Los hermanos Cortina Lapique impulsan el enoturismo en Vallegarcía, la bodega familiar junto a Cabañeros
Carlos y Felipe Cortina refuerzan el proyecto fundado por Alfonso Cortina con visitas guiadas, catas de vino y experiencias en plena naturaleza en los Montes de Toledo
La familia Cortina Lapique está reforzando el proyecto vitivinícola de Pago de Vallegarcía mediante el impulso de su actividad enoturística, iniciada en 2024 coincidiendo con varias efemérides relevantes para la bodega. Ubicada en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), junto al Parque Nacional de Cabañeros, la finca fue el gran proyecto personal de Alfonso Cortina desde finales de los años noventa y está actualmente gestionada por sus hijos, Carlos y Felipe Cortina Lapique.
El origen del proyecto se remonta a 1999, cuando se plantaron las primeras hectáreas de viñedo en una finca hasta entonces dedicada principalmente a la caza. La apuesta fue singular para la zona: se introdujeron variedades como merlot, cabernet sauvignon, syrah o viognier en un entorno de bosque mediterráneo y a una altitud de entre 850 y 900 metros. Con el tiempo, la iniciativa ha derivado en uno de los pocos vinos de pago reconocidos en Castilla-La Mancha, con Denominación de Origen Protegida desde 2019.
En la actualidad, la propiedad abarca miles de hectáreas en un entorno natural considerado uno de los mejor conservados de la península ibérica, donde el viñedo convive con encinas, robles y vegetación autóctona. Este contexto es uno de los elementos que la bodega está poniendo en valor a través de visitas organizadas al público.
La apertura al enoturismo se formalizó en abril de 2024, coincidiendo con el 25 aniversario de la primera plantación de viñedos y los cinco años del reconocimiento como Vino de Pago. Desde entonces, la bodega ofrece distintas experiencias que combinan recorrido por el viñedo, visita a las instalaciones de elaboración y crianza y catas comentadas de sus vinos.
Según la información facilitada por la propia bodega, las visitas se estructuran en dos formatos principales. El primero, de carácter introductorio, tiene una duración aproximada de una hora y media e incluye la cata de tres vinos (entre ellos el Vallegarcía Viognier y el Petit Hipperia) acompañados de productos locales y aceite de oliva virgen extra de la finca. El segundo amplía la experiencia hasta las dos horas o dos horas y media e incorpora una cata más completa con referencias como el Hipperia o el Vallegarcía Syrah.
Ambas modalidades comienzan con una bienvenida en la finca y un recorrido guiado por el pago, seguido de la visita a la bodega, donde se detallan los procesos de elaboración, crianza y embotellado. Las experiencias se realizan con cita previa y, por el momento, en horario de mañana.
A través de sus redes sociales, la bodega ha compartido varias imágenes de las posibilidades de esta actividad, mostrando el entorno natural en el que se desarrolla el viñedo y el planteamiento de las visitas, orientadas a trasladar al visitante las características del terruño y su influencia en los vinos.
Más allá de su dimensión empresarial, Vallegarcía mantiene un fuerte componente personal para la familia. La finca ha sido durante décadas lugar de encuentro habitual y escenario de celebraciones familiares, muy vinculada a la figura de Alfonso Cortina. De hecho, en 2021, poco más de un año después de su fallecimiento, Felipe Cortina eligió este enclave para celebrar su boda con Amelia Millán, en una decisión que reflejaba la firme voluntad de mantener vivo el legado paterno.
Con esta iniciativa, los hermanos Cortina Lapique consolidan una nueva línea de desarrollo para el proyecto familiar, que combina la producción vitivinícola con la apertura controlada de la finca al público, en un contexto de creciente interés por el enoturismo en España.
La familia Cortina Lapique está reforzando el proyecto vitivinícola de Pago de Vallegarcía mediante el impulso de su actividad enoturística, iniciada en 2024 coincidiendo con varias efemérides relevantes para la bodega. Ubicada en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), junto al Parque Nacional de Cabañeros, la finca fue el gran proyecto personal de Alfonso Cortina desde finales de los años noventa y está actualmente gestionada por sus hijos, Carlos y Felipe Cortina Lapique.