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veinte años sin el hijo de la faraona

Antonio, el Flores que se fue demasiado pronto

“Fue una amarga sorpresa”. Así rememora un exejecutivo de la antigua CBS, hoy Sony, un fallecimiento del que estos días se cumplen dos décadas

Foto: Antonio Flores al lado de Lolita y Rosario (Gtres)
Antonio Flores al lado de Lolita y Rosario (Gtres)

Martes 30 de mayo de 1995. Una mujer de servicio de la finca El Lerele llama al centro de salud de Miraflores para pedir socorro. Acaba de encontrar a Antonio Flores muerto y la estupefacción es la reacción más común de aquellos que se van enterando de la noticia a lo largo del día. “Fue una amarga sorpresa”. Así rememora un exejecutivo de la antigua CBS, hoy Sony, un fallecimiento del que estos días se cumplen veinte años. Cuando aún sonaban los ecos del dolor por la muerte de Lola Flores, su hijo se iba de este mundo con apenas 33 años y de forma inesperada, a consecuencia de una sobredosis letal de barbitúricos y alcohol. “Dicen que murió de pena porque no pudo afrontar la muerte de la madre”, señala este hombre presente en el descubrimiento musical de aquel chico que firmó con CBS en los 80 y se convirtió, pese a la fama de su madre, en un nombre con significación propia. Pese a todo, la relación de Antonio con Lola marcó su vida de forma significativa.

Antonio Flores en la década de los 80 (Gtres)
Antonio Flores en la década de los 80 (Gtres)

El periodista Javier de Montini recordaba hace unos días para Vanitatis cómo Lola Flores le pidió, como favor personal, hacerle la primera entrevista como artista: “Ella me llamó cuando Antonio iba a grabar el primer disco. Me pidió que le hiciera una entrevista en Lecturas y fue la primera que se publicó de él en un medio. Yo le dije que no era un favor, que era un honor hacérsela”. Es sólo un ejemplo de ello, ya que, como rememoraba Rosa Villacastín, “llegó a comprar droga para su hijo cuando fue adicto. Decía siempre que no había nada que una madre no hiciera por su hijo”. De hecho, la jerezana llegó a construir una pequeña casa de madera en el jardín de su casa, el Lerele, para tenerlo más cerca de ella y evitar esas incómodas salidas sin hora de regreso.

Antonio fue, según el ejecutivo de CBS, “mucho más que el hijo de Lola. Era un artista completo, una persona extremadamente compleja y sensible, con un corazón de oro y algo de mal humor que sólo era una forma de esconder una realidad: que se podía romper en cualquier momento”. Antonio tuvo que demostrar con su primer álbum, en el que” tuvo mucho que ver el buen criterio de Tomás Muñoz”, aún director de la compañía en 1980 e impulsor del primer disco, titulado, sencillamente, Antonio, en el que ya se incluía su gran éxito, No dudaría, auténtico himno del pop español. Pese al éxito musical, Flores ya había aparecido en Colegas, una película de Álvaro de la Iglesia y tenía bastante rodaje como artista, y no sólo por su procedencia familiar.

A lo largo de esa década, Antonio demostró que era “uno de los grandes”. “Cuando aún no le había llegado el reconocimiento y se paseaba por diferentes bares del barrio de Malasaña, tenía cierto miedo de decir a la familia que pertenecía porque eso parecía restarle méritos en su camino musical. Pero era un auténtico genio”. Tanto era así que, con los subsecuentes éxitos, fue creciendo hasta convertirse en un nombre imprescindible de la música española. “Era la época en que salían los niños guapitos, rubios, cantando canciones de amor tontas. Yo era feo, bajito y con el pelo largo, pero al fin y al cabo quisieron meterme por el mismo camino. Pensé en seguir dos años y hacerme rico, pero acabé reventado y me puse a hacer mis propias canciones”, contaba él mismo sobre sus inicios. 

Una vida personal marcada por una adicción maldita

Antonio Flores junto a su familia a principios de los 90 (Gtres)
Antonio Flores junto a su familia a principios de los 90 (Gtres)

Ana Villa, actualmente dedicada a producir teatro, fue su única esposa y aunque se separaron, fue la madre de su hija Alba. Pese a que nunca ha querido hacer declaraciones a la prensa sí ha reconocido, en alguna ocasión, que se llevaban “genial” por el bien de la niña y que guarda un recuerdo extraordinario de él y de su sensibilidad. Tampoco su hija ha hecho excesivas declaraciones sobre su padre más allá de unas escuetas afirmaciones. Al fin y al cabo, se fue cuando ella solo tenía 8 años. Hace tiempo declaraba a ABC que valoraba de él “la creatividad, la imaginación el juego (…) Me enseñaba lo maravilloso que es el mundo, la naturaleza”.

Antonio dejó buenos recuerdos en la que fue su única esposa y en su hija. Su adicción a las drogas nunca interfirió con su buena labor como padre. “Era un auténtico poeta, un tipo guapo por dentro y por fuera, y la heroína formaba parte de esa creatividad que le hacía tanto daño. Esa es la gran tragedia”, asegura el ejecutivo. Fue la madre la que protegía a Antonio de todo, la que lo cuidaba “y tenía largas charlas con él a altas horas de la madrugada, evitando que se sintiese solo”, como recordaba Javier de Montini.

Por eso, cuando Lola se fue, Antonio entró en barrena. En el único concierto en el que se le vio tras la muerte de su madre, llevaba una venda en la mano, fruto del puñetazo que había pegado contra la pared como signo de rabia el día que ella murió. Amigos como Miguel Ríos declararon aquel 30 de mayo en el que una asistenta se lo encontró sin vida que pensaban que “la muerte de la madre lo enfrentaría con la vida”. Sin embargo, no fue así y el más sensible de los Flores se fue detrás de la bata de cola de La Faraona despidiéndose de un mundo que, como muchos artistas, nunca alcanzó a comprender del todo. 

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