Los motivos del distanciamiento de la infanta Elena y el rey Felipe
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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Los motivos del distanciamiento de la infanta Elena y el rey Felipe

Hasta el momento, doña Elena había ejercido como mediadora familiar, primero con Cristina y después con su padre. Pero ahora es ella la que está en el punto de mira

placeholder Foto: Los Reyes, junto a la infanta Elena. (Getty)
Los Reyes, junto a la infanta Elena. (Getty)

"Los hermanos no se llevan. Elena se vence del lado de su hermana, la infanta Cristina, más aún después de que ella fuera apartada de la Familia Real, que su hermano redujo nada más ser proclamado Rey. [...] Una decisión que a la infanta le causó quebranto económico, ya que los actos de representación le eran retribuidos por la Zarzuela a cargo de su presupuesto. [...] Si el padre ha sido y es un grave problema para el Rey, las hermanas contribuyen a un vacío familiar compensado por el respaldo de la consorte, que rechaza cualquier avenencia con sus cuñadas, a las que atribuye no pocos de los problemas que aquejan a la familia".

Este extractos del libro de José Antonio Zarzalejos, 'Felipe VI. Un rey en la adversidad' (Planeta), en el que el autor hace un recorrido por los acontecimientos y los hechos que ha protagonizado la monarquía, y el rey Felipe particularmente, en los últimos años, nos da una muestra de cómo es actualmente la relación de don Felipe con sus hermanas las infantas Elena y Cristina, ahora en boca de todos después de que estas hayan decidido vacunarse por su cuenta en Abu Dabi, en una de sus visitas a su padre.

Una decisión en la que Zarzuela no ha querido inmicuirse, por no pertenecer ninguna a la familia real, aunque la tarde de este miércoles, tras su jornada laboral en Mapfre, la duquesa de Lugo decidía poner rumbo a palacio, (se desconoce si para hacerle una visita rutinaria a su madre, quien sigue allí instalada, o para hablar con su hermano acerca de lo sucedido). Lo cierto es que la relación entre ellos no atraviesa el mejor de los momentos, a pesar de que Elena siempre se ha mantenido alejada de cualquier escándalo, al contrario que su hermana o sus propios hijos.

placeholder Las infantas Elena y Cristina. (Getty)
Las infantas Elena y Cristina. (Getty)

Hasta ahora, la infanta Elena había ejercido como mediadora familiar, primero con Cristina y después con su padre. Desde que estalló el caso Nóos, la duquesa de Lugo mostró su apoyo público a su hermana y a su cuñado, y cuando don Felipe decidió extender un cordón sanitario con los exduques de Palma, de rebote cayó también Elena. Tras la proclamación de su hermano, la duquesa dejó de formar parte de la familia real, de representar a la Corona en algunos actos y comenzó una andadura independiente más o menos obligada por las tropelías de Urdangarin.

Desde el primer momento tuvo claro cuál era su papel familiar en un entorno desestructurado, devolviéndole el apoyo sobre todo a su padre y Cristina, quienes fueron sus rocas cuando en 2007 quiso separarse de Jaime de Marichalar. El entonces príncipe Felipe estaba a otras cosas y el estado civil de la Infanta le daba igual porque la relación con el ahora exduque de Lugo era prácticamente inexistente. Nunca llegaron a congeniar más allá de lo que supone la buena educación cuando coincidían en celebraciones familiares.

La duquesa de Lugo y el rey Felipe VI, por la diferencia de edad, tuvieron menos intimidad que la que marcó la adolescencia y las primeras salidas nocturnas en Madrid y Palma con Cristina. Durante unos años y mientras todos vivían en el palacio de la Zarzuela, la relación era protectora como hermana mayor. Con el tiempo y la llegada de Letizia Ortiz a la familia Borbón y Grecia, hubo un alejamiento. La entonces Princesa de Asturias prefería marcar distancias con sus cuñadas, y esta decisión también separó al heredero de sus hermanas en lo que se refiere a la vida cotidiana.

placeholder El Rey, con Letizia y sus hermanas. (EFE)
El Rey, con Letizia y sus hermanas. (EFE)

Cuando comenzó la diáspora con el caso Nóos, las imputaciones y el ingreso de Urdangarin en la cárcel, la infanta Elena dejó clara cuál era su postura. A pesar de no beneficiarla públicamente, y menos en el entorno del heredero, viajó con frecuencia a Ginebra, unas veces sola y otras con Froilán y Victoria. Acudió a Palma en secreto mientras se celebraba el juicio por blanqueo de capitales de su cuñado y los esperaba en la casa de la infanta Pilar en la urbanización Sol de Mallorca. Hasta mucho tiempo después, no se supo que el chalet de la fallecida duquesa de Badajoz era el lugar donde se escondía el matrimonio Urdangarin Borbón.

Estos gestos siempre que fueran discretos no molestaban aparentemente al rey Felipe VI. Su hermana iba por libre, no daba escándalos y, por lo tanto, tampoco se la podía culpar por dar apoyo a los exduques de Palma. Tampoco trascendieron las visitas a la cárcel de Brieva, donde Urdangarin cumplía condena, cuando por causas de la pandemia la infanta Cristina no podía viajar a España. Y cuando en marzo de 2020 saltó el escándalo de don Juan Carlos, Elena volvió a convertirse en el nexo familiar, siendo la primera en visitarlo en Abu Dabi el pasado mes de noviembre.

A pesar de ocupar el tercer puesto en la línea de sucesión al trono español, la Infanta lleva una vida totalmente independiente de la Casa Real. De hecho, tras la abdicación de su padre participó en varios actos institucionales; sin embargo, sus apariciones en temas relacionados con la institución fueron disminuyendo, presidiendo su último acto en mayo de 2019. Desde entonces, está dedicada a la fundación Mapfre y a su familia, centrándose en su padre, al que tiene a tantos kilómetros de distancia, y a su hermana Cristina, con la que ahora ha protagonizado un nuevo escándalo que la pone en una complicada situación.

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