Simoneta recuerda a su padre en el 30 aniversario de su muerte: "Se fue demasiado pronto"
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EN LA MEMORIA

Simoneta recuerda a su padre en el 30 aniversario de su muerte: "Se fue demasiado pronto"

Hace tres décadas fallecía en Madrid, a los 56 años, el vizconde de la Torre, un título que no utilizó en su vida pública y recayó en Juan, su primer hijo varón

placeholder Foto: La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo, con su hijo Beltrán. (Getty)
La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo, con su hijo Beltrán. (Getty)

Hoy hace treinta años, en 1991, fallecía en Madrid, a los 56 años, Luis Gómez-Acebo, marido de la infanta Pilar. Fue vizconde de la Torre, un título que no utilizó en su vida pública y recayó en Juan, su primer hijo varón. Simoneta, la primogénita, era la depositaria pero nunca quiso contravenir la decisión familiar. A pesar de formar parte de la aristocracia, por parte materna y paterna, y ser su abuelo el fundador del Banco Español de Crédito, los condes de Barcelona no estaban muy de acuerdo con el noviazgo de su hija Pilar. Querían un príncipe o un rey. Hubo ciertos movimientos en este sentido antes de que se conocieran en 1965, en casa de Simeón de Bulgaria y Margarita Gómez-Acebo, que era su prima. El conde de Barcelona con quien quería casar a su primogénita era con Balduino de Bélgica, pero el destino en forma de Fabiola de Mora se interpuso y doña Pi se quedó libre hasta que conoció al hijo de los Deleitosa, que era el título nobiliario de la madre de Luis Gómez-Acebo.

Foto: La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo, con su hijo Beltrán. (Getty)

Una familia económicamente mucho más potente que la de la novia. El suegro, Jaime Gómez-Acebo, era presidente del banco que había creado su padre, y vicepresidente y consejero de grandes empresas como Firestone Hispania, El Águila, Inversiones ESSO (petróleo), Hidroeléctrica Española y Unión Española de Explosivos, entre otras. El novio, que era un excelente partido para las chicas casaderas, aportaba el sustento familiar y la novia un pedigrí que, en aquel momento, valía lo mismo que un exilio.

placeholder La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo, con sus cinco hijos. (Getty)
La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo, con sus cinco hijos. (Getty)

Se casaron en el monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa. Una boda que, dadas las circunstancias con censura de la dictadura, tuvo poca repercusión. En aquel momento, Franco había promulgado la Ley de Sucesión para nombrar sucesor en la jefatura del Estado a título del rey, y don Juan no estaba en esas quinielas.

El recuerdo de su hija

Simoneta ha querido recordar en esta fecha a un padre querido y respetado, tanto en su vida pública como personal, en su papel de cuñado del rey don Juan Carlos: “Era una persona integra, generosa, divertida y con gran inteligencia que se nos fue demasiado pronto”. Unas palabras que resumen la personalidad de un hombre que hizo de la discreción su lema de vida.

placeholder La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo presentan a su primera hija, Simoneta. (Cordon Press)
La infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo presentan a su primera hija, Simoneta. (Cordon Press)

José Luis de Villalonga, que trató durante muchos veranos al duque de Badajoz en Palma, coincidía hace años en esta definición que ha hecho Simoneta. “Ser marido de una infanta de España no es fácil y Luis lo consiguió. Era la educación personificada. Nunca le vi un mal gesto. Era más condescendiente con sus hijos que doña Pilar. A diferencia de lo que le sucedió al rey Juan Carlos con doña Sofía, ellos se quisieron mucho y fueron muy felices. Coincidía con ellos en casa de Antonio el Bailarin, que tenía relación con ellos porque les había alquilado su casa de la calle Padilla y cuando organizaban fiestas le convidaban”.

Contaba la infanta Pilar en el último rastrillo de la fundación Nuevo Futuro, de la que era presidenta honorifica, que no tenía miedo a enfrentarse a la enfermedad y menos a la muerte. “Mi marido (Luis Gómez-Acebo) fue ejemplo de dignidad y entereza desde que se lo diagnosticaron y eso siempre lo llevaré grabado”. Después, cambió de conversación sin pronunciar la palabra cáncer. Dos meses después de esas declaraciones, el 8 de enero, la duquesa de Badajoz fallecía en la clínica Ruber. Y diecinueve años antes, el 9 de marzo de 1991, Luis Gómez-Acebo dejaba una viuda y cinco hijos que tuvieron que crecer sin la figura de un padre.

placeholder La infanta Pilar y Simoneta Gómez-Acebo.(Getty)
La infanta Pilar y Simoneta Gómez-Acebo.(Getty)

Discreto y dialogante

El currículum laboral de Luis Gómez-Acebo estuvo muy relacionado con empresas internacionales. Estudió en España, en el colegio del Pilar, y la carrera, en la Universidad Complutense. Complementó su formación en Francia y en Estados Unidos. En Nueva York trabajó en una compañía petrolera que le serviría años después para centrarse en ese sector. Allí también aprendió lo importante que era para una empresa contar con los mejores directivos en puestos de responsabilidad. En España no era muy conocido el trabajo de los ‘head hunter’ y a Luis le contrató la multinacional norteamericana Korn Ferry, especializada en este sector, para captar a los altos ejecutivos. En 1981, fue nombrado presidente del consejo de administración.

Foto: Simoneta y Fernando, en una imagen de archivo. (Getty)

Quizá una de las actuaciones que realizó con más discreción fue la negociación con el Gobierno de España para que, por fin, la colección Thyssen estuviera en Madrid. La relación de los duques de Badajoz con los Thyssen venía de años atrás y tenía que ver con la amistad del conde de Barcelona con el barón y de este con los negocios y empresas petroleras. Una amistad que se fue consolidando con el tiempo y que sirvió para que Carmen Cervera le ofreciera a Gómez-Acebo ser padrino del bautismo del niño Borja, que tenía ya cinco años y lo había adoptado el barón. La celebración tuvo lugar en la iglesia de San Patricio en Nueva York y tuvo como regalo el famoso cuadro de Goya ‘Mujer y dos niños junto a una fuente'.

El papel negociador del duque de Badajoz fue fundamental, como contaba Javier Solana, ministro de Cultura, que tuvo un recuerdo especial el día de la inauguración del museo, el 8 de octubre de 1992. El duque de Badajoz había fallecido un año antes y Solana lo tuvo muy presente: “No ha sido sencillo. Ha requerido mucho trabajo y dedicación. Fueron muchas horas de conversaciones pero enseguida supimos que íbamos a llegar a un acuerdo, y ahí fue importante la personalidad de Luis”.

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