Ari Behn, Lady Di, Tessy de Luxemburgo...: la presión de ser el ex de un royal
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LOS TENTÁCULOS REALES SON ALARGADOS

Ari Behn, Lady Di, Tessy de Luxemburgo...: la presión de ser el ex de un royal

Después de sus divorcios con miembros de diferentes familias reales, todos ellos han continuado sintiendo el peso de la Corona sobre sus cabezas

Foto: Ari Behn, Lady Di, Tessy de Luxemburgo...: la presión de ser el ex de un royal
Ari Behn, Lady Di, Tessy de Luxemburgo...: la presión de ser el ex de un royal

Diana de Gales nunca llegó a imaginar el contrato de por vida que acababa de firmar y que la ataría a una sobreexposición pública eterna, cuando dijo 'sí, quiero' al príncipe Carlos de Inglaterra. Su llegada a la realeza, a pesar del posterior divorcio años más tarde, fue para siempre. Diana nunca pudo desvincularse de ella, ni de la presión que una institución de estas características ejerce sobre sus miembros.

Hoy todos sabemos que el matrimonio de Diana de Gales y Carlos de Inglaterra fue un absoluto fracaso. Si durante el mismo, y a pesar de los continuos desencuentros, Diana tuvo que saber actuar en infinidad de ocasiones para mostrar una estampa idílica, una vez divorciada, la princesa nunca pudo liberarse de esa presión social, mediática y protocolaria.

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Lady Di era, con todo, rebelde. Era parte de su encanto. Se lió la manta a la cabeza. Decidió no callar más. Realizó confesiones sobre la familia real inimaginables. Y decidió vivir, conocer a otros hombres, divertirse y por el camino poner en aprietos pocas veces antes vistos a la mismísima reina Isabel II y a su churumbel, que además tuvieron que observar, impotentes, como aquella rubia de aspecto tímido les robaba todo el protagonismo y el cariño de la gente.

Lady Di en una imagen de archivo. (Getty)
Lady Di en una imagen de archivo. (Getty)

Ser la ex de un royal generó, cómo no, interés mediático. Pero en el caso de Diana, aquello solo era la punta del iceberg. Se convirtió en la madre del futuro heredero al trono y en un icono de modernidad y estilo. En ella se juntaron factores como fueron su historia, su personalidad y su belleza que atraían como un imán.

El seguimiento diario que se le hizo llegó demasiado lejos una fatídica noche en la que un coche persiguió al de Lady Di para lograr la foto de ella junto a su nuevo amante. Diana de Gales murió tras sufrir un accidente.

El difícil papel que juega el ex de un royal ha vuelto a resaltar esta semana con la terrible noticia del suicidio de Ari Bhen, el exmarido de la princesa Marta Luisa de Noruega. Su muerte ha sido el final de un camino marcado por la depresión que arrastraba y que no desapareció durante su matrimonio con la hija del rey Harald.

Ari Bhen era un artista multidisciplinar, una mente altamente creativa y un hombre que trató de ser feliz junto a su esposa y sus hijos a pesar de su depresión. Pero la situación le superó una vez más. El propio Behn confesó en alguna entrevista su tendencia a hablar de más en situaciones que no debía hacerlo y a comportarse de manera inadecuada, algo que hacía enfadar a la reina Sonia.

Marta Luisa de Noruega y Ari Behn en una imagen de archivo. (EFE)
Marta Luisa de Noruega y Ari Behn en una imagen de archivo. (EFE)

Admitió que no era un compañero fácil de vida y, aunque era consciente de que su personalidad (provocativa y transgresora) no podía cuadrar, en ocasiones, con el encorsetamiento de la realeza, fue incapaz de no llamar la atención dentro de ella más de lo que, seguro, le hubiera convenido. Inolvidable fue el escándalo de su cabeza sumergida en los pechos de una bloguera, una estampa que retrató un fotomatón y que la chica publicó en redes. Aquello ocurrió pocas semanas antes de que se comunicara de manera oficial el divorcio de Ari y Marta Luisa.

Tras la separación, Ari no se mordió la lengua. El interés mediático en torno a él, como ex de una princesa, perduró siempre. Su facilidad para hablar sobre su vida, su divorcio, sobre los reyes o sobre su ex, sin paños calientes, aumentó la expectación aún más.

Pero Ari continuó siendo infeliz. Quizás su incapacidad de vivir de manera optimista y de hacer felices a los demás, le generó una frustración con la que no pudo más. El cuento de princesas pudo convertirse, en su caso, en una pesadilla.

No todos los ex de royals han llegado al nivel de ansiedad que Ari generó en su interior, más provocado por su enfermedad que por las circunstancias que le tocaron vivir como marido de una princesa. El caso de Sarah Ferguson, por ejemplo, dista mucho del suyo. La duquesa de York fue la polémica personificada durante su matrimonio con el príncipe Andrés y después de su divorcio, aunque si algo caracterizó a la pelirroja fue su sentido del humor.

Sarah Ferguson, en la boda del príncipe Harry con Meghan Markle. (Getty)
Sarah Ferguson, en la boda del príncipe Harry con Meghan Markle. (Getty)

Demasiado expresiva, poco comedida y sin el punto de discreción que a la reina Isabel II le habría gustado, Sarah era un filón para la prensa. Protagonizó varios escándalos, como ser grabada por un periodista criticando a varios miembros de la familia real o como ser acusada de utilizar su papel dentro de la Corona para beneficiarse económicamente con algún negocio.

Tras su divorcio, el nivel de exposición de Sarah Ferguson en los medios bajó, pero siempre ha continuado generando interés. Como ex de un royal, ahora los errores cometidos por su exmarido, manteniendo su amistad con el depredador sexual Epstein y protagonizando uno de los mayores escándalos de la familia, la han salpicado de lleno, tanto a ella como a sus hijas. La imagen de los York no pasa por su mejor momento y Sarah debe seguir midiendo con lupa cada paso que da para no perjudicar a la institución de la Corona.

En el caso de Tessy de Luxemburgo y el príncipe Louis, ambos rompieron todos los esquemas de las casas reales europeas desde el principio hasta el final de la relación. Los humildes orígenes de Tessy y su profesión, militar, se salían completamente de los habituales cánones católicos. De hecho, Louis tuvo que renunciar a sus derechos sucesorios y a los de sus hijos.

Tessy y Louis de Luxemburgo en 2013. (Getty)
Tessy y Louis de Luxemburgo en 2013. (Getty)

La pareja se conoció cuando él solo tenía 18 años y ella 19, durante una visita de Louis a las tropas militares en Kosovo, donde ella estaba destinada. Además de su juventud, el hecho de que tuvieran su primer hijo antes de casarse supuso un impacto en el pueblo luxemburgués.

Tessy siempre mostró admiración por sus suegros, Enrique y María Teresa. Pero una vez divorciada, comenzó a desvelar información en redes sociales que resultó sorprendente. A principios de este año dio a entender que no se lo pusieron tan fácil. Confesó que el Gran Duque Jean de Luxemburgo "fue el único miembro que me recibió con los brazos abiertos desde el primer día cuando me uní a la familia 14 años atrás. Gracias a él nunca me sentí como una intrusa, sino como una más. Un hombre realmente fuerte y de alma bondadosa".

Si su entrada en la familia ducal no fue dulce, su salida tampoco. Tras el divorcio, en declaraciones a Royal Central, la exmilitar confirmaba el final del proceso judicial por el que había tenido que pasar durante tres años para aclarar todo lo relativo a sus hijos en común con el príncipe Louis. Como miembros de una familia real, todo debía estar más que controlado y medido: "Me siento aliviada, ya que han sido los tres años más difíciles de mi vida, en los que aprendí mucho sobre las personas y cómo son realmente. Mis hijos y yo estamos esperando nuestro nuevo futuro.

El último ejemplo de la presión que vive un ex de un royal lo podemos ver en Gad Elmaleh, el ex de Carlota Casiraghi y padre del hijo que ambos tuvieron en común, Raphaël.

Carlota y Gad Elmaleh en una foto de archivo. (Getty)
Carlota y Gad Elmaleh en una foto de archivo. (Getty)

El cómico, nada más separarse de la hija de Carolina de Mónaco, hizo las maletas, cruzó el Atlántico y se instaló en Nueva York donde confesó sentirse completamente libre gracias a ese anonimato del que podía gozar en la Gran Manzana. “Aquí no me conoce nadie, así que puedo hacer lo que quiera sin pensar en cómo hablo o cómo me veo. Incluso puedo ir a observar a la gente en el metro sin que ellos sepan que estoy observándolos. Soy un tipo normal y me encanta eso”, confesó en una entrevista muy sincera concedida a la publicación 'WWD'.

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