Protagonistas del 23-F nos hablan de don Juan Carlos: su papel entonces y su ausencia ahora
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40 AÑOS DE UN DÍA HISTÓRICO

Protagonistas del 23-F nos hablan de don Juan Carlos: su papel entonces y su ausencia ahora

Viendo sus fotos en Abu Dabi, la mala salud del Rey emérito no es un motivo recurrente para justificar su ausencia en España el 23-F. Aún así, ¿tendría sentido su presencia?

placeholder Foto: El rey don Juan Carlos I. (Getty)
El rey don Juan Carlos I. (Getty)

Las especulaciones sobre la mala salud del rey Juan Carlos han sido motivo de noticia en los últimos días, más que por los rumores en sí, por la inmediata respuesta que ha habido por parte del emérito, quien no ha dudado en dejarse ver en Abu Dabi.

Quiso el padre de Felipe VI demostrar, con total inmediatez, que su estado de salud era bueno. En cualquier caso, la imagen no deja de resaltar una situación que hace años nos habría parecido impensable, la de un don Juan Carlos lejos de España con la sombra de la irregularidad fiscal tras su espalda.

Su ausencia en España se hará aún más notable este próximo martes 23 de febrero, día en el que se cumplen 40 años del intento de un golpe de Estado en el que el papel del entonces Rey fue crucial para que la democracia no peligrara.

Foto: El rey emérito Juan Carlos I. (Reuters)

A juzgar por las fotografías en Abu Dabi, la mala salud ya no es un motivo recurrente para justificar la ausencia del emérito en nuestro país en un día tan señalado. Aún así, ¿tendría sentido su presencia después de todo?

Desde Vanitatis nos hemos puesto en contacto con varias personas que vivieron en primera línea aquel asalto al Congreso, algunas dentro del propio hemiciclo. Personas que, 40 años después, recuerdan con total claridad el miedo y la tensión que pasaron, así como la intervención de don Juan Carlos. Personas que este martes 23-F rememorarán lo sucedido, esta vez con el emérito lejos de España.

placeholder El rey Juan Carlos, en una imagen de archivo. (Getty)
El rey Juan Carlos, en una imagen de archivo. (Getty)

José Bono fue una de las personas retenidas aquel día en el Congreso. Era el secretario cuarto del Congreso de los Diputados. Al recordarlo, no tiene ninguna duda de que el papel del Rey aquel día fue decisivo, tal y como comenta a Vanitatis: “El Rey, tras el asalto al Congreso, se puso de parte de su pueblo. Si hubiese dudado o se hubiese mostrado tibio, estoy seguro de que los militares, en un altísimo porcentaje, habrían seguido a los golpistas. Juan Carlos, al contrario que habían hecho sus antepasados, se puso de parte de la ley y de los españoles”.

Luis Solana era diputado del PSOE en 1981 y portavoz socialista de Defensa. Fue uno de los diputados retenidos el 23-F. “Son 40 años de una fecha muy especial. Yo era portavoz de Defensa del partido socialista. Yo conocía a todos, negociaba con militares todo el día y tenía una relación muy estrecha con todos los militares y con el Rey”.

Solana, al igual que José Bono, destaca el papel del Rey el 23 de febrero de 1981. Hoy, sin embargo, no ve necesaria ni posible la presencia de don Juan Carlos en España con motivo del 40 aniversario del fallido golpe de Estado: “¿Tú eres de las que cree que se encuentra bien? Necesita de la ayuda de una persona y de hasta dos para andar. Yo creo que su salud no es buena y que no está para nada, ni para ningún acto. Con todo el follón, no añade nada que venga, aunque sí sería extraño que el rey Felipe VI no viniera. En cualquier caso es un recuerdo de hace ya 40 años. Sí, fue importante y nos jugamos la democracia, pero también es verdad que se arregló en una tarde y no hubo muertos. Yo bajaría un poco el homenaje del escalón en el que lo colocamos. Yo haría un acto sencillo en el Parlamento. Creo que tanto la ausencia como la presencia del rey Juan Carlos serían criticadas”.

placeholder José Bono. (EFE)
José Bono. (EFE)

Rosa Villacastín fue una de las periodistas que vivió el asalto dentro del Congreso. Para ella, era inimaginable hasta hace poco tiempo que el Rey no fuera a estar presente en España en un día como el 40 aniversario del fallido golpe de Estado: “Nunca podía haber imaginado que el Rey iba a estar ausente en una fecha tan señalada y nunca podía haber imaginado todo lo que ha pasado en los últimos años. Era impensable. Era un hombre reconocido en todo el mundo. ¿Quién podía pensar que se podía, presuntamente, lucrar con dinero que no le correspondía? Ha sido una decepción tremenda. Había conseguido lo más difícil de este país, una transición que era ejemplo en todos los países”.

“Las fotos en Abu Dabi que demuestran su buena salud no hacen más llamativa su ausencia este martes, que se cumplen 40 del golpe de Estado. Él no va a venir por mucho tiempo. Las fotos han surgido para desmentir las afirmaciones de que su salud era mala. Yo creo que él tiene problemas de movilidad, pero de salud está bien. Creo además que ahí estará siendo muy cuidado, llevará un régimen, etc. Pero su presencia aquí no tendría ningún sentido. Con la que está cayendo, solo nos faltaba que se presentara aquí. No entra ni en sus planes ni en los planes de Zarzuela para nada, y esto lo digo porque tengo muy buena información”.

placeholder Los hermanos Solana, Javier y Luis, en el exterior del Congreso de los Diputados tras la celebración del 40 aniversario de la Constitución. (EFE)
Los hermanos Solana, Javier y Luis, en el exterior del Congreso de los Diputados tras la celebración del 40 aniversario de la Constitución. (EFE)

Según Iñaki Anasagasti, quien también vivió con gran angustia desde Bilbao el golpe de Estado, la ausencia de Juan Carlos I este próximo martes 23 de febrero “nos ilustra la gravísima anomalía que hemos tenido para, en democracia, ser capaces de controlar a la Jefatura del Estado. Si UCD, el PP y el PSOE lo hubieran atado en corto, no habría podido hacer nada de lo que hizo y de lo cual el CESID y el CNI sabían al detalle”.

En cuanto a la situación actual del Rey emérito, Solana asegura que “don Juan Carlos ha cometido errores al final de su vida muy importantes y eso tiene mala solución. Si no fuera una monarquía, este señor estaría ya fuera de todos los organigramas. La situación requiere un cierto cinismo institucional. Sabemos lo que ha hecho, pero hay que ver cómo se lleva eso discretamente porque la democracia depende muchísimo de la monarquía. Creo que si este país fuera una república, tendríamos un lío cada cuatro años porque es un país con muchas identidades. Creo que la monarquía transmite magníficamente el mensaje de unión. Pero cuando al monarca, que hizo unas funciones magníficas en su momento, le pierde la obsesión de tener dinero… Esta era una obsesión que él tenía hacía muchísimo tiempo: tener dinero por si lo echaban. Estaba obsesionado con que lo podían cesar y no quería que eso sucediera sin dinero”.

placeholder La periodista Rosa Villacastín. (EFE)
La periodista Rosa Villacastín. (EFE)

A Anasagasti no le sorprende la actual situación del emérito: “Yo denuncié en tribuna parlamentaria cuando nadie lo hacía y se me silenció. Eran evidentes sus corruptelas y su doble vida, y yo no entendía ese pacto de silencio y esa patente de corso que tenía el jefe del Estado para hacer lo que quisiera. Sabía de sus viajes con Corinna, pues le acompañaban ministros. Sabía de sus cacerías y sabía de sus comisiones, aunque lógicamente no al detalle. Me pidieron un libro y escribí ‘Una monarquía protegida por la censura’, que Zarzuela impidió editar a la editorial que me lo pidió. Finalmente lo editó Foca Akal. Luego hicieron lo indecible para que no se hablara del libro. Pensaron en procesarme, pero vieron la repercusión que podía tener y me dejaron hasta que ocurrió lo de Botsuana y desde entonces se destapó toda esa información contenida. Fue culpable Juan Carlos, pero más culpables fueron los gobiernos y medios que durante cuarenta años le permitieron todo”.

No cabe duda de que la situación actual de don Juan Carlos debe resultar especialmente llamativa para personas que como Rosa Villacastín, Luis Salinas, José Bono o Iñaki Anasagasti vivieron unos hechos graves contra la democracia en los que el Rey se convirtió en protagonista absoluto.

Ninguna de las personas mencionadas puede olvidar el miedo vivido aquel día. Cada uno de ellos recuerda con detalle cómo transcurrieron los hechos.

placeholder Iñaki Anasagasti, en una imagen de archivo. (EFE)
Iñaki Anasagasti, en una imagen de archivo. (EFE)

Bono confiesa a este medio: “Desde mi escaño fui testigo directo de los acontecimientos que tuvieron en vilo a toda España en febrero de 1981. Sentí rabia e indignación: otra vez al pozo. Era como si en un macabro juego de la oca nos hicieran volver a la primera casilla. España caía otra vez bajo las botas de los salvapatrias. También tuve miedo. Miedo a perder la vida, miedo a lo irracional, lo inesperado, lo imprevisible. Le vi la cara al miedo, que aquella tarde empuñaba una pistola”, nos cuenta José Bono, quien también destaca la imponente presencia de las armas, las cuales “pudieron haber cambiado el curso de nuestra historia. Los disparos dejaron su huella en el techo y paredes del hemiciclo. Hoy podemos ver los 37 impactos como 37 reliquias de la sinrazón”.

“Ese día, antes del inicio de la sesión, me acerqué con deferencia al candidato Calvo-Sotelo, al que nunca había saludado, para desearle suerte. Me respondió: “Gracias por la suerte que me deseas, pero no por tu voto”. El ministro Íñigo Cavero, que estaba presente me comentó: “Leopoldo es algo cáustico”. Veintisiete años más tarde, siendo presidente del Congreso, dispuse que el cadáver de Calvo-Sotelo entrase en el edificio por la Puerta de los Leones a hombros de militares, a la vez que se le rendían honores por soldados previamente arengados por el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Félix Sanz Roldán: “Soldados -les dijo-, contad en casa esta noche que os ha correspondido el honor de entrar con armas al Congreso de los Diputados y que habéis sido los primeros soldados de España que entran en el santo recinto de la soberanía nacional para honrarla y no para acabar con la libertad!”, añade Bono.

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Solana destaca la acertada intervención que el rey Juan Carlos tuvo en aquel momento: “La posibilidad de hacer a Armada presidente del Gobierno estaba muy estudiada. Éramos muchos los que sabíamos que existía la posibilidad de un paréntesis con un presidente militar, porque las fuerzas armadas estaban muy molestas. Había un momento de tensión con las fuerzas armadas y había ganas de que hubiera un presidente militar. Mucha gente estaba a favor de esto y ya existían consensos y pactos. Es cuando entra Tejero en acción cuando todos se ven obligados a posicionarse con contundencia. Tejero se precipita de mala manera y deja todo patas arriba. Todo el mundo se opuso a aquello. Todos esperábamos la negativa del Rey a esto, porque aquella intervención por la fuerza rompía todo lo que se había hablado en torno a la presencia militar en el Gobierno. Todo cambió con la aparición de Tejero. No es un tema menor el tema de los disparos. Ese golpe, sin don Juan Carlos, habría acabado tal y como estaba planificado. El que frena todo es el Rey. El golpe fue chapucero, sin planificar".

"El Rey se sintió engañado. A él le habían hablado mucho de cambiar la situación militar. Y pocos estaban en contra de eso. La posibilidad de que pudiera haber un cambio militar existía. Se había hablado que era necesario un cambio de estilo con los militares, y eso yo estoy seguro que lo hablamos todos, incluido el Rey. El ambiente tiene mucha importancia en cada época y en aquella época los ambientes los generaban grupos. El entorno militar lo vivíamos unos cuantos y eso había que manejarlo bien. Yo creo que el Rey apoyaba ese cambio, ese golpe de timón. Pero el entrar a tiros para lograrlo, rompió todos los esquemas y el Rey yo creo que se sintió engañado y traicionado. Cuando empiezan los tiros, el Rey decide inmediatamente que eso no es lo que se ha hablado”, añade.

Solana también recuerda el miedo vivido cuando se produjeron los disparos: “Hubo un momento en el que los guardias civiles dejaron las metralletas y cogieron los fusiles. Dispararon al techo con fusiles. Ahí, yo les dije a mis compañeros que si no se querían tirar al suelo que no se tiraran porque iba a dar igual, porque las balas de fusil lo atraviesan todo y ahí no había nada que hacer. Yo lo sabía por ser portavoz de Defensa y por el contacto que tenía con el sector militar”.

placeholder Juan Carlos I, en su discurso para detener el golpe de estado del 23-F. (RTVE)
Juan Carlos I, en su discurso para detener el golpe de estado del 23-F. (RTVE)

Rosa Villacastín, autora del libro ‘La noche de los transistores, el rey que paraliza el golpe’, título que hace alusión a cómo todo el mundo se mantuvo informado a través de los transistores, ya que la señal de la televisión fue interrumpida, había acudido al Congreso para cubrir la votación y para realizar preguntas a los diputados cuando terminase la misma. “Acababa de entrar y me encontré con Julián Lago casi en la entrada. Noté que los guardias de la entrada se reían de mí. Pensé que alguien me había colgado algo del abrigo al salir del periódico o algo así… De repente apareció Raimundo Castro, que trabajaba en 'El Periódico de Cataluña', y empezó a gritar: “¡Al suelo, al suelo, que vienen dando tiros!”. Nos tiramos y nos pasaron todos por encima. Lo primero que pensé es que era un comando de ETA y que la Guardia Civil iba detrás de ellos. Me refugié en el único despacho que había abierto, que era el de Landelino Lavilla, el presidente del Congreso. Allí me quedé con la secretaria, un fontanero de Moncloa, Alberto Haza, que luego ha sido jefe de la Casa Real, y los escoltas. A la media hora entró un guardia civil metralleta en mano a identificarnos. Ahí nos enteramos de que era un golpe de Estado. Luego me subieron a donde estaban los periodistas, en la tribuna de prensa. Yo tenía justo debajo de mí a Carrillo. Nunca olvidaré cómo se le marcaban los tendones, porque estaba convencido de que lo iban a matar”.

Para Rosa, la voz del Rey fue tranquilizadora: “Dentro del Congreso no llegaba ningún tipo de información. Sobre la 1 empezaron a sacarnos. Llegué al periódico 'Pueblo', que estaba cerca. Cuando subí, casi enseguida habló el Rey. Fue una gran tranquilidad porque yo en el Congreso no supe nada de lo que estaba pasando. Al oír al Rey sentimos que aquello no podía salir bien”.

Ella también tiene grabados en la memoria los disparos y las palabras de Tejero que le hicieron temer lo peor: “Comenzaron a disparar. Tejero dijo que si se cortaba la luz, que se rompieran los asientos para hacer antorchas. Ahí sí que fue el momento de más pavor. Pensamos que si cortaban la luz nos iban a matar a todos”, recuerda.

placeholder Antonio Tejero tomando el Congreso. (Getty)
Antonio Tejero tomando el Congreso. (Getty)

Una visión muy diferente de los hechos y menos comprensiva con la figura de don Juan Carlos tiene Iñaki Anasagasti, quien se encontraba en la sede del PNV de Bilbao siguiendo la votación por la radio cuando Tejero irrumpió en el Parlamento. “Fui a buscar a Xabier Arzalluz, que estaba en su despacho. Vino y escuchó lo que en ese momento pasaba. Como a él le habían preguntado que cómo vería un gobierno de concentración presidido por un militar y él había contestado que por qué no por un obispo, su primera exclamación fue decir ante los acontecimientos: '¡Esto es propio de una república bananera!”.

“Poco después cursamos órdenes para que los principales dirigentes tomaran precauciones y escondieran documentos comprometedores y seguimos todos los acontecimientos desde la sede”, añade.

Respecto al papel de don Juan Carlos en el golpe de Estado, Anasagasti cree que “el Rey tardó demasiado en salir. Cuando lo hizo tranquilizó a todo el mundo, pero fue crucial para crear el ambiente propicio para que ese pronunciamiento se produjera. Antonio Carro, en una recepción en el Palacio Real, me dijo: 'El culpable del 23-F es él. Se pasaba el tiempo hablando mal de Suárez ante los militares". Carro había sido ministro de la presidencia con Carrero Blanco. Juan Carlos no asimiló que el presidente legítimo era Suárez tras las elecciones del 15 de junio de 1977, y aunque él lo había designado, Suárez no estaba de acuerdo con Armada ni con que el Rey se inmiscuyera en los nombramientos militares. El legítimo presidente era él. De alguna manera propició su dimisión y tras esta vino lo que vino. El Rey no nos salvó. El Rey propició aquella asonada y la prueba es que en el juicio de Campamento todos los militares aludieron al Rey como la razón de su sublevación”.

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