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HA DEJADO UN GRAN RECUERDO EN AMIGOS Y CONOCIDOS

La noche en que Peret y el Pescaílla se pelearon por Lola Flores

Los dos eran la rumba catalana en esencia. Ambos se denominaban como inventores de ese estilo que hizo furor en la España de los sesenta, setenta y ochenta. Se llevaban muy bien, aunque no llegaron a grabar juntos. Nunca se enfrentaron en el escenario, p

Los dos eran la rumba catalana en esencia. Pedro y Antonio, como los llamaban en casa, o Peret y el Pescaílla, como se los conocía artísticamente –nombres que terminaron por anular al del bautismo–, se autodenominaban inventores de ese estilo que hizo furor en la España de los sesenta, setenta y ochenta. Un ritmo que dominó el mundo la noche de la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona con Los Manolos, Los Amaya y Peret como jefe de la tribu cantando "Gitana Hechicera".

Lo corearon todos los  atletas españoles sin que la diferencia de comunidad autónoma fuera un problema, como sucede ahora. Desde aquel momento, y a pesar de los críticos de siempre, la rumba catalana pasó a formar parte del imaginario nacional y Peret estandarte musical junto con Monserrat Caballé. Con esta olímpica se llevaba muy bien: "Es de las artistas más importantes del siglo XX. Y también la más humilde y bondadosa", decía cuando le preguntaban a quién admiraba.

Siempre que los dos 'padres' de la rumba se encontraban públicamente, reivindicaban su lugar en el Olimpo de la autoría, pero, fuera de esa disparidad que alentaban los seguidores de ambos, se llevaban muy bien. No llegaron a grabar juntos. "No se ha encartado", sentenciaba el Pescaílla. Pero sí compartieron escenario en el tablao de Pastora Imperio y Gitanillo de Triana. Cada uno en su sitio. Antonio acariciando la guitarra y Peret, como un Mick Jagger del flamenco, dando cabriolas con ella.

Conflicto en casa de Lola Flores

Peret (Gtres)
Peret (Gtres)

Y lo hacían en público y en privado, como la vez que un grupo de periodistas acudimos a casa de Lola Flores en la calle María de Molina de Madrid. El domicilio de los Flores era como un teatro, donde había actuaciones en directo imprevisibles como la que sucedió aquella tarde-noche que acabó de madrugada con un Peret y un Pescaílla a punto de no volver a dirigirse la palabra en lo que les restaba de vida.

Precisamente, el entuerto lo arregló la rumba catalana. Peret era hombre de piropo fácil y se los dedicaba a la gran Lola, quien se los tomaba con humor, hasta que el marido dijo "se acabó". Los periodistas nos quedamos sin movernos, expectantes. El Pescaílla se levantó, enganchó a su mujer por el talle y se puso a bailar una rumba imaginaria. Peret, el golferas bondadoso, el colega divertido, tomó su guitarra, la volteó varias veces mientras llevaba el compás y se puso a cantar "Lo mato". Ahí se acabó el desencuentro. Después tocó Antonio González y bailó Lola con todo su arte. Fue una noche mágica donde el duende de los tres fue uno.

Peret fue un hombre facilón con la prensa. Consiguió que su "Borriquito como tú" se convirtiera en una especie de himno festivalero en bodas, bautizos y comuniones compartiendo éxito con "El carro", de su amigo Manolo Escobar. Se tradujo a mucho idiomas incluido –decía él– “el cantonés”. A lo mejor se lo inventaba, pero los periodistas nos lo creíamos. Por aquel entonces no existía Google y lo que se hacía era poner en marcha un magnetofón con la cassette dentro. Ni él mismo imaginaba tanto éxito. "El 'Borriquito' me dio la vida, el dinero y una popularidad increíble que después me vino muy bien para mostrar el camino del evangelio", contaba cuando abandonó su carrera de éxitos por su trabajo como hermano Pedro en la Iglesia Evangélica de Filadelfia. Durante nueve años eligió ese pulpito y cuando concedía entrevistas –muy pocas– decía que el fin era comunicar su mensaje.

El 'Borriquito' lo compuso una tarde de inspiración en la que, como siempre, "estaba con papel, guitarra y cassette. Salió porque tenía que salir. Las musas siempre me pillaron como a Serrat, trabajando". A él le dedicó "Per al meu amic Serrat" y él y Sabina lo incorporaron a su gira. "Tres golfos reciclados", decía.

 Pedro Pubill Calaf, Peret, ha muerto a los 79 años rodeado de su familia y dejando un gran recuerdo en amigos, conocidos y seguidores. Era un hombre bueno.

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