Carolina de Mónaco: su deuda de gratitud con Juan Pablo II en sus días más duros
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MOMENTO HISTÓRICO

Carolina de Mónaco: su deuda de gratitud con Juan Pablo II en sus días más duros

El sumo pontífice reconoció como legítimos a sus tres hijos habidos con Stefano Casiraghi, con quien no se había casado por la Iglesia

placeholder Foto:  Carolina de Mónaco y Stefano Casiraghi, con sus dos hijos mayores. (Reuters)
Carolina de Mónaco y Stefano Casiraghi, con sus dos hijos mayores. (Reuters)

Con cuatro días de diferencia nos dijeron adiós el papa Juan Pablo II y Rainiero de Mónaco. El sumo pontífice fallecía el 2 de abril de 2005 y el príncipe el día 6. Este luctuoso acontecimiento en el seno de los Grimaldi impidió a Alberto de Mónaco asistir, como tenía previsto, al multitudinario funeral de Karol Wojtyla, que tuvo lugar en la basílica de San Pedro en el Vaticano el día 8 de ese mismo mes. Un lugar que tampoco podía ocupar su hermana, Carolina de Mónaco, quien vivía con enorme preocupación primero y tristeza después la agonía y la muerte de su padre a los 81 años.

Según anunció Palacio, fue Patrick Leclercq, el ministro de Estado, quien encabezó la delegación monegasca junto a René Novella, secretario de Estado del embajador del principado ante la Santa Sede. Mientras tanto, en el principado vivían días de luto y preparaban las exequias del monarca, que tendrían lugar el día 15 en la catedral de Mónaco y que nos retrotraerían también a dos de los momentos más duros para la familia, la trágica muerte en accidente de tráfico de Grace Kelly, el 14 de septiembre de 1982, y la del marido de la princesa, Stefano Casiraghi, mientras practicaba off-shore en la bahía de Montecarlo el 3 de octubre de 1990. Ambos fallecieron muy prematuramente, la musa de Hitchcock tenía 52 años y su yerno solo 30.

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Carolina y Philippe Junot.

Los últimos días de vida de Juan Pablo II y de Rainiero de Mónaco estuvieron en el foco de la noticia, y con los dos tenía la mayor de los Grimaldi un gran vínculo. En el caso de su padre, no se requiere explicación por razones obvias, pero en el del pontífice sí conviene recordar la gran deuda de gratitud que ha tenido siempre respecto a él, pero para entendernos nos tenemos que retrotraer a su primer matrimonio con Philippe Junot, con quien se casó, como no podía ser de otra manera, por la Iglesia el 29 de junio de 1979, con enormes reticencias por parte de los suyos, habida cuenta de su pasado de playboy, además de los 17 años de edad entre los novios.

Los peores presagios se cumplieron y dos años más tarde ya hacían vidas por separado. Sin embargo, la Iglesia católica no concedió inicialmente la nulidad de este matrimonio, por lo que con Stefano Casiraghi, una persona más del agrado de los Grimaldi, el 29 de diciembre de 1983, tuvo que ser solo civil, ante el presidente del Consejo de Estado del principado. Un momento agridulce para la familia, que todavía seguía haciendo el duelo por la muerte de la protagonista de 'La ventana indiscreta', acaecida solo un año antes.

placeholder Grace Kelly y Rainiero, con sus hijos Carolina y Alberto. (Getty)
Grace Kelly y Rainiero, con sus hijos Carolina y Alberto. (Getty)

El matrimonio era el epítome de la felicidad, que iba in crescendo conforme iban naciendo sus hijos: primero, Andrea, el 8 de junio de 1984; después, Carlota, el 3 de agosto de 1986; y por último, Pierre, el 5 de septiembre de 1987. Al ser Mónaco un país confesional, los tres eran considerados ilegítimos, por lo que estaban excluidos de la línea sucesoria del trono.

Primero tuvo que ganar la batalla de la nulidad matrimonial de Philippe Junot, que le concedería el Tribunal de la Rota romana el 1 de junio de 1992, bajo la premisa de la "insuficiencia del consentimiento de Carolina a la hora del matrimonio". Lo siguiente era conseguir que sus hijos fueran considerados legítimos a los ojos de la Iglesia y, por lo tanto, pudieran volver a estar en la línea sucesoria.

Este logro tuvo lugar cuando en abril de 1993 Juan Pablo II firmaba un decreto que reconocía a Andrea, Carlota y Pierre como legítimos. Esta decisión la tomó el Papa después de que Carolina de Mónaco enviara una carta dirigida a Mario Pompedda, presidente del Tribunal de la Rota, "desde la profundidad de mi corazón" pidiéndole que le "concediera la gracia" de legalizar a sus hijos en la Iglesia.

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