Mercedes De la Rosa: "Para contar mi camino tenía que ir a mi historia familiar, mi punto de partida"
Empresaria y periodista, tiene dos centros de yoga en Madrid, templos para sus socios. Su historia parte de la ansiedad que sufrió cuando su padre, Javier de la Rosa, ingresó en prisión
Un punto de timidez y cierto halo de fragilidad desaparecen en cuanto cruzamos la puerta y nos abraza. Mercedes de la Rosa, flaca y menuda, tiene una fortaleza con la que podría tumbarnos si quisiera. Abrió su primer centro de yoga en su Barcelona natal, cambió la ciudad por Madrid, donde abrió dos centros que son un referente ahora mismo de estilo de vida. Zentro Urban Yoga, ZUY, es una marca con la que se identifican personas que viven sin tanta prisa, más en el ahora, cerca de su propio yo.
Son dos centros de yoga, sí, pero también retiros de reflexión, una newsletter diaria que siguen miles de personas, clases de meditación a distancia y hasta dietas equilibradas. Todo bajo la tutela de esta empresaria, yogui, periodista y casi gurú, quien un día decidió casi por necesidad que tenía parar. Un día negro en su historia. ¿Cómo ha conseguido ese poder mental? Es una de las cuestiones que nos cuenta en esta cita y que ha plasmado en su libro, ‘Comprende, confía, vive: el camino para salir del ruido mental’ (Editorial Espasa).
Nos cita en un principal en la calle Muntaner, un lugar que es una declaración de intenciones. Es el centro Máxima que ofrece cuidado integral de la salud femenina en menopausia, un lugar que transmite calma, confort y luz.
"Todo lo que explico viene de mi experiencia"
A Mercedes de la Rosa sus amigos siempre la han llamado Mer, y ahora también sus seguidores. Creó una comunidad hace algo más de 15 años que se ha convertido en un grupo en el que se vuelcan las inseguridades, se trabajan los miedos y se sale reforzado, como robles, como ella misma. Ver sus posturas de yoga en Instagram deja a uno boquiabierto: la flexibilidad, la fuerza y la libertad de la mente que permite al cuerpo hacer lo que quiere.
Pregunta. ¿Has sido muy autoexigente?
Respuesta. Mucho. Y precisamente estas técnicas me han enseñado a ser más compasiva. Para mí son el yoga y la meditación, pero hay muchos caminos: terapia, deporte, naturaleza… todos llevan a lo mismo. A mí me han enseñado a no ser tan dura conmigo, porque eso te hace sufrir mucho.
La respuesta podría se run resumen sencillo de su método, el que ella aprendió casi por necesidad hace muchos años cuando su padre, el empresario Javier de la Rosa, entró en prisión, acusado de delitos económicos. Lo cuenta en su libro, al principio y al final: aquella noche se fueron todos a la cama a las tres de la mañana, se llevaban a su padre detenido y su madre les dijo que se levantaran al día siguiente como si nada e hicieran lo que tenían que hacer. Mercedes se fue a hacer el examen de conducir y sí, aprobó.
"Empieza con diez respiraciones conscientes, profundas. Es transformador"
Entre ataques de angustia, miedos y temblores, la joven se dio cuenta de que tenía que cambiar su vida. Y así es como empezó un camino que relata en sus páginas y al que invita a sumarse. Y todo lo aprendido, que es mucho -como se pueden imaginar-, aparece en su libro, que no pretende enseñar desde la teoría, sino acompañar desde la experiencia. Lo cuenta y seguramente muchos descubran al leer su libro la historia de la mujer que les ha enseñado a vivir de otra manera.
“Yo no puedo contar algo que no he experimentado en mí”, explica con serenidad sin impostura. “Todo lo que explico viene de mi experiencia, porque si no, no sabría contarlo”. Su experiencia no era algo que necesitaran sus lectores ni sus alumnos, ha sido algo casi orgánico: "Para contar mi camino tenía que ir a mi historia familiar, mi punto de partida".
Ese camino, en su caso, no tiene nada de épico ni de espectacular. No hay recetas milagro ni grandes gestos, sino una propuesta casi radical por su sencillez.
P. Qué recomendarías a una persona que empieza ese camino, que necesita parar y comenzar de nuevo.
P. Empieza con diez respiraciones conscientes, profundas. Diez reales. Si en la cuarta te has ido, vuelves a empezar. Eso está al alcance de todos y es súper transformador. Pueden ser dos minutos, pueden ser hasta diez.
Lo dice con una sonrisa permanente, como quien comparte algo que le ha salvado la vida sin necesidad de subrayarlo. “No nos permitimos parar”, reflexiona. “No nos damos ese espacio de presencia para decir: ‘¿cómo estoy viviendo?’. Y si no lo hacemos, nos enfermamos”. En mitad de la conversación, surge una cuestión inevitable, casi generacional, que ella responde sin impostura.
P. Hay una tendencia tipo Mr. Wonderful, todo positivo… ¿no se ha frivolizado?
R. Claro, porque nos gustaría que todo fuera perfecto. Pero hay que bajarle. Escucharse y sentirse. Somos mucho más sabios de lo que creemos. La escucha es una brújula. Buscamos fuera lo que ya somos, porque hay mucho ruido. Al principio necesitas guía, pero llega un momento en que nadie te conoce mejor que tú. Eso sí, requiere disciplina y continuidad. Como ir al gimnasio: nadie puede hacerlo por ti. Pero hay que hacerlo desde el amor, no desde el “hago lo que me da la gana”, sino desde un camino consciente.
"Somos mucho más sabios de lo que creemos. La escucha es una brújula"
Y ahí está el núcleo de todo: no cambiar la vida, sino la forma de habitarla. “Tu vida va a seguir siendo la misma, pero cambia cómo la vives. Y eso es lo poderoso. Poder escoger”. De la Rosa no duda y no busca convencer. Expone, y lo hace con un gesto en el que hay algo profundamente elegante, como su manera de moverse, como su forma de mirar, como ese abrazo inicial que desarma cualquier prejuicio.
En su universo, el yoga y la meditación son herramientas, no dogmas. “Hay muchos caminos”, insiste. “La terapia, la naturaleza, el deporte… cada uno tiene el suyo”. Ella encontró el suyo hace años y lo ha convertido en una comunidad que hoy reúne a miles de personas. Un espacio donde se comparten miedos, se trabajan inseguridades y se sale más fuerte. En casa, ese mismo enfoque se traslada a su relación con sus hijas. “Ellas me decían: ‘mamá, eres distinta’”, cuenta, divertida. “Y yo les decía: ‘distintos somos todos’”.
"Tu vida va a seguir siendo la misma, pero cambia cómo la vives"
Recuerda que cuando eran más pequeñas, las dejaba en casa para irse a practicar yoga y que ellas a veces no lo entendían. Pero al ver que volvía mucho mejor, al final eran ellas quienes le decían ‘mamá, vete siempre’. Es aquí, en el detalle, como ella misma dice, que se resume, sin querer, todo lo que Mercedes de la Rosa propone: no una vida perfecta, sino una vida más consciente, más amable, más propia. Y, sobre todo, más libre.
Un punto de timidez y cierto halo de fragilidad desaparecen en cuanto cruzamos la puerta y nos abraza. Mercedes de la Rosa, flaca y menuda, tiene una fortaleza con la que podría tumbarnos si quisiera. Abrió su primer centro de yoga en su Barcelona natal, cambió la ciudad por Madrid, donde abrió dos centros que son un referente ahora mismo de estilo de vida. Zentro Urban Yoga, ZUY, es una marca con la que se identifican personas que viven sin tanta prisa, más en el ahora, cerca de su propio yo.