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Rafael del Pino (Ferrovial) ya está divorciado, pero ambas partes han recurrido

Ni el empresario ni su exmujer han quedado contentos con la sentencia, sobre todo en lo que tiene que ver con la custodia de las dos hijas

Foto: Rafael del Pino y Astrid Gil-Casares en un fotomontaje de Vanitatis.
Rafael del Pino y Astrid Gil-Casares en un fotomontaje de Vanitatis.

Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, y su mujer Astrid Gil-Casares ya están divorciados legalmente. Una sentencia que ambos han recurrido al no estar de acuerdo con determinados aspectos en los que se ha basado la jueza para dictar su veredicto, tal y como confirman a Vanitatis fuentes judiciales.

La disconformidad de la expareja con respecto al dictamen tiene que ver con puntos referidos a la custodia de la tres niñas del matrimonio, que en estos momentos es compartida, así como lo referido a la manutención de las pequeñas y otras claves de tipo económico. La petición por parte de ella se sostiene en que el nivel económico de las menores no baje por el divorcio de los padres. El patrimonio del presidente de Ferrovial y su familia alcanza según la revista 'Forbes' los 8.600 millones de euros, de los que unos 3500 serían de Rafael. Del Pino está considerado como una de las primeras fortunas de España, la segunda en el ranking del Ibex. Por lo tanto, las demandas económicas de la exmujer estarían planteadas desde ese marco objetivo patrimonial donde Del Pino sería la parte más potente.

El caso de Gil-Casares y Del Pino es diferente a otras rupturas de la alta sociedad como las de Manuel de la Concha y Paloma Altolaguirre o Fernández Tapias y su segunda mujer, Juana García Courel. Ellas dejaron de existir para los convocantes de fiestas sociales y amistades, que se quedaron con el poderoso. En estos dos casos eran ellos los que manejaban patrimonio, aviones privados y yates de recreo y, por lo tanto, solo hubo desbandada con respecto a ellas.

Rafael del Pino y su mujer, Astrid Gil-Casares, en su boda en 2006 en Chinchón, Madrid.
Rafael del Pino y su mujer, Astrid Gil-Casares, en su boda en 2006 en Chinchón, Madrid.

Astrid no ha sufrido este deterioro público porque no era asidua a recepciones y fiestas. Tiene su grupo de amigas de toda la vida que la han apoyado en el difícil trance que supone dar por finalizados diez años de matrimonio. Salvando las distancias y sobre todo la edad, Gil-Casares es más del tipo hermanas Koplowitz, cuyo lema de vida es la discreción.

Lo que estaba en litigio

Del Pino es alérgico a todo lo que tenga que ver con apariciones en lugares multitudinarios. Su vida transcurre entre su dedicación profesional y sus escapadas a la finca de 800 hectáreas que considera su refugio extremeño, en Las Villuercas, que alterna con las estancias en la mansión de Formentera y jornadas de navegación en alguno de su dos barcos. Estas propiedades no formaron parte del lote divisorio con el que se podría litigar en la separación porque el matrimonio se celebró en régimen de separación de bienes.

El palacete familiar en El Viso que fue domicilio conyugal sigue siendo la vivienda del presidente de Ferrovial. La exmujer y las tres hijas se trasladaron a otra casa una vez se hizo efectiva la ruptura. La separación de la pareja, que se casó el 10 de junio de 2006, después de dos años de noviazgo, la planteó Gil-Casares en mayo del 2016. Como sucede en muchas historias de amor, hubo un deterioro emocional que ambos intentaron superar sin éxito, sobre todo por las menores.

En un principio se intentó un divorcio amistoso de mutuo acuerdo compartiendo abogados. No pudo ser y Gil-Casares presentó hace un año la documentación en los juzgados de la calle Francisco Gervás de Madrid, donde se tramitó todo el expediente. De ahí ha nacido una sentencia que ahora Del Pino y su exmujer han recurrido.

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