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Los coreorgasmos: la otra forma de alcanzar el clímax sexual... en el gimnasio

Poco o nada tienen de danza, pero sí que esconden una vertiente placentera desconocida hasta ahora. ¿Quieres saber en qué consisten y cómo se llega a ellos? Aquí, las razones

Foto: El clímax gimnástico no es exactamente igual al que se consigue en la cama. (Imagen: Max Rovensky)
El clímax gimnástico no es exactamente igual al que se consigue en la cama. (Imagen: Max Rovensky)

Durante años, había gente que tenía un orgasmo en el gimnasio y callaba. Seguramente por vergüenza, porque pensaban que adolecían de una extraña perversión o porque no querían parecer un poco rarito/a. Pero ahora todos los que encontraron el clímax entre mancuernas ya pueden salir del armario (o del press de banca) y disfrutar de esa habilidad sin remordimientos. Y todo gracias a la doctora Debby Herbenick, que se pasó cinco años estudiando el fenómeno y finalmente publicó el libro 'The Corgasm Workout', en el que cuenta cómo conseguir que el ejercicio sea 'más placentero'. Esta especialista tenía una columna sobre sexo y recibió algunas cartas de personas que le hablaban de este fenómeno. Intentó investigarlo y se dio cuenta de que apenas existía literatura escrita sobre la cuestión. Así que procedió a realizar su propio estudio, que le sirvió para descubrir que un 10% de la población había alcanzado un orgasmo haciendo ejercicio. Su estudio normaliza la cuestión y tal vez aumente las cuotas de suscripción al gimnasio.

Un orgasmo particular

Desde un punto físico, el clímax que se consigue entrenando es similar, pero no exactamente igual al que se logra en la cama. En las mujeres, por ejemplo, es como el cosquilleo que se tiene durante el coito. En los hombres, que pueden llegar a la eyaculación, no conlleva precisamente una erección. Y lo bueno es que viene así, de repente, sin más. No hay un elemento de excitación ni una fantasía que desencadene el placer. Ningún cuerpo de anuncio de yogur que se pasee por el gimnasio interfiere en este orgasmo. Se alcanza sin previo aviso, como un estornudo inesperado de placer.

De hecho, el 10% de la población que experimentaba este súbito placer empezó a experimentarlo en muchos casos cuando era joven y practicaba ejercicio. Y, en ocasiones, tras tener relaciones sexuales pudo comprender lo que le había sucedido. De todos modos, la doctora Herbenick asegura que la calidad de los orgasmos que se tienen en pareja y los que se producen en el gimnasio no tienen nada que ver y ni siquiera influyen los unos en los otros. La especialista encontró casos de personas que no alcanzaban el clímax en el acto sexual y en cambio lo habían tenido en la sala de pesas.

El secreto está en el core

No se sabe exactamente qué músculos intervienen en esta oleada de placer sexual, pero lo que se tiene claro es que están localizados en el core (en inglés, núcleo). Esta parte comprende todo lo que rodea a los abdominales. Imaginemos que nos ponemos un corpiño: lo que cubre sería el core (abdominales, parte baja de la espalda, diafragma, suelo pélvico…). Ejercitar estos músculos puede procurar sorpresas inesperadas, aunque la especialista no ha llegado a distinguir qué músculos y cómo actúan en este proceso.

La agotadora rutina del coreorgasmo

Tras múltiples investigaciones, la doctora Herbenick dio con los ejercicios con los que es más fácil experimentar este placer. Según esta doctora, realizar 20 minutos de ejercicio de cardio y después, sin hacer ninguna pausa, proceder a hacer abdominales es el salvoconducto más habitual para el orgasmo gimnástico. Una de las claves que comprobó en su estudio es que es más fácil alcanzar el clímax cuanto más agotado se esté. En eso se parece al buen sexo convencional: cuando acabas, si todo ha ido bien, estarás agotado/a.

Un punto para los que no están en forma

Cabría imaginar que para deleitarse con esta modalidad de placer sería necesario estar en forma o practicar mucho ejercicio. Y es justamente lo contrario. Se produce por agotamiento, con lo cual las personas que no acostumbran a machacarse habitualmente en el gimnasio tienen más puntos para cansarse antes y por tanto conseguir el placentero premio a sus sudores. En el experimento que llevó a cabo la doctora Herbenick la mayoría de personas alcanzó el clímax en menos de 10 sesiones de ejercicio y casi siempre al final de la rutina.

El deporte es bueno para el sexo

La autora del estudio pide a sus seguidores que no se obsesionen intentando culminar algo más que su rutina de ejercicios. Su trabajo va encaminado a conocer un fenómeno del que no se había hablado y normalizarlo. Y si de paso alguien se lo pasa bien por el camino, mejor que mejor. De todas formas, más allá del premio gordo en forma de orgasmo, el ejercicio tiene otras ventajas para mejorar la vida sexual que no deben olvidarse. Un estudio de la Universidad de Ankara (Turquía), por ejemplo, demostró que las mujeres deportistas tenían un mayor flujo de sangre en la zona genital, lo que mejoraba la calidad de sus orgasmos. Y otro estudio de la Universidad de Harvard (EE.UU.) concluyó que en los varones mayores de 50 años, la práctica continuada de ejercicio aeróbico prevenía en un 30% la disfunción eréctil. Así que ya contamos con razones de peso para que no nos produzca pereza pisar el gimnasio.

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