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Una misma historia, muchas portadas: víctima, icono o heroína, qué dice cada país sobre Gisèle Pelicot, según 'Un himno a la vida. Mi historia'
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MERCADO EDITORIAL

Una misma historia, muchas portadas: víctima, icono o heroína, qué dice cada país sobre Gisèle Pelicot, según 'Un himno a la vida. Mi historia'

De Francia a España, el diseño, la tipografía y la estrategia de marketing en las distintas ediciones internacionales revela cómo el mercado editorial construye su figura entre el testimonio íntimo y el símbolo feminista

Foto: 'Un himno a la vida. Mi historia', de Gisèle Pelicot. (Sofía Sisqués)
'Un himno a la vida. Mi historia', de Gisèle Pelicot. (Sofía Sisqués)

La imagen se repite casi idéntica en las librerías de medio mundo: camisa azul clara, manos entrelazadas sobre una mesa blanca y una media sonrisa que no es complaciente sino contenida. Pero basta observar con detenimiento el mosaico de cubiertas internacionales del libro de Gisèle Pelicot para comprobar que no todas cuentan exactamente lo mismo. La fotografía es la misma —salvo en la edición francesa, la primigenia—, pero el relato cambia en función del orden de lectura, el peso tipográfico o la frase que se subraya. Es una misma historia, pero muchas portadas.

El volumen, publicado en España como 'Un himno a la vida. Mi historia' por Lumen, se convierte así en un caso de estudio sobre cómo la industria editorial adapta un testimonio atravesado por la violencia machista al pulso cultural de cada mercado literario. No se trata solo de traducir un título, sino de decidir qué versión simbólica de su protagonista se pone en circulación: ¿víctima, icono o heroína?

Una inmensa mayoría de lectores eligen un libro en función de su portada. "Conocer cómo funciona la industria del libro en cada país es fundamental para que un libro tenga buena acogida. Por eso, las portadas suelen adaptarse a las tendencias y los gustos del comprador", explica Puri Vicente Calderón, especialista en comunicación digital y marketing editorial. Lo que estudian es el recorrido visual del posible cliente. Igual que en un escaparate, adaptan cada elemento -fotografía, nombre, subtítulo, color, tipografía, fajas...- para que conecte con los valores e intereses del que observa.

Cómo se construye un símbolo editorial

En el caso de Pelicot, la portada funciona como "herramienta informativa". La manera en que se la presenta en sociedad añade o resta matices a su construcción social, según la experta. No es lo mismo destacar su nombre en grandes letras blancas que relegarlo para que la imagen tome el protagonismo absoluto. Incluso, como ocurre en la edición catalana, convertir en lema "La vergüenza ha de cambiar de bando" por encima del propio título.

placeholder Algunos ejemplos de las portadas del libro de Gislèle Pelicot. (Diseño VA)
Algunos ejemplos de las portadas del libro de Gislèle Pelicot. (Diseño VA)

La fotografía, repetida en casi todos los países, muestra a una mujer con gesto sereno y vestida con una camisa que aporta formalidad. Esa media sonrisa comunica que el contenido es duro pero esperanzador. "Con todo ello, comunicamos que ella va a contar su historia en primera persona, pero de modo cercano, como si hablara con una amiga", comenta Vicente Calderón. El gris del fondo, el azul de la prenda y el naranja que aparece en algunos subtítulos dialogan con el tono del cabello y generan una paleta coherente de sobriedad con un punto de calidez.

La diferencia más evidente aparece cuando se compara la edición francesa con el resto. En su país de origen, donde Pelicot es una figura ampliamente conocida, "aunque la foto ocupa sólo la mitad de la portada, el texto es aún más pequeño por lo que la atención recae sobre la imagen". La profesional del marketing editorial explica que la fotografía ocupa el centro simbólico cuando no hace falta explicar quién es. Y la autora ya es un rostro reconocible en el debate público.

En otros países, en cambio, el nombre gana tamaño y jerarquía. Cuando la imagen no resulta inmediatamente identificable para el comprador, el reconocimiento se activa por vía textual. Leer "Gisèle Pelicot" funciona como disparador informativo aunque el rostro no lo haga.

placeholder Gisèle Pelicot, en una foto de archivo. (Reuters)
Gisèle Pelicot, en una foto de archivo. (Reuters)

Incluso el color del nombre aporta significado. En la mayoría de las ediciones aparece en blanco, tono asociado a limpieza y sinceridad, comenta Vicente Calderón. En Países Bajos, sin embargo, se opta por el azul, un matiz que en ese contexto cultural puede asociarse a transparencia y pulcritud.

El subtítulo también varía en relevancia. Allí donde su caso no ha tenido tanta repercusión social, se refuerza el componente explicativo o emocional para posicionar el libro. "Un himno a la vida" —o su equivalente en cada idioma— no es una elección casual. Desplaza el foco del suceso traumático hacia la superación, una narrativa de aprendizaje.

De la biografía al feminismo

"Mirando estas cubiertas podemos intuir el posicionamiento de cada sociedad respecto al tema", señala Vicente Calderón. La portada, en ese sentido, actúa como termómetro cultural: "Es importante conocer la sensibilidad social que la historia de Gisèle ha tenido en la sociedad. En cada país su testimonio ha calado de una forma".

En este sentido, la experta asegura que en algunos lugares sus vivencias han provocado movimientos civiles, mientras en otros no ha influido tanto -algunos porque "ni siquiera es relevante la situación en la que viven las mujeres"-. Es así que este clima y los valores de cada pueblo se plasman en las portadas: "Mirándolas podemos saber cómo de avanzada está la sociedad en relación al feminismo y a los derechos de las mujeres".

La edición española

En la edición española, publicada por Lumen, la construcción visual responde a una estrategia muy medida articulada en cinco elementos. La foto, centrada, toma el peso principal mientras el nombre aparece en blanco, grande, pero en segundo plano. "Aquí su rostros ya es reconocible", afirma Vicente Calderón. La tipografía elegida —con serif, elegante y legible a distancia— aporta autoridad sin estridencias.

placeholder Algunas ediciones de 'Un himno a la vida'. (EFE)
Algunas ediciones de 'Un himno a la vida'. (EFE)

Debajo, el título se presenta en negro, generando contraste con el resto de elementos y obligando al lector a completar el recorrido visual. "Contrasta con los demás para obligar al lector a seguir el recorrido visual y quedarse con toda la información", señala la experta. La frase, 'Un himno a la vida', no es inocente: "es positiva, te da un anticipo de lo que te vas a encontrar en sus páginas".

A continuación, 'Mi historia', también en negro y en mayúsculas, refuerza la dimensión autobiográfica. "Te asegura que se trata de una biografía contada en primera persona. Que vaya en el mismo color y en mayúsculas le suma autoridad", añade. Se vende un relato sobre ella escrito desde su voz.

Por último, el logotipo de la editorial no se oculta. "En otras ediciones aparece en otros sitios más discretos", apunta la especialista. Aquí, en cambio, su presencia "reafirma el compromiso de esta editorial por las historias de mujeres y el feminismo". Un detalle que, lejos de ser técnico, forma parte del discurso cultural que envuelve el libro.

Marketing y responsabilidad en testimonios de violencia machista

Todas las portadas pueden se mueven dentro de una categoría que presenta a Pelicot como víctima, símbolo o heroína. Las que buscan presentarla dentro del primer concepto dan peso a las frases en primera persona, como pasa en la edición catalana en cuyo fajín se lee: "La vergüenza tiene que cambiar de bando". Lo importante son sus propias palabras, explica la experta.

Aquellas que la erigen como símbolo hacen hincapié en su foto. "Gisèle como imagen del empoderamiento y del feminismo", afirma. Y los que la posicionan como heroína, van un paso más allá y tratan su narración desde la epicidad. "Es como si dijeran: 'Ha sabido reponerse y ha sacado este aprendizaje que comparte con nosotros en su libro'".

placeholder Gisèle Pelicot, en una foto de archivo. (Reuters)
Gisèle Pelicot, en una foto de archivo. (Reuters)

El equilibrio entre dimensión comercial y responsabilidad ética resulta especialmente delicado en relatos vinculados a violencia contra las mujeres. El momento de publicación, recuerda Vicente Calderón, es determinante. En el caso de Pelicot, el libro llega tras el juicio y un periodo en el que la conciencia social ha podido asimilar los hechos. "Publicarlo antes habría abierto la puerta a sospechas de oportunismo", comenta.

La industria editorial y los medios comparten la responsabilidad de no reducir una obra a su elemento más escabroso. Cuando la promoción se apoya únicamente en el trauma, se corre el riesgo de distorsionar el contenido y generar rechazo. "Somos responsables con la manera de difundir, informar y compartir las historias porque un libro entretiene, pero también ayuda a entender la realidad y a conocer el mundo", recuerda Puri Vicente Calderón. Un volumen y su portada, en ese sentido, no solo vende: orienta la mirada colectiva y puede contribuir a que "la sociedad avance o, por el contrario, se retroceda en derechos básicos".

La imagen se repite casi idéntica en las librerías de medio mundo: camisa azul clara, manos entrelazadas sobre una mesa blanca y una media sonrisa que no es complaciente sino contenida. Pero basta observar con detenimiento el mosaico de cubiertas internacionales del libro de Gisèle Pelicot para comprobar que no todas cuentan exactamente lo mismo. La fotografía es la misma —salvo en la edición francesa, la primigenia—, pero el relato cambia en función del orden de lectura, el peso tipográfico o la frase que se subraya. Es una misma historia, pero muchas portadas.

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