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¿Qué queda de ella?

Demi Moore: 57 años, adicción al bótox y otros retoques antiedad

En los 90, Demi Moore era una de las actrices más cotizadas pero la presión por mantener la juventud la llevó a una relación demasiada intensa con los retoques estéticos

Foto: Los años no pasan para Demi Moore. (Getty)
Los años no pasan para Demi Moore. (Getty)

Basta con buscar una fotografía de Demi Moore en su más tierna infancia para comprender lo mucho que ha cambiado la actriz. Sufría de estrabismo y siempre la acompañaban unas enormes gafas graduadas, hasta que se operó y con ella no solo cambiaron sus ojos, cambió su forma de ver el mundo.

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“Creo sinceramente que Demi Moore ha sabido desmarcarse de sus contemporáneas a la hora de envejecer con dignidad y sin hacer el ridículo y considero que el truco para verse tan natural a pesar de haberse hecho casi de todo es que nunca se ha tocado la boca, gran decisión, Demi tiene la boca intacta, lo cual delata su edad, pero le da un plus de naturalidad que muchas deberían aprender”. Así de rotundo es el doctor Leo Cerrud, experto en medicina estética, que nos ha ayudado a desmenuzar rasgo a rasgo dónde se ha retocado y cómo lo ha hecho para llegar a los 57 con un aspecto tan juvenil.

'Wisdom', Demi Moore, 1986.
'Wisdom', Demi Moore, 1986.

Pero antes del análisis, el doctor nos describe la fisionomía del rostro de la actriz en sus inicios: cara generosa, boca pequeña, “cuando la boca no era importante”, apunta Cerrud, ojos de un tamaño y forma normales y cejas pobladas.

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El doctor señala los 90 como la época en la que el cuerpo y el rostro de Demi Moore comenzaron a cambiar. Primero, por exigencias de guion, se operó el pecho para poder ser la exuberante protagonista de 'Striptease' y casi a continuación se musculó como nunca antes una actriz lo había hecho para meterse en la piel de ‘La teniente O’Neill’. “Tuvo que transformarse físicamente a conciencia consiguiendo un cuerpo escultural a golpe de mancuerna, hambre, sudor, lágrimas y lo que hiciera falta”, señala Cerrud. Fue entonces cuando su rostro comenzó a verse más afilado, “una cara delgada y absolutamente 'fat free' que nos enseñó a todos que el ángulo mandibular no es solo potestad masculina, sino que también enmarca y embellece el rostro femenino”. El doctor se refiere a la mandíbula más marcada y definida que ya no abandonó el rostro de Demi.

Demi Moore en 'Ghost' en 1990, frente a Demi en 2020. (Getty)
Demi Moore en 'Ghost' en 1990, frente a Demi en 2020. (Getty)

En esta época es en la que Leo Cerrud comienza a ver el cambio no natural sino ayudado por la medicina estética. “Comienza su fructífera relación con la medicina estética que la convirtió en reina del 'antiaging' y le permitió enfrentarse cara a cara y cuerpo a cuerpo (en 'Los ángeles de Charlie') con actrices a las que les doblaba la edad, pero además consiguió robarles el show por completo”, afirma Cerrud.

A inicios de los 2000 se dieron dos importantes cambios en la vida de Demi Moore. Primero fue su separación de Bruce Willis y después su relación con Ashton Kutcher. Durante toda la década de 2000, Demi presumió de un look muy juvenil y sexy. “Delgadez trabajada y cero arrugas gracias a una buena genética, no lo dudo, pero además gracias a incontables incursiones y contactos con la medicina estética. Contactos, además, que ella misma ha confesado”, incide Leo Cerrud.

Demi Moore, junto a Cameron Diaz en un fotograma de 'Los ángeles de Charlie 2'.
Demi Moore, junto a Cameron Diaz en un fotograma de 'Los ángeles de Charlie 2'.

Apuntemos a las zonas críticas

El primer rasgo determinante según el experto es la forma del rostro, antes redondeada y luego mucho más definida. “Claramente el punto de inflexión cuando pierde la baby fat facial y empieza con los rellenos sobre todo en mejillas, pómulos y probablemente en el ángulo mandibular”, apunta. El llamado ‘baby fat’ es ese volumen redondeado que tiene el rostro durante la juventud y que se va afilando con los años pero que, bajo criterio médico, ha sido ligeramente ayudado con rellenos. “El óvalo facial tan sumamente perfecto en una paciente de esa edad nos hace sospechar que probablemente también haya pasado por el bisturí, quizás un minilifting de tercio inferior. Nunca lo sabremos”, señala divertido el doctor.

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Pero ahí no queda la cosa. “Al mismo tiempo que la cara se va afinando, los pómulos y mejillas se van voluminizando lo cual va en contra de las leyes de la naturaleza y de la fuerza de gravedad”, dictamina Cerrud para darle respuesta a la increíble turgencia y falta de descolgamiento en el rostro de la actriz. Sus pómulos continúan altos, incluso con más volumen que durante su juventud.

Demi Moore en 1991, 1996 y 2014. (Cordon Press/Getty)
Demi Moore en 1991, 1996 y 2014. (Cordon Press/Getty)

Inmediatamente después de analizar sus firmes pómulos, el doctor nos llama la atención sobre otro rasgo inalterable en la cara de Demi Moore, sus ojos. A sus 57 años, el contorno de su mirada debería tener algún pliegue, pero no hay ni rastro. “Frente, patas de gallo y entrecejo están perfectamente detenidos en el tiempo gracias a la toxina botulínica”. El bótox es el aliado de esa piel tersa al actuar paralizando las mencionadas áreas.

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A la firmeza y total inexistencia de arrugas en el rostro de Demi se le suma su espectacular tono uniforme, sin manchas y perfectamente hidratado, para lo que el doctor, de nuevo, tiene una posible explicación. “Que con casi 60 años tenga esa piel tan luminosa y tan firme me hace pensar en tratamientos biorrevitalizadores de todo tipo, vitaminas, estimuladores de colágeno, hilos tensores, con todo tipo de aparatologías, RF, ultrasonidos, HIFU”. Vamos, un completo cóctel de aliados de la medicina estética.

Demi Moore, en la gala MET de 2019. (EFE)
Demi Moore, en la gala MET de 2019. (EFE)


Demi, ahora ya no tienes secretos para Vanitatis.

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