúl de memorias. “Cuando comenzó a grabar ‘Flores para Antonio’, abrí los recuerdos. Pensé que sería duro, y, al contrario, resultó sanador. Entendí que para sanar hay que enfrentarse al dolor. Pasó de ser algo que me superaba a poder verlo y sonreír, emocionarme… viajar al pasado de manera hermosa y agradecer todo lo que vivimos, que fue único”, relata, recordando el rodaje del documental.

"El documental de Antonio ha sido muy sanador para todos"

placeholder Alba Flores de niña en un retrato realizado por Marianne Nilsen. (Cortesía)
Alba Flores de niña en un retrato realizado por Marianne Nilsen. (Cortesía)

Para quienes ya son espectadores de la película, que continúa proyectándose en cines, y que obtuvo el Forqué 2025 a Mejor Largometraje Documental, además de estar nominada a dos Premios Goya y presentada en el Festival de Cine Internacional de San Sebastián, Marianne Nilsen se vuelve un personaje inolvidable. Grabó la primera vez que su hija Alba cantó y su padre la escuchó; en aquella escena, Alba rompe a llorar. “Ella tenía un bloqueo con el canto; tras el documental, creo que se liberó. Ojalá siga adelante y cante. He sido testigo de su fortaleza y talento, innato pero cultivado y potenciado con mucho trabajo; se ha esforzado en todo lo que ha hecho”, dice Marianne, con la emoción aún presente en la voz.

Resulta sorprendente y a la vez encantador escuchar cómo Marianne relata con total naturalidad y humildad episodios como haber impulsado el videoclip de Madonna ‘Take a bow’ junto al torero Emilio Muñoz, y luego ser la artífice de la celebración que siguió. O cómo organizó el videoclip del cantante canadiense Bryan Adams, conectándolo con Paco de Lucía.

placeholder Paco de Lucía junto al cantante canadiense Bryan Adams y Marianne Nilsen. (Cortesía)
Paco de Lucía junto al cantante canadiense Bryan Adams y Marianne Nilsen. (Cortesía)

Una apasionante trayectoria

A medida que habla, emerge la figura de una mujer pionera que ha permanecido siempre en la sombra. Al regresar a Marbella, creó una productora de casting: “Surgió porque llegaba gente de todo el mundo a rodar en Andalucía. Los directores internacionales buscaban actores locales y no existía un puente que conectara a los profesionales con ellos. En aquella época nacían las primeras agencias de modelos, pero no había nada más”, explica, con esa mezcla de nostalgia y risa que acompaña cada recuerdo.

Muchas historias hermosas: personas que llegaban a un casting y descubrían su vocación; otros que terminaban formándose en cámara, maquillaje… Personas que encontraron su media naranja o que descubrieron algo que nunca habrían imaginado. Todo eso fue parte de la magia de aquel trabajo”.

placeholder La portada del disco de Ketama realizada por Marianne Nilsen. (Cortesía)
La portada del disco de Ketama realizada por Marianne Nilsen. (Cortesía)

Y otra historia memorable, esta vez a nivel fotográfico, es la portada de Toma Ketama en 1999, en uno de los momentos más álgidos del grupo pionero en flamenco fusión. “El concepto era muy flamenco, ‘Me rompo la camisa por ti’. Recuerdo cuando quedé con Antonio Carmona para hablar de la idea y, de repente, se partió la camiseta que llevaba. En la sesión de fotos no te puedes imaginar la cantidad de camisas que rompimos”, recuerda entre risas.

placeholder La portada de 'Toma Ketama' de 1999 realizada por Marianne Nilsen
La portada de 'Toma Ketama' de 1999 realizada por Marianne Nilsen

Marianne evoca casi como un fotograma de película aquel instante en que Antonio Flores colocó un vinilo de Ketama en el tocadiscos y le dijo: “Antonio Carmona es un monstruo”. La música, la amistad y la vida se entrelazan en esos recuerdos que la han acompañado siempre. “Antonio me ha cambiado la vida. La mayor herencia que me ha dejado son las personas que trajo a mi vida y que siguen conmigo: Mariola, Antonio, Rosario… Tantas puertas que se abrieron gracias a él”, afirma. Mariola Orellana, que nos acompaña, añade: “Cuando nos presentó, nos dijo: ‘Marianne se quedará para toda la vida’. Y no se equivocaba”.

“Irme al campo ha sido un acto de rebeldía”

Hoy Marianne Nilsen vive en el campo, con un wifi que al caer la tarde se desconecta solo, placas solares, un huerto y agua que recoge de un pozo. “Precisamente por eso siento que no hay mayor acto de rebeldía que salirse de todo lo establecido. Ahora todo es estimulación constante… Yo estoy en Madrid preparando la exposición y el estrés es enorme. Antes, la música y los oficios tenían un carácter más artesanal. Por eso me he retirado al campo. Aquí, en mi casa, he creado un espacio para pintar y crear, y por primera vez, soy plenamente feliz”, confiesa, evocando un fragmento del documental ‘Flores para Antonio’ que no llegó a salir: cuando le preguntaron a Carmona dónde cree que estaría ahora Antonio Flores, respondió: “Con Marianne, perdido en el campo, alejado de toda esta locura”.

placeholder Marianne Nilsen junto a su gran amigo Antonio Flores en una tierna fotografía juntos inédita de su álbum. (Cortesía)
Marianne Nilsen junto a su gran amigo Antonio Flores en una tierna fotografía juntos inédita de su álbum. (Cortesía)

Y seguramente sea así, porque las almas rebeldes nunca mueren ni envejecen… solo evolucionan. Como Marianne Nilsen: la mujer hasta ahora desconocida que, en pocas semanas, ha generado fascinación por su vida apasionante, y que poco a poco irá compartiendo parte del archivo inédito de Antonio Flores.

“Antonio siempre me presentó a Marianne como su musa”, concluye Mariola, recordando la humildad que hace que Marianne no cuente estas anécdotas. Así es ella: la musa eterna de Antonio Flores, amiga, compañera y testigo de una vida dedicada a la creación y al arte. Y a la que le escribió una canción que nunca vio la luz: ‘El rock de la Virginia’.

“Yo soy muy rock and roll; eso fue lo que me hizo conectar con Antonio Flores, nuestras almas rockeras”, comienza Marianne Nilsen, a quien algunos identifican como la gitana de ojos azules de Laponia o la Marifé de Noruega. Nacida en el Norte Polar Ártico, llegó a Marbella con sus padres a los dieciséis años. Ha vivido en distintos rincones del mundo, aunque siempre ha regresado a España, y allí se adentró en el flamenco, fundó su propia empresa de casting y producción, pintó y grabó durante años a su mejor amigo, sin saber que estaba creando el archivo más completo de Antonio Flores y, al mismo tiempo, un fragmento esencial de la memoria artística viva de nuestro país.

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