La gran boda de Alín entre la iglesia del Espíritu Santo y Soto de Mozanaque: del vestido de Navascués con zapatos de Chanel a la decoración frutal
Nos adentramos en el enlace de Alín, directora de marketing de la marca cosmética La Mer, y Fernando, experto en gestión e inversión de fondos inmobiliarios, celebrado el pasado otoño en Madrid
La historia de amor de Alín Fontán y Fernando Rodríguez-Carreño estaba predestinada incluso antes de su nacimiento. "Gloria, la abuela de Fer y María Teresa, la mía, son mejores amigas desde su juventud. Llevan toda la vida juntas, se llaman cada día, se visitan con frecuencia, pues viven ambas en la calle Castelló. Han pasado toda clase de aventuras juntas. Toda una vida. Si tengo que definir la amistad verdadera, diría que la he visto desde que soy pequeña con mi abuela Teté y Gloria", cuenta la novia.
Ella, de 33 años y directora de marketing de la marca cosmética La Mer, "Mi nombre es María, pero todo el mundo me llama Alín", y él, de 37 años y experto en gestión e inversión de fondos inmobiliarios en el fondo de inversiones Eurofund Group, conocían su existencia, pero no fue hasta una boda cuando se pusieron cara. "Nos vimos en la boda de una amiga que tenemos en común. Supe al instante que era él. Me acerqué yo, hablamos un rato y bailamos una canción. Después de ese día, comenzamos a coincidir en fiestas por Madrid, y empezamos a quedar, hasta hoy".
La petición de mano se produjo hace tres años. "Fue en casa de mis padres con ellos, los padres de Fer y nuestros hermanos y cuñados. Luego reservamos en un pequeño local e invitamos a nuestros amigos y familia cercana a tomar una copa", recuerda.
Con el compromiso matrimonial público, la pareja fijó la fecha y el lugar de su boda. Sería el 11 de octubre de 2025 en Madrid, primero, ceremonia religiosa en la iglesia del Espíritu Santo y después, en la finca Soto de Mozanaque, dos de los enclaves más solicitados en la capital.
Alín y Fernando organizaron cada detalle de su enlace sin la ayuda de ningún wedding planner. Estaban convocados 345 invitados. "Nos imaginábamos ese día muy especial y bonito. Teníamos muchas ganas de casarnos. Dábamos muchísima importancia a la ceremonia religiosa y desde luego fue un día único".
Cuando la boda estaba en marcha, la novia se centró en la búsqueda de diseñador para su vestido. "Tras varias visitas a algunos ateliers, con Navascués lo tuve claro al momento. Sin duda, fue la mejor elección", destaca. "Primero me atendió Guillermo, del equipo de Cristina Martínez-Pardo Cobián, que sin decirle qué me gustaba, ni qué estilo quería, me caló al instante. A los 10 minutos tenía un diseño de vestido que era totalmente Alín Fontán".
Teniendo claro que la novia quería cuello alto, "me define mucho, lo llevo a diario y me encanta" y detalles en nido de abeja, el traje empezó a coger forma. "Mi idea siempre fue llevar un vestido sencillo con una buena hombrera, otro rasgo que define mi estilo". Sobre la marcha, durante el proceso de creación, "decidimos que el cuello podría abrirse por detrás, bajando el nido de abeja hasta mitad de la espalda y también en los puños, eso quitaba algo de seriedad y era muy original".
El reto llegó con la construcción de las mangas. "Me empeñé en quitar las mangas para poder bailar sin parar. Y con un hándicap: quería quitármelas con un cuello más halter que recto. No lo puse nada fácil, pero lo conseguimos". Por último, el toque final: una cola de casi 4 metros. "Mi abuela se casó con una cola kilométrica y le prometí que yo haría lo mismo. Fue de casi 4 metros y a mi abuela le emocionó mucho".
Por supuesto, Cristina y todo su equipo fueron cruciales, "con una enorme profesionalidad, me aportó toda la tranquilidad del mundo y sin ella no habría sido posible".
Turno para adentrarnos en los accesorios que llevó Alín: unos zapatos destalonados de Chanel, los icónicos 'slingbacks', y unos pendientes vintage. El ramo fue obra de Loreto Aycuens, "con la que trabajo desde hace muchos años y a la que tengo un grandísimo cariño como profesional y amiga. Tiene un gusto exquisito, es delicada, empática, buena. No la hay mejor. Tenía la idea muy clara, Anthurium como protagonista y toques burdeos, casi negros y naranjas. Pero si no la hubiera tenido, podría haber confiado esa decisión a Loreto y estar igual de feliz".
El novio, Fernando, llevó un chaqué gris marengo de la sastrería Tom Black estampado con un discreto príncipe de Gales. "Lo acompañó con unos elegantes zapatos Oxford de la casa Castellanos, gemelos de oro de la Escuela Naval de Marín, un regalo muy especial de su hermano y un clásico reloj suizo Maurice Lacroix, regalo mío".
Mientras la madrina, Miriam Poole, fue clásica con mantilla negra, la madre de la novia, Alín Lucio-Villegas, lució un diseño tan atrevido como elegante de Nicolás Montenegro que combinaba tono mandarina y rosa fucsia.
Experta en belleza, la directora de marketing de La Mer, del grupo Estée Lauder, confió su beauty look en Bibi, 'makeup artist' de la marca Bobbi Brown. "Es una pasada cómo maquilla. Natural y perfecta". Raúl Cora, firmó su peinado, "me hizo un moño que luego se transformó en coleta".
Cuando estaba lista, Alín y su padre, Julio Fontán Silva, pusieron rumbo a la iglesia en un coche de época. "La ceremonia religiosa fue sobria y bonita gracias al sacerdote que la ofició, Don Javier. Remarcó que Dios estaría siempre en el centro de nuestro matrimonio. El resto del día lo recordamos sintiendo muchísimo el cariño de nuestros familiares y amigos".
El recuerdo más especial del día lo protagonizaron sus dos celestinas. "Poder ver a mi abuela y a la abuela de Fer juntas, de la mano y superemocionadas, fue un regalo. Gracias a ellas estamos aquí. De hecho… Resulta que Fer y yo sí que nos conocimos, pero teníamos 3 y 7 años. La primera vez que nos vimos fue en casa de su abuela en Galicia".
Convertidos en marido y mujer, los recién casados y sus invitados cambiaron de ubicación para festejar su amor en la finca Soto de Mozanaque. Allí les esperaba una decoración muy otoñal, en tonos burdeos, marrones y naranjas, que combinaba frutas con flores. Alín nos cuenta todos los detalles. "El seating plan lo hicieron mi madre y la madre de Fernando, y Aquilea remató con sus flores para que quedase ideal. La decoración de las mesas combinó frutas de temporada con flores. Me pareció una obra de arte por parte de Aquilea".
Ciboulette Catering sirvió tanto el cóctel como la comida. ¿El menú? De primero, crema trufada de espárragos verdes, tartar de verduras y colas de gambas y vieiras. De segundo, roast beef con salsa de mostaza a la antigua, patatitas doradas a la crema y pimientos del piquillo asados en horno de leña con cebollitas perla glaseadas. Y de postre, tarta árabe de obleas, crema inglesa y almendras escarchadas.
Para abrir el baile, Alín y Fernando escogieron 'When a Man loves a Woman', de Percy Sledge. Como consejo para futuras novias, la directora de marketing nos dice que, "disfrutad cada minuto y estad juntos ese día lo máximo posible. Fer y yo teníamos un 'pacto', como había tantísima gente, es normal que quisiéramos saludar y dar las gracias a todo el mundo, pero si pasados 10 minutos no nos veíamos, nos buscábamos. Es una pena estar separados, porque ese día es VUESTRO".
La historia de amor de Alín Fontán y Fernando Rodríguez-Carreño estaba predestinada incluso antes de su nacimiento. "Gloria, la abuela de Fer y María Teresa, la mía, son mejores amigas desde su juventud. Llevan toda la vida juntas, se llaman cada día, se visitan con frecuencia, pues viven ambas en la calle Castelló. Han pasado toda clase de aventuras juntas. Toda una vida. Si tengo que definir la amistad verdadera, diría que la he visto desde que soy pequeña con mi abuela Teté y Gloria", cuenta la novia.