El verano se acaba, pero eso no significa que tengas que despedirte de tu bronceado de inmediato. Mantener ese tono dorado que tanto cuesta conseguir en vacaciones es posible si se siguen algunos hábitos sencillos y se evita caer en los errores más comunes del cuidado de la piel. Dermatólogos y expertos en belleza coinciden: la clave está en hidratar, proteger y nutrir la piel desde dentro y desde fuera.
El primer paso es la hidratación diaria. Después de la exposición solar, la piel tiende a resecarse y descamarse, lo que acelera la pérdida del color. Usar lociones corporales ricas en aloe vera, manteca de karité o aceites naturales ayuda a mantener la elasticidad y a prolongar el tono bronceado.
El exfoliante semanal también juega un papel fundamental. Aunque pueda parecer contradictorio, retirar las células muertas de la superficie ayuda a que la piel luzca más uniforme y el bronceado se vea más intenso. Eso sí, lo recomendable es optar por exfoliantes suaves que no agredan la dermis.
Abusar de las horas de exposición al sol para lograr un bronceado notable, aumenta las probabilidades de que la piel se queme. (Usplash)
Por último, no hay que olvidar la protección solar incluso después del verano. Aunque los días sean más cortos y el sol menos intenso, los rayos UV siguen incidiendo sobre la piel. Usar un protector de amplio espectro no solo previene manchas y envejecimiento, sino que también evita que el bronceado se degrade de manera irregular.
El verano se acaba, pero eso no significa que tengas que despedirte de tu bronceado de inmediato. Mantener ese tono dorado que tanto cuesta conseguir en vacaciones es posible si se siguen algunos hábitos sencillos y se evita caer en los errores más comunes del cuidado de la piel. Dermatólogos y expertos en belleza coinciden: la clave está en hidratar, proteger y nutrir la piel desde dentro y desde fuera.