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Un Pulitzer, racismo y un atropello: Margaret Mitchell, la mujer tras 'Lo que el viento se llevó'
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85 años de la novela

Un Pulitzer, racismo y un atropello: Margaret Mitchell, la mujer tras 'Lo que el viento se llevó'

El 30 de junio de 1936 llegó a las librerías la novela 'Lo que el viento se llevó', adaptada al cine tres años más tarde. Esta es la curiosa vida de su autora

Foto: Mitchell, con un ejemplar de su novela. (CP)
Mitchell, con un ejemplar de su novela. (CP)

El ‘Atlanta Journal’ recibió, en 1922, a un nuevo miembro en su plantilla. La joven se llamaba Margaret Mitchell y era pizpireta, algo bajita y con ojos minúsculos y observadores. Sus compañeros leían sus crónicas casi con tanto asombro como contemplaban los pantalones que llevaba en una época, y en una sociedad, en la que la norma era la falda. Ninguno de los periodistas del ‘Atlanta’ imaginaron que aquella chica hombruna y dinámica iba a convertirse en una de las escritoras más famosas del siglo XX gracias a su única novela, ‘Lo que el viento se llevó’. La historia de supervivencia de Escarlata O’Hara en la época de la Guerra de Secesión también acabaría dando lugar a la película más vista de la historia del cine. Pero Peggy, como la llamaban sus amigos y su familia, nunca fue demasiado consciente de la importancia de su novelón sureño. Tampoco de la trascendencia de su antiheroína, a la que el franquismo de nuestro país catalogó como una fémina de ‘lascivia contumaz’ cuando la película se estrenó en España.

Cuando no era más que una niña, a Peggy le gustaba salir de paseo junto a su madre. En una tarde de septiembre calurosa, de aquellas que hacían que las buenas señoras de Atlanta saliesen con sus pareos al porche de sus casas de madera, recibió una lección que nunca olvidaría. La señora Mitchell enseñó a su hija las ruinas de muchas de las mansiones más conocidas del condado. Así fue como le narró a su hija la derrota del Sur en la Guerra Civil americana, la que tuvo lugar entre 1861 y 1865; la que ganaron los nordistas y provocó la abolición de la esclavitud de la mano de Abraham Lincoln. “Mi madre dijo que mi propio mundo explotaría bajo mis pies algún día. Y que Dios me ayudase si no tenía armas para enfrentarme al nuevo mundo. La fuerza de las manos de las mujeres no vale nada, pero lo que tienen en sus mentes las llevará todo lo lejos que necesiten”.

placeholder Mitchell, en su juventud. (CP)
Mitchell, en su juventud. (CP)

Así fue como Mitchell decidió ser periodista. Siendo una jovenzuela, entre sus hazañas en el ‘Atlanta Journal’ se cuentan un reportaje subida a un elefante o una entrevista con el ídolo de la época, Rodolfo Valentino. Peggy era, como su Escarlata, el foco de atención en todos los sitios, el condimento de todas las salsas. Tan rebelde o más que su personaje, se casó con un contrabandista y atleta, Berrien 'Red' Upshaw, en 1922. Pero el matrimonio apenas duró dos años, ya que él tenía la mano demasiado larga y la escritora, una adelantada a su tiempo, no estaba dispuesta a aguantarlo. Tampoco a no seguir sus propios deseos.

Si Escarlata lloraba por Ashley Wilkes mientras pasaba por el altar con Charles Hamilton, ella acabó casándose, en segundas nupcias, con el padrino de su primera boda, un educado joven llamado John Marsh. Aquello ocurrió en 1924, cuando la sociedad sureña todavía se llevaba las manos a la cabeza con ese tipo de cosas.

Amazona y bravucona, en 1926 una lesión de tobillo la obligó a permanecer meses en cama. Fue entonces cuando decidió escribir una novela cuya heroína se llamaba Pansy O’Hara. Siguió escribiendo aquella historia, en la que pretendía reflejar las vivencias de su familia, dueños de una plantación de algodón con esclavos, durante una década. Como todas las familias de alrededor, ni siquiera se plantearon si aquello de tener esclavos estaba bien o mal. A mediados de los 30, un agente de la editorial MacMillan le suplicó leer el manuscrito. El señor Latham, que así se llamaba, dijo que la pila de papeles era casi tan alta como Margaret. La mayoría de las páginas se habían enmohecido y los capítulos del libro estaban desordenados. Tras una lectura concienzuda, decidió publicarlo. Pero el nombre de Pansy no le convencía demasiado, así que pasó a llamarse Scarlett (o Escarlata, como siempre la conocimos en nuestro país).

placeholder Póster de la adaptación cinematográfica de 'Lo que el viento se llevó'. (CP)
Póster de la adaptación cinematográfica de 'Lo que el viento se llevó'. (CP)

La diminuta Mitchell no imaginaba el revuelo que iba a levantar aquel novelón de más de mil páginas. Antes incluso de que se publicase, Katherine Brown, la secretaria del productor David O’Selznick ya le ofreció una buena suma de dinero por comprar los derechos para el cine. Se pagaron 50.000 dólares, una cifra astronómica por cualquier manuscrito que no hubiese sido publicado. Brown supo ver que la historia de aquella chica caprichosa y egoísta llamada Escarlata O’Hara, que persigue un ideal y sobrevive al derrumbe de la sociedad del Viejo Sur, sería un éxito inmediato. No se equivocó. Publicada el 30 de junio de 1936, ‘Lo que el viento se llevó’ vendió más de un millón de copias en seis meses.

Al año siguiente, Mitchell ganó el premio Pulitzer por ella. Mientras unos vieron en aquella obra un ‘Guerra y paz’ norteamericano, otros lo consideraron un folletín que, a ojos de nuestra época, sigue causando polémica por la descripción que se hace de los esclavos de color. Otros tantos defienden que los negros son los personajes más leales y positivos de la novela, en contraposición al egoísmo de los blancos.

placeholder Fotograma de 'Lo que el viento se llevó'.(CP)
Fotograma de 'Lo que el viento se llevó'.(CP)

De una forma u otra, cuando Selznick se empeñó en adaptar la obra al cine y buscó durante años a su Escarlata O’Hara perfecta, eliminó cualquier rastro de la palabra ‘negro’ y algunos momentos polémicos, como la aparición del Ku Klux Klan. Pese a todo, la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color intentó organizar un boicot de la película. No solo fracasaron, sino que ‘Lo que el viento se llevó’ acabó ganando 10 Oscar y batió récords de taquilla. Se calcula que, en número de entradas vendidas y según la inflación, sigue siendo la cinta más vista de toda la historia del cine.

Margaret Mitchell no solo ignoró la polémica, sino que ni siquiera quiso tener nada que ver con la película. “Ustedes compraron los derechos y ahora la historia es suya. Hagan lo que quieran con ella”, le dijo a Selznick cuando este reclamó su ayuda. Cuando asistió al multitudinario y espectacular estreno de la película en Atlanta, el 15 de diciembre de 1939, Mitchell parecía abrumada con tanto periodista, tanto fotógrafo y tanto sureño exaltado. Aunque le gustó la película y se enamoró de la interpretación de Vivien Leigh, durante años odió que le preguntasen si Escarlata y Rhett volverían a estar juntos en una hipotética secuela.

Diez años después del estreno de la película, Mitchell vivía en plenitud, reconocida como una de las autoras más solicitadas en Estados Unidos. No sospechaba que la muerte la esperaba a la vuelta de la esquina. El 11 de agosto de 1949, mientras cruzaba una avenida de Atlanta junto a su marido para ir al cine, fue atropellada por Hugh Gravitt. un conductor de taxi. El hombre se encontraba ebrio, estaba fuera de servicio y conducía a gran velocidad. Mitchell no sobrevivió más que cinco días en el Grady Hospital, muriendo a los 48 años. Y aunque la secuela de su libro acabó llegando en los años 80, mucho tiempo después de su muerte, nadie duda de que el final original siempre será el suyo, el de aquella Escarlata sola, vencida después de haber sobrevivido a tres matrimonios y darse cuenta de que perseguía un ideal, un sueño que en realidad nunca existió.

placeholder Vivien Leigh y Clark Gable, en 'Lo que el viento se llevó'. (Warner)
Vivien Leigh y Clark Gable, en 'Lo que el viento se llevó'. (Warner)

Se podría hablar de si la novela de Mitchell es racista o no, de por qué HBO Max canceló la película hasta colocar una introducción que la puso en contexto; de si la autora merecía o no aquel Pulitzer por una novela que, dicen, sigue siendo el libro más veces impreso después de la Biblia. Pero, a Dios ponemos por testigo, que esa es materia para otro (extenso) artículo. Ya lo dijo Escarlata: mañana será otro día.

El ‘Atlanta Journal’ recibió, en 1922, a un nuevo miembro en su plantilla. La joven se llamaba Margaret Mitchell y era pizpireta, algo bajita y con ojos minúsculos y observadores. Sus compañeros leían sus crónicas casi con tanto asombro como contemplaban los pantalones que llevaba en una época, y en una sociedad, en la que la norma era la falda. Ninguno de los periodistas del ‘Atlanta’ imaginaron que aquella chica hombruna y dinámica iba a convertirse en una de las escritoras más famosas del siglo XX gracias a su única novela, ‘Lo que el viento se llevó’. La historia de supervivencia de Escarlata O’Hara en la época de la Guerra de Secesión también acabaría dando lugar a la película más vista de la historia del cine. Pero Peggy, como la llamaban sus amigos y su familia, nunca fue demasiado consciente de la importancia de su novelón sureño. Tampoco de la trascendencia de su antiheroína, a la que el franquismo de nuestro país catalogó como una fémina de ‘lascivia contumaz’ cuando la película se estrenó en España.

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