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FUE EL 4 DE SEPTIEMBRE DE 1997

El "desgaste" del matrimonio de la infanta Cristina y Urdangarin en su 20 aniversario

La infanta "está fatal", según su entorno, muy cansada. Por mucho que lo intenten, no pueden olvidar su "desgracia". La dependencia económica de Iñaki hace mella en la pareja

Foto: La infanta Cristina e Iñaki el día de su boda. (Vanitatis)
La infanta Cristina e Iñaki el día de su boda. (Vanitatis)

El cambio de país, la falta de trabajo de Iñaki, las informaciones que desvelaron traiciones, los niños alejados de la familia, los continuos viajes de Cristina a Barcelona, el ninguneo de Casa Real. Los motivos son muchos, ¿el resultado? El matrimonio Urdangarin de Borbón llega "desgastado" a su 20 aniversario. Lo dicen desde su entorno. Algunos incluso se atreven a ir más allá: "No están bien".

"Ella está fatal, muy cansada, y eso hace mella en la pareja", dicen a Vanitatis desde su círculo más cercano. Las ternas cambiaron hace un tiempo. Primero fue él quien padeció más, quien no podía con todo el peso de la sociedad sobre sus hombros. Barcelona se volvió insostenible para el entonces duque de Palma y cuando se mudaron, pudo respirar. Fue ella la que bajó la guardia entonces. No ha sabido digerir algunas traiciones de su marido. Y su absolución fue un alivio, cierto, pero la condena de él no les deja vivir en paz.

Cristina y Elena en una imagen de archivo. (EFE)
Cristina y Elena en una imagen de archivo. (EFE)

La "desgracia"

Por mucho que lo intenten, nada puede hacerles olvidar su “desgracia”. Así lo llaman sus amigos, quienes ven cómo Cristina e Iñaki celebran este miércoles su 20 aniversario de una manera muy distinta a como habían imaginado. Lejos de los suyos, de su país y de todas sus antiguas metas, distanciados a su pesar. "Ella curra todo el tiempo y él no hace más que deporte, cuidar a los hijos, buscarse currillos con los que sacar algún dinero. Es una situación agobiante a la que Cristina se ha visto atada sin remedio y ahora le pesa".

El entorno no es favorable. Cuando la Infanta acudió al funeral de doña Alicia, prima del Rey emérito, no logró un solo punto de encuentro con su hermano. Cuando pensó que era el momento de hacer un gesto más atrevido, agresivo incluso, y pasó la última Semana Santa en la finca de su prima Cristina de Borbón Dos Sicilias, se topó con el muro de Zarzuela. Era demasiado pronto para esos movimientos. Y así, este verano la hemos vuelto a ver en Bidart, con la familia de su marido, en un mundo cada vez más pequeño y cerrado.

Cristina, declarando ante el juez. (EFE)
Cristina, declarando ante el juez. (EFE)

Incluso durante el juicio, cuando su marido decidió acercarse a su exsocio, Diego Torres, y limar asperezas para intentar que la pena no fuera demasiado alta, Cristina claudicó con esa fortaleza que la había caracterizado antes. "¡Si hasta le pedía consejo al abogado de Torres, que había sido el diablo!", señalan fuentes del caso, que dicen que fue Manuel González Peeters, defensor de Torres, el responsable de que la prensa publicara los famosos correos de Urdangarin.

Las amigas, en armas

Ante esta situación, también las amigas de la hermana del rey Felipe VI están molestas: ven a Cristina encerrada en una jaula de oro de manera injusta y saben que no es feliz. Algunas de ellas no soportan a Iñaki. "Lo veían un chulo antes, imagínate ahora", dice una persona del círculo barcelonés.

Hace 20 años, el 4 de septiembre de 1997, Barcelona amaneció soleada... y también tomada por la policía. Aunque por motivos distintos: en lugar de manifestaciones, la capital catalana se llenaba de personalidades internacionales y del país para asistir a la boda de Iñaki y Cristina. 20 años no son nada… o lo son todo en este caso, porque ni su vida ni la de la ciudad que les vio crecer como pareja tienen nada que ver con entonces.

La Infanta suele visitar Barcelona con regularidad, cada semana o cada dos semanas. Su presencia es habitual en las torres negras de la avenida Diagonal, donde La Caixa tiene su sede y ella su despacho. Cerca, en los AC Victoria Suites by Marriot, la hermana de Felipe VI pasa sus pocas horas libres, las que también aprovecha para hacer algunas visitas o dedicar tiempo a sí misma.

Pero esta semana no se espera su presencia en Barcelona, tal y como ha podido confirmar Vanitatis. Cristina de Borbón estará con su marido y sus hijos para celebrar su amargo aniversario de bodas. El matrimonio espera con ansiedad la decisión última del Tribunal Supremo para saber si finalmente Iñaki deberá ingresar en prisión. Ellos confían en que “al final se hará justicia”, tal y como dice la propia Infanta en su entorno, lo que para ellos supone que el exduque no pise la cárcel. La sentencia que exculpa a la Infanta y condena a Iñaki por mucho menos de lo que ellos esperaban les hizo repensar su futuro.

Una mujer cansada

Pensaron que la condena sería mayor y que su ingreso en prisión sería inmediato e inevitable, por lo que empezaron a planear su mudanza. Lisboa se perfiló como uno de los destinos más fáciles y sencillos, pero Zarzuela consideró que no era apropiado.

Cristina en Ginebra. (EFE)
Cristina en Ginebra. (EFE)

Ginebra es, por el momento y por mucho tiempo, su lugar de residencia estable y permanente. Allí, Urdangarin sigue con sus tareas domésticas y Cristina con el peso económico de la familia. El exduque ya ni siquiera busca trabajo, lo que lo convierte en dependiente de su mujer. Ella, mientras, sigue atada a su padre, el Rey emérito, quien sufraga los colegios de todos sus nietos excepto los de la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Cristina se casó en un momento de su vida en el que había alcanzando una independencia y una capacidad de movimiento absolutos, y 20 años después es una mujer atada a los hombres de su vida y a la "desgracia" que ha supuesto el caso Nóos. Y es ahora una esposa cansada, una mujer que cambiaría muchas cosas. ¿Lo hará?

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