Los escurridizos 85 años de Robert Redford, entre la muerte de sus hijos y su hermetismo
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Los escurridizos 85 años de Robert Redford, entre la muerte de sus hijos y su hermetismo

El actor y director estadounidense, ganador de un Oscar como director por 'Gente corriente', no lo ha conseguido, sin embargo, por ninguna de sus interpretaciones

Foto: Robert Redford, en el esplendor de su carrera. (Getty)
Robert Redford, en el esplendor de su carrera. (Getty)

Lleva retirado de la actuación desde hace tres años, pero el legendario Robert Redford, que nunca confirmó que dejaría de dirigir cine, quizá podría, ahora que cumple 85 años, hacer su propio biopic, como está haciendo Madonna, o, al menos, hacer como el expríncipe Harry y buscar a alguien que le ayude a escribir su biografía. Episodios jugosos no le faltarían, desde luego. Hay amor, hay tragedia, hay religión, hay activismo, hay naturaleza y paisajes bonitos y, por supuesto, hay éxito y belleza.

Que el ahora considerado una de las voces más progresistas de Hollywood se casara con 21 años con una mormona de Utah, Lola van Wagenen, merecería, desde luego, un capítulo entero. ¿Cómo pudo ser? El jovencísimo Robert, hijo de un humilde lechero y que había perdido a su madre a los 18 años por una rara enfermedad de la sangre (tema del que nunca habla) confesó a The Guardian en 2004: “Solo puedo decir que me casé para salvar mi vida. Obviamente, no quiero denigrar a la persona con la que me casé, hubo muchas otras razones. Pero eso es lo que sentí en ese momento”.

Lola le ayudó a crear lo que más añoraba: un hogar en el campo, después de una infancia pobre en Los Ángeles, algunos delitos menores de adolescente rebelde y un precarísimo viaje a Europa con intenciones artísticas que no cuajó. Así, formó una vida familiar en el campo, de la que nacieron cuatro hijos entre 1959 y 1970 y su matrimonio duró 27, hasta 1985.

placeholder Robert Redford en enero del año pasado en el Festival de Sundance. (EFE)
Robert Redford en enero del año pasado en el Festival de Sundance. (EFE)

Se casaron en Las Vegas, para luego tener la ceremonia tradicional mormona, y compraron un terreno de dos acres en Utah por 500 dólares, donde ellos mismos construyeron una cabaña que los guareciera. Ella era de allí y él se había enamorado del lugar incluso antes que de Lola cuando viajaba hacia la Universidad de Colorado. La historia no es tan extrema como 'Las aventuras de Jeremiah Johnson', una de las películas más icónicas de Redford, pero tampoco es la de la típica estrella de Hollywood, desde luego. Y antes que los grandes estudios, fueron los mormones los que quisieron ficharlo. “Trataron de convertirme varias veces. Me mandaron a sus mejores hombres, te lo puedo asegurar. Y lo cierto es que respeto a la cultura mormona, aunque no estoy de acuerdo con cómo tratan el medioambiente en Utah”, confesaba al New York Times en 1997.

Esplendor en Hollywood

El matrimonio no solo tuvo que lidiar con cuestiones de credo, sino la categoría de dios a la que se vio elevado el guapísimo Robert cuando su carrera explotó en 1967 con 'Descalzos en el parque' y, sobre todo, dos años más tarde con 'Dos hombres y un destino', pero Lola -que era productora ejecutiva- no se quedó atrás, amplió sus estudios académicos y se convirtió en una relevante historiadora que acabó consiguiendo una mención de honor en su doctorado en la Universidad de Nueva York (NYU) por su tesis sobre sufragistas y poligamia.

Foto: La actriz Susan Sarandon en una imagen de archivo. (Gtres)

De hecho, marcó en cierta manera el camino del activismo a su marido con su asociación Consumer Action Now, sobre consumo sostenible, y arraigó a Robert el que acabaría siendo su hogar y casi su marca personal. De la cabaña hecha a mano en dos acres fue ampliando hasta los 2.600 del Sundance Resort, que vendió el año pasado, y allí fundó el Sundance Institute y el Festival de Sundance, germen de la explosión del cine independiente estadounidense de los 90.

Lola y Robert, en cambio, hicieron algo mucho más difícil juntos: superar las múltiples tragedias que han venido con su descendencia. En 1959 nació su primer hijo, Scott, pero murió con apenas dos meses de vida por una muerte súbita. Un año más tarde llegaría la pequeña Shauna, que también estaría marcada por el drama cuando su novio de la universidad de Colorado, Sid Wells, fue asesinado presuntamente por su moroso compañero de piso, en un caso que quedó abierto y lleno de interrogantes hasta hoy.

placeholder Con Jane Fonda, cuando recibieron el León de Oro a toda su carrera en Venecia en 2017. (EFE)
Con Jane Fonda, cuando recibieron el León de Oro a toda su carrera en Venecia en 2017. (EFE)

Su tercer hijo, nacido en 1962, fue James, y con apenas 30 años empezó a sufrir una rara enfermedad hepática llamada colangitis esclerosante primaria que requirió un delicado trasplante. Salvó su vida, se convirtió en un respetado documentalista -precisamente, con un documental sobre donación de órganos titulado 'La bondad de los extraños' (1999) y otro sobre la dislexia de su hijo Dylan-, pero su salud se volvió a torcer, esta vez de manera irreversible, hace dos años, cuando le fue diagnosticado un cáncer en los conductos biliares que acabó con su vida el pasado octubre, con 58 años y dos hijos. Tuvieron una cuarta hija, Amy, en 1970.

“Parte de mí se inclina hacia una naturaleza triste, porque pienso que la vida es triste y la tristeza no es algo que deberíamos evitar o negar. Es un hecho de la vida, como lo son las contradicciones”, explicó de nuevo para The Guardian. No se sabe muy bien si por esto o por cuestión de principios, lo cierto es que Robert Redford ha sido desde siempre una estrella escurridiza: no se le ve en fiestas, sus compañeros rara vez son sus amigos (Paul Newman llegó a decir que, después de 40 años de amistad, sentía que apenas lo conocía) y, si antes solía comunicarse a través de sus películas, ahora ni eso tenemos.

placeholder Con Paul Newman en una fiesta benéfica en 2004. (EFE)
Con Paul Newman en una fiesta benéfica en 2004. (EFE)

Se volvió a casar en 2009, tras varios años de noviazgo, con la artista medioambientalista alemana Sibylle Szaggars, que parece todavía más discreta que él y con la que, en cierta manera, proyecta su viejo sueño de ser pintor bohemio en Europa. Sabemos que no se tomó muy bien que no lo nominaran al Oscar al mejor actor (premio que nunca ganó en esta categoría, sino en la de director) por 'Todo está perdido', en 2013, después de que perdió el 60 % de audición en un oído por las duras condiciones de rodaje en un velero.

Y, por alguna razón que no son problemas económicos (su patrimonio sigue valorado en alrededor de 200 millones de dólares), se sigue deshaciendo de sus más míticas propiedades: en junio puso a la venta por 4.9 millones de dólares otra tierra en Utah, el rancho llamado 'El hombre que susurraba a los caballos' en honor a otra de sus famosas películas. ¿Cómo celebrará su cumpleaños y con quién? Seguramente, nunca lo sabremos. Y, conociendo su historia, más que forzar el morbo, apetece respetar la privacidad de un hombre que dio al mundo una belleza luminosa mientras experimentaba tan intenso dolor.

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