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DEPORTISTA DE ELITE

"Me llamo Iñaki Urdangarin, tengo 18 años y juego a balonmano desde hace 12"

Pablo Urdangarin, sobrino del Rey, acaba de empezar su carrera profesional en el balonmano fichando por un equipo alemán. Recordamos los inicios de Iñaki, que siempre mostró su voluntad de triunfar

Foto: Iñaki Urdangarin, besando una medalla. (CP)
Iñaki Urdangarin, besando una medalla. (CP)

Pablo Urdangarin, el segundo hijo de Iñaki y la infanta Cristina, ha profesionalizado su afición al balonmano y este año juega en la liga alemana. El chaval, a punto de cumplir 18 años, sigue la estela de su padre, quien empezó de niño a jugar a balonmano.

El exduque de Palma siempre mostró afición, fuerza y ambición, características necesarias para triunfar en el deporte. Empezó a los seis años y destacó desde el primer día. Se apuntó en el colegio, los Jesuitas de Caspe (en Barcelona, donde residía la familia), y pronto se convertía en la estrella de la liga escolar.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin en una prueba del triatlón. (EFE)
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin en una prueba del triatlón. (EFE)

“Me llamo Iñaki Urdangarin, tengo 18 años y juego a balonmano desde hace doce. Mis primeras aspiraciones y las más inmediatas quizás sean las de hacerme un sitio en el Fútbol Club Barcelona en el primer equipo. Y mirando ya a puntos más lejanos, quiero hacerme un sitio en el equipo nacional absoluto, cosa que es muy difícil. Pero supongo que con trabajo y esfuerzo se podrá llegar”.

Las palabras del joven Iñaki a una televisión local son el presagio de lo que logrará y la prueba de que ya de joven mostraba una ambición clara y precisa. Necesaria para triunfar en el deporte de elite, un mundo en el que su hijo acaba de empezar.

La infanta Iñaki Urdangarin y su hijo Miguel asisten a un partido de balonmano en Barcelona. (EFE)
La infanta Iñaki Urdangarin y su hijo Miguel asisten a un partido de balonmano en Barcelona. (EFE)

Urdangarin destacó enseguida, decíamos, tanto en la liga escolar como en la liga catalana, más tarde le ficharía la selección española. Pero sufrió un golpe que paró su carrera. Juan María Urdangarin, el padre de familia, fue trasladado de nuevo al País Vasco, de donde era originaria la familia, y se mudaron con todos sus hijos, excepto con Ana, la mayor, que tenía pareja y ya estaba instalada en Barcelona definitivamente.

A Iñaki lo matricularon en Vitoria, en el Colegio Santa María, de los marianistas, donde también jugaba a balonmano. Seguía participando en la selección española y cuando lo convocaban se encontraba con sus compañeros y amigos, a quienes confesaba sus ganas de volver a Barcelona y cumplir su sueño.

El marido de la infanta Cristina era un tipo que destacaba por muchos motivos. Medía más de 1,95, algo especial por aquel entonces; era zurdo, el único zurdo; era muy corpulento y rápido. Un combo perfecto. A los dos años de vivir en Vitoria llegó el sueño: Valero Rivera, entonces entrenador del Barça, lo llamó a filas. Iñaki Urdangarin fichó entonces por el primer equipo del Fútbol Club Barcelona, como había deseado ante las cámaras en una entrevista en un medio de barrio. Desde aquel momento, Rivera se convirtió en uno de sus mejores amigos, uno de los pocos que salió en su ayuda cuando las cosas se torcieron.

Juan, Iñaki e Irene Urdangarin durante la final del Campeonato Mundial de Balonmano de 2013. (EFE)
Juan, Iñaki e Irene Urdangarin durante la final del Campeonato Mundial de Balonmano de 2013. (EFE)

En aquellos años Urdangarin se trasladó a vivir a la residencia Blume, donde compartía habitación con dos deportistas que también llegaron lejos: Mateo Garralda y Ricardo Martín, ambos jugadores del Granollers. Uno de ellos suele recordar cómo Iñaki “se quejaba de que no jugaba suficientes minutos, siempre quería más”.

En su estancia de casi tres años en la Blume, entabló amistad con los jóvenes de la vela y el waterpolo, deportistas que años más tarde le presentaron a quien se convirtió en su mujer. De carácter abierto y divertido, Urdangarin se mezcló con los más juerguistas de la residencia. “Eran los más golfos pero eran los mejores del mundo en lo suyo, nadie les podía decir nada”, ha dicho en alguna ocasión Pedro García Aguado, exwaterpolista, compañero de generación de Urdangarin y famoso después por su rol en ‘Hermano mayor’.

Urdangarin abandonó la residencia y se instaló en casa de su hermana Ana, en el barrio del Putxet, donde vivió un tiempo hasta que se compró un apartamento a pocos metros del de su hermana. Entonces era ya una estrella que brillaba en el Barça y en la selección española. La historia que vino después es la que todos conocemos: de deportista de elite a empresario corrupto en el caso Nóos. Una condición esta última que le ha llevado a su penosa vida actual, en la que tiene que saber de los éxitos de su hijo desde la distancia.

Iñaki Urdangarin junto a su hijo, Pablo Nicolás, viendo un partido entre Rusia y Eslovenia en Barcelona. (EFE)
Iñaki Urdangarin junto a su hijo, Pablo Nicolás, viendo un partido entre Rusia y Eslovenia en Barcelona. (EFE)

Ambos despuntaron desde pequeños: a los seis años Iñaki empezaba a practicar en los Jesuitas de Caspe, la misma edad en la que Pablo probaba suerte en el Liceo Francés de Barcelona. Sus padres solían acudir a verle a los partidos entonces. Sin haber estallado el caso Nóos, se formaban siempre corrillos alrededor del matrimonio.

Llegó el escándalo y con él el abandono de amigos. La Infanta y su marido se sentaban prácticamente solos a ver jugar a sus hijos, porque no es Pablo el único que ha jugado a balonmano, aunque por ahora es el único que ha triunfado.

Ahora el joven vive en Hannover, donde juega en el TSV Hannover Burgdorf, en la sección sub-19, y ya ha disputado su primer partido, tal y como informaba 'Semana'. Como su padre, empezó de pequeño a practicar este deporte y cuenta con la ambición necesaria para triunfar en la cancha.

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