Del amante de Isabel II al porno de Alfonso XIII: las pasiones reales según Marta Robles
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Del amante de Isabel II al porno de Alfonso XIII: las pasiones reales según Marta Robles

Periodista y escritora, la madrileña firma un libro que bucea por siglos de historia para contar la trastienda de la corte y la erótica del poder

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Marta Robles. (Foto: Asís G. Ayerbe)

Marta Robles acaba de publicar su decimoséptimo libro, al que ha bautizado con el nombre de ‘Pasiones carnales’ (Espasa). Asegura que ha sido uno de los retos literarios más complicados por lo que supone novelar doce siglos. Fue un reto difícil que al principio no sabía cómo desarrollar e incluso estuvo a punto de dejarlo. El primer capítulo lo tuvo que borrar y empezar de nuevo. Asegura que este libro casi le cuesta la salud tanto por lo que significaba bucear en doce siglos como por la pandemia. Pasó el covid y uno de los efectos colaterales fue la falta de concentración y mareos. Es muy crítica con respecto a determinadas actitudes del Gobierno y con las personas que se creen inmunes a la enfermedad.

PREGUNTA: ‘Pasiones carnales’, un título muy sugerente...

RESPUESTA: Lo cambié por recomendación de mi hijo. Me dijo: “Ese título no eres tú”. Y le hice caso. Es mi aventura literaria más ambiciosa. Abarca doce siglos, del XVIII al XX, y lo que hago es bucear en la trastienda de la historia, en lo que no aparece en las biografías oficiales. No es una novela propiamente dicha; es un ensayo novelado en el que ofrezco 23 episodios y cada uno como un relato corto.

P: Has abandonado la novela negra, ¿la historia con toques de ficción está de moda?

R: ¡Qué va! He hecho una pequeña pausa porque las tres últimas que escribí me han tocado muy dentro. Era una temática muy comprometida. Volver a Roures, a la novela negra, a rescatar a mi detective. Este libro ha sido un reto. Una proposición de Ana Rosa Semprún y me pareció fascinante.

P: Los protagonistas son los reyes, los poderosos cuyos amores, dices en el libro, cambiaron la historia de España.

R: Las pasiones carnales son lo que en realidad nos mueven. Y en el caso de algunos de estos poderosos, las perversiones que se podían permitir precisamente por el lugar que ocupaban en la sociedad. Al lado de los poderosos están sus amantes, sus concubinas, los consejeros, y todos ellos vivían sus propias historias, que por supuesto influían en las otras. Cuanto más poder tienen, más adictos al sexo son. No les hace falta controlar, ni respetar nada ni a nadie.

P: Los amores reales están totalmente de actualidad. La relación de Corinna con el Rey ha destapado los chanchullos económicos a lo largo de los últimos años y ha cambiado su vida.

R: En España y en el mundo entero. Nos quedamos con el Rey emérito, con su padre, con su abuelo, con su bisabuelo y sus pasiones amatorias. Pero, por ejemplo, Alfonso XI tuvo una concubina durante veintitrés años que se llamaba Leonor de Guzmán, con la que tuvo diez hijos. Uno de ellos fue Enrique de Trastámara. Mientras María de Portugal, la reina consorte, se tuvo que mantener apartada porque la que se reconocía como tal era la barragana del rey.

P: Haces un repaso a través de la historia, ¿los Borbones son los que menos controlaban las pasiones carnales?

R: Lo que ocurre es que cambian las costumbres cuando llegan los Borbones a España, que eran puro Versalles. Se divierten con juegos sexuales en la corte: el impávido, la gallina ciega, el uso del dildo... De todas formas, con respecto al rey Juan Carlos, a los españoles en general nos ha dado exactamente lo mismo los asuntos sexuales de los reyes que han buscado la jarana fuera de palacio. Lo que los españoles ya no toleramos en el siglo XXI es que todas esas juergas de los reyes toquen nuestro bolsillo.

P: Las reinas, esas grandes sufridoras como Victoria Eugenia, doña Sofía... Quizá la que tuvo mentalidad de hombre fue Isabel II, que tuvo amantes y los premiaba, como sucedió con uno de sus preceptores, Salustiano de Olózaga.

R: No fue así. Isabel II fue una niña muy desatendida y de pronto se encuentra con que sus tutores le hacen caso. El primer amante fue precisamente Olózaga y ella lo que buscaba era que la quisieran. Y tuvo una vida sexual muy intensa y encontraba su placer en el sexo y la comida.

P: La historia la escriben los hombres: ellos eran donjuanes y ellas ninfómanas.

R: Las mujeres, en todos los ámbitos de la sociedad, estaban clasificadas como buenas mujeres o putas. No había término medio. Ellas tenían que defender su honra porque si no, pasaban al otro lado. Y pensaban que si sus maridos se iban con otras, la culpable era ‘la otra’.

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Marta Robles. (Foto: Asís G. Ayerbe)

P: De las reinas actuales, ¿cuál te gusta?

R: Isabel de Inglaterra. Es una mujer que tiene asumida su vida para lo bueno y lo malo.

P: En esta obra hay sexo histórico, pero menos explícito que en tus anteriores novelas.

R: Sí que lo hay. Cuando cuento la historia de Alfonso XIII, aparece su afición a la pornografía. Con el presupuesto de la Casa Real se hicieron una serie de películas que decían que los argumentos eran del propio rey y que le gustaba después interpretar con sus amantes. Aún quedan tres en la filmoteca de Valencia.

P: Has comentado que escribir esta obra casi te cuesta la salud.

R: Este viaje me ha costado dedicar innumerables horas, un esfuerzo ímprobo y, sí, casi la salud. Pero debo reconocer que también me ha hecho aprender y me ha divertido tanto como para que haya merecido la pena. He tenido que manejar una bibliografía de más de cien libros. Y además pasé el covid y me costaba concentrarme.

P: ¿Qué le dirías a la gente que no tiene cuidado y sigue viviendo como si no existiera la pandemia y los contagios?

R: Aún tengo secuelas como mareos y dolor de cabeza. Totalmente soportable, pero es molesto. Les diría que tengan mucho cuidado porque nos creemos inmunes hasta que nos toca. Las medidas de seguridad hay que cumplirlas y poner todo de nuestra parte. Es importante no tener sobrepeso y los niveles de vitamina D en su sitio.

P: Eres muy crítica también con la manera que tuvo el Gobierno de informar.

R: Más allá de que la pandemia ha sido algo que nos ha pillado desprevenidos a todos y hemos tenido que aprender sobre la marcha, algunas actitudes desde el Gobierno no me han gustado. Antes del fin de semana fatídico de marzo, la consigna que nos daban a los periodistas era que no pasaba nada. Al menos, podían habernos hecho partícipes de lo que se nos venía encima. Y lo que ahora me parece inadmisible es que los fines de semana no se faciliten datos. Solo pasa en España. ¿Con qué derecho el Gobierno se guarda esos datos? O lo que sucede en Cataluña, hay que celebrar las elecciones sí o sí, aunque nos muramos todos.

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